Pensamiento crítico
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Expulsados:
La humanidad en la profundización
de la crisis del capitalismo[1]

 

 

 

Saskia Sassen[*]

 

 

 
 


A medida que la Guerra Fría concluía, una nueva lucha emergió. Tras un periodo de diversas versiones de liderazgo keynesiano de redistribución relativa en las economías de mercado, Estados Unidos se convirtió en el actor central de una reorganización radical del capitalismo. La clave de esta reorganización fue la expulsión de las personas, los lugares y las economías tradicionales[2] Si bien esta es una condición socioeconómica, también es un elemento invisible de la actual crisis política que vivimos. Medir el crecimiento económico para comprender si las políticas del Gobierno están resultando, o medir la participación política en términos de votación, implica dejar fuera de toda medición a una parte de nuestra economía política cada vez mayor, en términos de gente, de tipos específicos de empresas y de circuitos económicos, y de espacios[3]. El periodo keynesiano, caracterizado por la producción en masa y la construcción masiva del espacio suburbano, trajo consigo una lógica económica que valoraba a las personas como trabajadores y consumidores, aunque no necesariamente como seres humanos. Pero la lógica que orienta la actual fase del capitalismo avanzado ya no valora a las personas como trabajadores o como consumidores (en masa). Por el contrario, en las dos últimas décadas hay un fuerte incremento de personas que han sido “expulsadas” de la economía en buena parte del mundo. La expansión activa de una clase media en el periodo anterior, es decir, el
predominantemente keynesiano, ha sido sustituido por el empobrecimiento y la contracción de la clase media.

Esto se manifiesta de forma extrema en determinados países, sobre todo en los Estados Unidos y en varios países africanos que alguna vez tuvieron fuertes economías de manufactureras, pero ahora se han convertido principalmente en economías extractivas. Son las economías manufactureras y de construcción de China y, en menor medida, la de India las que están generando activamente la expansión de las clases medias. No obstante, persiste la duda sobre la posibilidad de que las lógicas de expulsión que estoy examinando en este ensayo también puedan reproducirse en esos países, no como resultado de un proceso de evolución que repetirá la trayectoria de occidente, pero sí debido a una lógica económica mundial más grande, que surgió en la década de 1980, y que podría envolver también a países como China e India. En otros términos: las lógicas de expulsión no solo se replicarán en la trayectoria de economías fuertes como la de Japón, Corea del Sur y Taiwán, con una amplia distribución de beneficios económicos y sociales; sino que las lógicas de expulsión que marcan el periodo posterior a 1980 también contrarrestarán dichos potenciales crecimientos distributivos.

Ahora bien, yo uso el término expulsados para describir una diversidad de condiciones sociales que incluyen un número creciente de pobres ignorados, de desplazados en los países pobres que son almacenados en los campos legales e informales de refugiados, de las poblaciones minimizadas y perseguidas en los países ricos hasta almacenarlos en las cárceles, de los trabajadores cuyos cuerpos son destruidos en el trabajo y desechados a una edad demasiado temprana, de “población excedente” cuyos cuerpos son almacenados en ghettos y barrios pobres. Mi argumento es que esta expulsión masiva señala una transformación sistémica profunda, documentado de forma fragmentada en múltiples estudios especializados, pero no contada como la dinámica global que nos está llevando a una nueva fase del capitalismo global, que también ha generado una forma emergente de política, caracterizada por el uso de la calle para protestar[4].

Hoy, después de veinte años de una particular forma de capitalismo avanzado, confrontamos un escenario humano y económico marcado por una dinámica dual. Por un lado, un reacondicionamiento y naturalización de los acontecimientos en dirección a una creciente prosperidad, complejidad organizativa y tecnológica en la configuración espacial de las ciudades globales[5] en el Norte y el Sur. Por otro lado, una mezcla de condiciones a menudo codificada con el término aparentemente neutral de “una creciente población excedente”. Una condición subyacente y central de este “excedente” es la creciente extensión de territorio que está siendo devastado por la pobreza y la enfermedad, por diversos tipos de conflictos armados, y por Gobiernos disfuncionales por la corrupción aguda y un régimen de deuda internacional paralizante, que conduce a las personas hacia una incapacidad extrema para la satisfacción de necesidades básicas. A esto hay que añadir el fuerte aumento de la adquisición de tierras por parte de empresas extranjeras y organismos gubernamentales extranjeros, quienes están creando desplazamientos masivos adicionales, desplazando pueblos enteros y a pequeños agricultores.

Aquí me ocuparé de la segunda dinámica emergente. Una condición en sentido contrario a la caracterización habitual de nuestra modernidad como un proceso de irresistible crecimiento progresivo de la complejidad organizativa y tecnológica. En grandes extensiones de nuestro mundo moderno, vemos los cambios de lo complejo a lo elemental: desde la compleja delimitación del territorio que es la doctrina de la “soberanía del territorio nacional”, hasta la conversión del territorio en los Estados-Nación débiles como una mercancía a ser vendida en el mercado mundial. Y, desde la complejidad de las personas como ciudadanos, hasta las personas como excedentes, almacenados, desplazados, víctimas de la trata, reducidos a cuerpos trabajadores, que luego son reducidos de cuerpos trabajadores a simplemente órganos[6].

Ampliando el espacio operativo del capitalismo avanzado
La expansión geográfica y la profundización sistémica de las relaciones capitalistas de producción en los últimos veinte años han dado lugar a una clasificación brutal entre ganadores y perdedores. El desarrollo del capitalismo ha sido desde sus orígenes marcado por la violencia, la destrucción y la apropiación, así como por la emergencia de un Estado regulador, una victoria para la lucha de las clases trabajadoras, y por la expansión de la clase media. En este escenario, la prioridad fue la destrucción de las economías precapitalistas a través de su incorporación en las relaciones capitalistas de producción. Sin embargo, en el periodo posterior a 1980, otra variante de la apropiación se hace visible: la incorporación de los capitalismos tradicionales para promover la profundización del capitalismo avanzado. Uso el término avanzado para determinar una fase dominada por una lógica financiera, quedando implícita la existencia de diversas fases del desarrollo capitalista; y, por tanto, la posibilidad de que en la fase global actual la ampliación de las relaciones capitalistas posean sus propios mecanismos diferenciables y distinguibles de las viejas fases nacionales e imperiales.

Ahora bien, en otro texto[7] desarrollé una teoría del cambio que tiene como núcleo dinámico el hecho de que la condición X o la capacidad Y pueden cambiar las lógicas de organización y, de ese modo, cambiar de equivalencia, aunque pueda parecer lo mismo. Así, por ejemplo, la expulsión masiva de personas aludida brevemente líneas arriba no es simplemente más de lo mismo, más pobres, más desplazados, más movilidad descendente; por el contrario, puede ser parte de una nueva lógica organizacional que altera lo equivalente y el carácter sistémico de la pobreza y la movilidad descendente. Por tanto, me parece que la lógica organizadora de este periodo poskeynesiano está adquiriendo su forma legible en este momento. Uno de los componentes extremos de esta lógica es la radical divergencia con el anterior sistema de “valoración” de las personas como trabajadores y consumidores. Para decirlo de manera enfática: el periodo poskeynesiano se caracterizó por la expulsión de las personas y la destrucción de los capitalismos tradicionales con el objetivo de alimentar las necesidades de las altas finanzas y la producción capitalista global. Por ejemplo, lo que anteriormente era asumido como una lógica tradicional o familiar de la extracción de los
recursos para satisfacer las necesidades comunitarias también podría representar hoy una nueva forma de preparar el terreno para la profundización sistémica del capitalismo avanzado.

Uno de estos casos es el proyecto de ajuste estructural implementado por las instituciones reguladoras globales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio, con un tímido inicio en la década del ochenta hasta alcanzar su mayor fuerza e influencia en la década siguiente. Más allá de la cantidad de miles de millones de dólares arrebatados a los países del Sur global en forma de pago de deuda, ocurrió un acondicionamiento sistémico del capital. Mi argumento es que el pago de la deuda fue un instrumento para alinear a estos países en la órbita del capitalismo avanzado. El segundo caso es la crisis de las hipotecas de alto riesgo que comenzó en el año 2000 y explotó en 2007, con trece millones de avisos de ejecuciones hipotecarias y nueve millones de familias desalojadas. La mayor atención ha estado, y con razón, en las pérdidas masivas de las personas y familias que adquirieron esas hipotecas, pérdidas que continuaron durante 2014. Mi argumento es, nuevamente, que más allá de la lógica de extracción en forma de pagos de la hipoteca y los honorarios de los agentes hipotecarios, aquí podemos detectar una dinámica emergente más profunda: el uso de un contrato sobre un activo material (la hipoteca) como un elemento para la fabricación de un complejo instrumento de inversión de las altas finanzas.

Lo central de mi análisis es que en el interior del propio capitalismo podemos caracterizar al capitalismo de avanzada, en relación con el capitalismo tradicional, como una dinámica depredadora, en lugar de limitarnos a la evolución, desarrollo o progreso del capitalismo tradicional[8]. En su forma más extrema, esto puede significar la miseria y la exclusión de un número creciente de personas que pierden toda valoración como trabajadores y consumidores. Pero aquello también significa que la pequeña burguesía tradicional y la burguesía nacional tradicional pierden valor. En mi opinión, esta pérdida de valor es parte del proceso de profundización sistémica de las relaciones capitalistas. Una forma cruda de expresarlo es la siguiente: ahora importan más los recursos naturales de gran parte de África y América Latina que los habitantes de esas tierras como consumidores y trabajadores. Esto último también es parte de la profundización sistémica de las relaciones capitalistas de producción avanzadas. Hemos dejado atrás las variables del modelo keynesiano que prosperaron durante la expansión acelerada del trabajo y las clases medias, con la excepción de las actuales economías emergentes, sobre todo las de Asia, donde la valoración keynesiana de las personas como trabajadores y consumidores masivos fue fundamental para la profundización del capitalismo.

La expulsión de personas y la incorporación de territorio
A pesar de las enormes diferencias, yo diría que las expulsiones que señalaré brevemente a continuación son equivalentes sistémicos, y representan unas cuantas expulsiones de una gama más amplia de equivalentes. Simultáneamente, existe una reacción potencial y mundial considerable desde algunos de estos expulsados. Un caso de expulsión es, por ejemplo, la innovación financiera que destruyó millones de hogares en los Estados Unidos, devastando a su vez barrios enteros. Asimismo, países como Hungría, España y Letonia están experimentando fuertes aumentos en las ejecuciones de hipotecas en los últimos años. Es también el caso del régimen de la deuda impuesto a los países del Sur global para que prioricen el pago de la deuda sobre todos los otros gastos del Estado; la situación de Grecia y otros países del Norte global ejemplifican bien esta situación.

Estos casos pueden apreciarse como parte de un proceso más intenso de profundización financiera, una dinámica central en la característica de las economías capitalistas avanzadas. La profundización financiera requiere de mecanismos específicos, que pueden ser extremadamente complejos, como en el caso del tipo de hipotecas de alto riesgo examinado aquí, o pueden ser bastante elementales, como en el régimen de pago de la deuda que despegó en la década de 1990 en el Sur global, ahora extendido hacia los países del Norte global[9].

Una forma de pensar la profundización sistémica es cómo la ampliación del espacio operacional del capitalismo avanzado, el cual expulsa a las personas, tanto en el Sur global como en el Norte global, incluso mientras incorpora espacios a su lógica de acumulación. Las economías devastadas del Sur global, sometida durante toda una o dos décadas al pago de la deuda, ahora están incorporadas a los circuitos del capitalismo avanzado a través de la adquisición acelerada de millones de hectáreas de tierra por parte de inversores extranjeros para el cultivo de alimentos y la extracción del agua y minerales, todo
financiado por los países con capital de inversión.

Esto también es válido para una instancia radicalmente distinta como la crisis de las hipotecas de alto riesgo, que afectan en gran medida la dinámica del Norte global. Veo la hipoteca de alto riesgo como una extensión del dominio de las altas finanzas, pero de una forma desvinculada del circuito financiero, de la entidad material real que es la casa, y, por tanto, del barrio, y de las personas con hipotecas. Todas estas materialidades están excluidas de este tipo de articulación con un alto componente financiero; es decir, los vecindarios devastados son expulsados, estrictamente hablando, también de los circuitos tradicionales del capital. Es similar al acto de adquirir solo los cuernos de los rinocerontes, y tirar el resto del animal, despreciando el resto del animal, sin importar sus múltiples utilidades; o utilizar el cuerpo humano para cosechar algunos órganos, desechando los demás órganos, o, peor aún, desechando al ser humano completo. Pero a diferencia de los reajustes que aún vemos en grandes extensiones del Sur global, no queda claro cómo estos espacios urbanos devastados en el Norte global serán incorporados a los circuitos del capitalismo avanzado.

Estas señales de cambio sistémico que incrementa el contingente de población desplazada, conducida a la pobreza, abandonada a morir por enfermedades con cura, son parte de la nueva etapa del capitalismo avanzado. Las principales características de la acumulación primitiva están trabajando en sintonía con la elaboración de estos incrementos. Pero para aproximarnos al papel de la acumulación primitiva en el actual capitalismo avanzado, dominado por las altas finanzas, tenemos que ir más allá de las lógicas de extracción. Necesitamos reconocer la existencia de datos sobre una transformación sistémica. Uno de los cambios en las prácticas y proyectos de estos sistemas es la expulsión de las personas: importa poco el crecimiento numérico de trabajadores y consumidores como ocurrió en gran parte del siglo XX, lo que ayudó a explicar el patrón que Robinson[10] describe como el surgimiento de los Estados de control social en todo el mundo.


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[1] Originalmente publicado en: American Sociological Association, Volume 19, Number 2. 2013. Ojo Zurdo agradece a la autora por autorizar la publicación y por la aprobación de la traducción. Traducción: Yuri M. Gómez Cervantes.
[*] Socióloga y escritora neerlandesa. Obtuvo el 2013 el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
[2] Sassen, Saskia. Expulsiones. Buenos Aires/Madrid: Katz, 2015.
[3] Por ejemplo, en el caso de la economía, la medición estándar del crecimiento económico a través del PBI per cápita funcionó excelente después de la Segunda Guerra Mundial hasta el decenio de 1980. En ese periodo, el crecimiento económico significó el próspero crecimiento de una clase media y una clase trabajadora, que representó alrededor del 70% - 80% de los trabajadores. Por tanto, el crecimiento era ampliamente distribuido. Lo que tenemos hoy, en cambio, es un 20% en el nivel más alto de la sociedad que obtienen una parte desproporcionadamente grande de los beneficios del crecimiento y un 80% que recibe mucho menos de lo que recibió antes. En consecuencia, el PBI per cápita está midiendo la distribución de un grupo minoritario, dejando a la mayoría fuera de sus resultados.
[4] Véase Saskia Sassen,“The Global Street: Making the Political”. Globalizations 8 (5). 2001.
[5] Sobre la definición de ciudad global, véase Saskia Sassen, La ciudad global: Nueva York, Londres, Tokio. Buenos Aires: Eudeba. 1999. (N.T.)
[6] En otra parte examino un componente crítico de estos cambios: cuánto de la fuerte subida de los sistemas e instrumentos complejos acaba produciendo violencia exacerbadas sobre las personas. (Sassen 2015. Ibíd.) dejando a la mayoría fuera de sus resultados.
[7] Saskia Sassen, Territory, Authority, Rights: From Medieval to Global Assemblages. Princeton: Princeton University Press, 2008.
[8] En otra parte examino en qué medida el análisis de la acumulación primitiva de Marx sobre la relación entre el capitalismo y las economías precapitalistas podría iluminar esta relación entre lo tradicional y los nuevos tipos de capitalismo avanzado. Ver Saskia Sassen, “A Savage Sorting of Winners and Losers: Contemporary Versions of Primitive Accumulation”. Globalizations 7(1-2). 2010.
[9] Al respecto, véase Leo Panith, “Crisis of What?”. Journal of World-Systems Research. 19 (2). 2013.
[10] William Robinson, “Policing the Global Crisis”. Journal of World-Systems Research .19 (2). 2013.

 
     

 

 

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