Reseñas
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La dictadura del capital financiero

 

 

 

Víctor Miguel Castillo[*]

 

 
 


Luego de la lectura de La dictadura del capital financiero[1] cualquier lector puede sentirse interpelado sobre el carácter monolítico con el de las dictaduras en América Latina. Tuvieron que reunirse un historiador, Bruno Nápoli, una antropóloga, Celeste Perosino, y un sociólogo, Walter Bosisio, por encargo de la Comisión Nacional de Valores, presidida en ese entonces por Alejandro Vanoli, para rediscutir en la Oficina de Derechos Humanos, el carácter unidireccional de la dictadura durante los años 1976 y 1983 en Argentina.

Rediscutirlo no desde la especulación estrictamente académica, sino desde la contundencia que otorgan la revelación de archivos, actas, resoluciones y documentos desclasificados referidos a los delitos económicos ocurridos en el período señalado. La dictadura del capital financiero…, como sugiere, es la publicación de una serie de procedimientos extorsivos, “legales”, que los militares, en complicidad y subordinación a grupos concentrados corporativos, aplicaron sobre la sociedad argentina, con el propósito de marcar los comienzos de un cambio en la estructura financiera y definir el rumbo económico que dicho país arrastra hasta nuestros días (el endeudamiento público, por ejemplo, como una de sus consecuencias negativas).

El aporte del libro a la resignificación de la dictadura que sufrió Argentina es vital para la comprensión de procesos similares en el resto de países de la región que pasaron por este paréntesis trágico. ¿Cuánta participación tuvieron los civiles en la consecución de objetivos delictivos trazados por la Junta Militar? ¿Fue cualquier civil cómplice de las atrocidades ejecutadas por la dictadura? ¿Qué responsabilidad tuvieron las corporaciones en la resolución de estas acciones?

Un intento de respuesta a estas interrogantes se reflejó en un informe preliminar publicado por la misma Comisión Nacional de Valores en 2013, titulado Economía, Política y Sistema Financiero. La última dictadura cívica-militar en la CNV, con grandes repercusiones judiciales, pero sobre todo abriendo un flanco que posteriormente el libro iba a terminar de evidenciar: la responsabilidad directriz y la participación activa de las corporaciones financieras.

Es pertinente, a partir del caso argentino, seguir pensando estos pasajes represivo/militares en la región, puesto que el significante “dictadura” puede vaciarse de contenido y caer en riesgo de ambigüedad expresiva. Incluso los mismos autores en un pasaje del libro van más allá de la (re)definición anterior y se refieren al periodo como de “militar corporativo concentrado”, en vista que fueron las cúpulas de las corporaciones, en su mayoría empresarias, nacionales y extranjeras (dejando de lado la corporación sindical, por ejemplo) junto a la élite eclesiástica las que operaron activamente como coprotagonistas del periodo estudiado en Argentina.

Prologado por el mismo Vanoli, el libro se estructura en cinco secciones. La primera muestra el “marco de análisis” y las herramientas metodológicas de los investigadores, así como la “impronta legalista” del Gobierno militar y la creación de lo que los autores califican como “normalidad fraguada”, esto es: prescindir de la fuerza como canal de acción y ensamblar una justificación legal para los actos delictivos de la Junta Militar; legitimar acciones que hasta antes de 1976 no figuraban en la ley, “normalizar” lo ilegítimo a través de lo legal. Ejemplos de esta movida son la Ley de Subversión económica (que pretendía ampliar la tipificación de delitos económicos pero fue aplicada no sobre todo el conjunto sino sólo sobre algunos sectores en beneficio de otros) y la “Ley de Entidades Financieras” (que originó el enriquecimiento de particulares a través de la fusión de entidades financieras transformadas en bancos, beneficiados con la concentración del capital). La primera ley citada fue derogada una vez retomada la democracia, pero los artículos vinculados a lo económico estuvieron en vigencia hasta el 2002. La segunda ley rige hasta hoy.


En la segunda sección se da cuenta de la estructura de la Comisión Nacional de Valores, los cambios que tuvo durante el golpe militar y sus continuidades en democracia; también se analizan las decisiones políticas y económicas realizadas por otras instituciones del sistema financiero local, a saber: el Banco Central y el Banco de la Nación (que posibilitaron el desarrollo de operaciones de créditos, por diseño de José Alfredo Martínez de Hoz, con múltiples entidades de capital nacional y extranjero, consolidando esquemas de especulación sin precedentes en Argentina) y en paralelo la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (que tuvo un rol importante en la articulación del poder de facto para diseñar su lucha represiva y de secuestros a corredores de bolsa).

En la tercera sección se presentan algunos casos significativos de acciones conjuntas entre los organismos antes mencionados y los militares, como el rol que jugó la “policía bancaria” ampliando la red de secuestros a empresarios, financistas y cambistas con el propósito de desapoderarlos de sus bienes. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Federico Gutheim, dueño de la empresa SADECO, del rubro de exportación de fibra de algodón, quien fue obligado a realizar operaciones comerciales con una empresa en Hong Kong. En la cuarta sección se revisa el recorrido que realizaron las empresas Austral Líneas Aéreas, Acindar S.A., entre otras importantes cotizantes en la Bolsa de dicho período. La última sección analiza la ruta del dinero robado desde la ESMA y transformado en empresas o financieras.


El libro es la construcción de una genealogía de lo que hoy se puede denominar “puertas giratorias”; es decir, el vínculo estrecho existente entre el sector corporativo-privado y las esferas estatales. Esta genealogía también permite reconfigurar el periodo de gestación del andamiaje económico que hoy sostiene Argentina. Es indispensable saber leer la historia más allá de los años 76-83, no con la intención de buscar un hito fundante o un acontecimiento que determine el devenir necesario de un país, sino con la plasticidad de reconocer que los quiebres históricos tienen una causalidad múltiple que no ocurrirían sin la suma previa de varias condiciones de producción. No por nada el libro nos advierte, desde la interdisciplinariedad de sus autores, de un tipo de dictadura financiera que no nos ha abandonado y que en la actualidad regula nuestros modos de vida y disciplina nuestras subjetividades. El otrora sujeto de derecho ahora convertido en sujeto de crédito. Ya decía Margaret Thatcher que “la economía es el método, la finalidad es cambiar el corazón y el alma”.

Finalmente, es importante resaltar la voluntad política del anterior Gobierno argentino (2011-2015) para dejar que el Estado se investigue a sí mismo. La Oficina de Derechos Humanos de la Comisión Nacional de Valores primera y única en un organismo financiero en el mundo es un ejemplo a replicar por Comisiones de similar rubro en nuestro continente.


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[*] Maestrando en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima (Perú).
[1] Bruno Nápoli, M. Celeste Perosino y Walter Bosisio. La dictadura del capital financiero –el golpe corporativo militar y la trama bursátil. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Continente, 2014. 336 págs.

 
     

 

 

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