Reseñas
___________________________________

Ceguera moral

 

 

 

Jorge Millones[*]

 

 
 


El sociólogo anglo-polaco Zygmunt Bauman añade a su amplia caracterización de la sociedad global contemporánea un nuevo rasgo: la “ceguera moral” o entumecimiento de la sensibilidad moral frente a los demás[1]. Para entenderlo, propone el interesante concepto de adiáfora, que en griego significa indiferente y que señala el desplazamiento (mental y sociocultural) de los individuos a un campo en el que están libres de cualquier consideración ética o presión moral, generando que se quiebren los mecanismos sociales por los cuales nos duele el dolor ajeno. Inmunes a cualquier empatía, corre peligro la idea misma de comunidad de pares y de
sociedad, sumiéndonos en un estado permanentemente indoloro, entumecido.

Con este concepto se pueden entender mejor fenómenos como la corrupción, la deslealtad, el sicariato, la espectacular y obscena crueldad del crimen, la devaluación de la vida humana y una serie de factores que Axel Honet fácilmente los explicaría como patologías sociales en la Sociedad del Desprecio.

Marshall Berman nos había alertado sobre la crisis de la modernidad utilizando la figura del desvanecimiento de lo sólido en el aire. Bauman radicaliza esa idea y desde hace 20 años nos viene diciendo que las instituciones más sólidas del proyecto moderno como la Identidad, el Sujeto, el Estado, la Nación, la Legalidad, el Trabajo, el Mercado, la Política, entre otras, se han licuado y que los individuos y las sociedades fluimos inermes, precarios, anónimos y fugaces en la Modernidad Líquida. Incapaces de establecer vínculos duraderos (“Amor Líquido”) afirma que la afectividad se ha desanclado y también fluye sin rumbo en una sociedad de consumo exacerbado; usamos y descartamos personas todo el tiempo, la confianza es un valor del pasado y la lógica del cálculo individualista ha ocupado su lugar.

Estos cambios dramáticos no solo impiden que podamos forjar proyectos colectivos de largo plazo, sino que vivamos presas del Miedo Líquido, cuya gestión nos acerca cada vez a un panóptico global. Y en estas condiciones no sorprende que nos enfrentemos a una pérdida de sensibilidad colectiva sin precedentes. El desmoronamiento de la moral moderna y la pérdida de la sensibilidad política –como concluye bien Donskis al final del libro se expresan en la aceptación y naturalización de la traición y la deslealtad produciendo ceguera moral, una condición social y cultural en la que los individuos son incapaces de saber cuáles eran y dónde estaban los límites éticos y morales del proyecto moderno. Límites sobre los que alguna vez reflexionaran Maquiavelo o Weber, y que hoy han sido largamente transgredidos.

La pérdida de la sensibilidad moral tiene que ver con la aceptación sumisa de las nuevas reglas de juego que ha impuesto la modernidad líquida. Si en su momento Peter Slöterdijk señaló el despliegue de una racionalidad cínica en el mundo, Bauman (acicateado por Donskis) corrobora que esa racionalidad se ha vuelto sentido común.

Para Bauman el mal no se limita a la guerra o a las circunstancias en las que las personas actúan bajo presión extrema, sino también acecha la vida cotidiana de las personas, incentivadas por las trivialidades y banalidades del mundo moderno. Este rastreo contemporáneo que hace Bauman del mal en la modernidad líquida conecta muy bien con las reflexiones de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal.

El libro está escrito a manera de diálogo entre los dos autores con un estilo ligero pero profundo, compuesto de una introducción y cinco capítulos. En la introducción plantean las formas elusivas del mal en nuestro tiempo, normalización-banalización del mal y la adiaforización como un proceso en el que el consumo exacerbado dicta los nuevos valores. El primer capítulo desarrolla la normalización de esos disvalores; el segundo trata el sensible aspecto de la ausencia de sensibilidad moral en la política; el tercero pasa revista del movimiento pendular en la que está atorada la modernidad líquida, entre el miedo y la indiferencia, con el mismo resultado siempre: la pérdida de la sensibilidad moral. El cuarto capítulo analiza la gestión del miedo y la obsolescencia de los enfoques éticos modernos para explicar las nuevas condiciones de la ceguera moral.

El capítulo final, toma como pivote la obra de Michel Houllebecq para presentar la distopía o agotamiento civilizatorio del Occidente moderno, cuyo impacto ha deslegitimado la verdad, la razón y la virtud frente al poder y la fuerza como argumentos finales. Nos enfrentamos al más puro y cínico pragmatismo instrumentalista: “Cuando la fidelidad deja de estar en el centro de nuestra personalidad y ya no es una fuerza que integra la identidad del ser humano, entonces la traición pasa ser una norma… al parecer la traición se ha convertido en virtud y en norma de la política contemporánea, efímera y situacional… y sus compromisos, mudables”.

En este sombrío panorama los autores apelan al espíritu de creatividad como base para reconstruir el amor, la amistad y la lealtad, sin las cuales nada bueno hubiera sido posible en la historia humana.


______________________________

[*] Cantautor y filósofo.
[1] Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. Barcelona: Editorial Paidós, 2015, 269 páginas.

 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo