Escena internacional
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La responzabilidad del ‘sí se puede’

 

 

 

Laura Arroyo[*]

 

 

 
 


PODEMOS, el fenómeno político español que le ha cambiado el rostro a la política española, y Europea en general, ha sido motivo de diversos análisis y reflexiones. En mi caso, escribir sobre PODEMOS supone un doble reto: por un lado, la dificultad de encontrar un ángulo novedoso sobre la formación morada y, por otro, la complejidad de analizar con un poco de distancia un proyecto del que soy parte. Este es el intento por narrar y analizar con objetividad aquello sobre lo que no soy objetiva: el proyecto que defiendo, en el que trabajo y milito, pero, sobre todo, con el que me identifico.

CRÓNICA DEL ‘FIN DE CICLO’
Fecha: 26 de junio 2016. Hora: 21:30
Lugar: Teatro Goya – Madrid.

“Esto es irreversible. Las cifras son claras”, comentamos los compañeros de la Unidad de Análisis que seguíamos los resultados. Del otro lado del salón, pared de por medio, estaban congregados más de 400 simpatizantes, invitados y amigos haciendo lo propio y, con ellos, también los periodistas. Todos a la espera de las valoraciones que hicieran los líderes de la agrupación. A pocos metros, la Ejecutiva de PODEMOS se reunía para realizar las valoraciones sobre los datos del conteo rápido que alcanzaba ya el 40%. Esa noche, todos teníamos la misma cara de desconcierto. No era lo que esperábamos ni lo que lo que supusimos en el peor de los escenarios. Absolutamente todos estábamos descolocados.

Minutos más tarde Íñigo Errejón anunciaba frente a los medios que los resultados no eran los esperados y que nos sentíamos decepcionados, pero que esperaríamos al conteo final. Pablo Iglesias hablaba una hora después, ya con la claridad de más del 90% del conteo, a confirmar que no habíamos logrado “asaltar los cielos”. La imagen difería mucho de la del 20 de diciembre de 2015, donde 69 escaños suponían una victoria. Los 71 alcanzados en esta segunda campaña parecían una cifra anecdótica. Nos superaron las expectativas y, por qué no decirlo, también las encuestas.

Fecha: 27 de junio 2016.
Hora: 00:30 Lugar: Plaza Reina Sofía – Madrid

Las arengas de la gente que se había congregado a oír a los nuevamente electos diputados por Unidos Podemos en Madrid, sonaban fuerte. “La gente sigue en pie”, “la lucha recién empieza”, “sí se puede”, etcétera. Gritos, aplausos, calor. El 20 de diciembre, en aquel mismo lugar Pablo Iglesias dio uno de sus mejores discursos, evocó a Allende, y agradeció a los más de cinco millones de votantes que nos llevaron al Parlamento como tercera fuerza política. Esta noche parecía distinta. Si algo me llevo en la memoria de la Plaza Reina Sofía en la madrugada del 27 de junio es la imagen de todas aquellas personas que pese a las cifras, a las expectativas y al conteo rápido que en la pantalla gigante las desplazaba con la frialdad de los hechos, no cesaron en cantos ni energía. En medio de los gritos se hacían oír los discursos de los diputados nuevamente electos. No fue ni de lejos el mejor momento de ninguno de los 10 de Madrid, pero fue el mejor momento de nuestra gente. Nos sostuvieron y arroparon con una contundencia que transitó entre la ternura y la terquedad. El sinsabor de la noche no nos permitía, todavía, entender la magnitud del valor que teníamos en frente…

Hora: 13:30. Lugar: Teatro Goya – Madrid
Luego de una larga reunión de la Ejecutiva de PODEMOS, Pablo Echenique, secretario de organización, daba una rueda de prensa. El discurso era el mismo: los resultados no eran los que esperábamos, las encuestas se equivocaron y se iniciaba un periodo de análisis interno, pero 71 diputados era ya una cifra histórica. Esa misma mañana hubo un cruce de declaraciones entre algunos cuadros de la agrupación que empezaron a analizar las “razones del fracaso”. Unos culpaban a la confluencia con Izquierda Unida, otros culpaban a la falta de una orientación clara en la campaña, otros tantos a la “mano tendida” que se dio al Partido Socialista durante los meses anteriores a los comicios, otros al mismo Pablo Iglesias o a Iñigo Errejón, el director de campaña. Con los resultados aún sobre caliente, era imposible encontrar un análisis que desde la frialdad indicara al menos algunos pincelazos con respuestas. Se trataba de opiniones que anunciaban ya el fin de un ciclo y el inicio de otro.

La discusión fue zanjada varios días después cuando Iglesias indicó que para encontrar las causas del 26J hacía falta un análisis detenido y no ceder a la inmediatez, o incluso, a algunos ánimos desestabilizadores. Iglesias hacía así un llamado necesario: “Nos tienen donde nos quieren: hablando de nosotros.” Los fuegos fueron cesando, los medios resintieron la declaración. Volvimos al ritmo acelerado del Parlamento y a las discusiones sobre nuestro papel (71 escaños son determinantes para conseguir una investidura de Gobierno en la actual configuración del hemiciclo) de cara a un posible Gobierno. Habíamos sido parte del baile durante los meses anteriores, sabíamos algunos pasos y éramos conscientes de que eso también nos restaba.

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI... MILLÓN DE VOTOS?
Encontrar una única razón que explique los resultados inesperados del 26J es imposible. Se confluyen en cualquier análisis una serie de motivos aun cuando elijamos poner más acento en unos que en otros. No pretendo brindar un diagnóstico infalible, pero me animo a enumerar algunos factores. Seguramente quedan variables en el camino, pero hace falta resaltar lo importante cuando el reto que viene está al frente y creciendo a tanta velocidad.

EN POLÍTICA, UNO MÁS UNO NO ES…
La noche del 9 de mayo las redes sociales españolas compartían frenéticas un vídeo donde Pablo Iglesias y Alberto Garzón, cada uno a su modo, anunciaban las razones por las que era importante ir unidos en las elecciones del 26 de junio. El abrazo a medio camino graficaba la decisión que tantas semanas de conversaciones había tomado. Un par de horas después, en la Sala Mirador, ofrecían declaraciones a la prensa y oficializaban la confluencia: PODEMOS e Izquierda Unida irían como una sola fuerza a las elecciones (Unidos Podemos).

Si algo se alborotó de optimismo más que las redes sociales esa noche fue justamente el patio de la Sala Mirador. Muchos simpatizantes de círculos, activistas y más se dieron un abrazo celebrando la alianza. El ambiente constituía el pistoletazo perfecto de inicio de campaña. El optimismo, la energía y hasta la premonición de victoria posible estaban en el aire. No era una celebración anticipada, sino la celebración de lo posible y el paso adelante que habíamos dado con esta unión.

Quien crea que esta confluencia es la que hizo que “desaparecieran” más de un millón de votos no sólo pasa por alto esa noche, sino que es capaz de ver que esos votos dormidos y/o perdidos lo estaban desde antes. El pistoletazo del 9 de mayo fue alentador y necesario (los resultados bien pudieron ser peores de no ir en confluencia a las urnas), pero no bastó para recuperar lo que se había perdido. Cabe señalar, además, que el ambiente de algarabía de ese 9 de mayo sería no sólo el pistoletazo de inicio, sino tal vez el único gran hito de campaña fuera de los mítines. Ese es ya un indicador del acierto del momento, pero también de lo que nos faltó después.

EL PELIGRO DE LA ‘MOQUETA’
Hay riesgos que asumes deliberadamente y otros a los que acudes sin tener en claro el costo que suponen. Me atrevería a decir que el 20 de diciembre iniciamos un camino en nos ocurrió lo segundo. La entrada de 69 diputados por PODEMOS al Parlamento Español supuso un momento histórico en que confluyeron tanto las formas como el fondo. Por primera vez en la historia, vimos a 69 diputados que se parecían a la gente común y corriente. Activistas, ex jueces, profesores universitarios, jóvenes que se habían movilizado desde antes del 15M, sindicalistas, etc. todos nuevos en ese hemiciclo intimidante y rebosante de personas en traje y corbata que han ocupado, muchos de ellos, escaños durante más de una década.

Los 69 despertaban la ilusión colorida de lo nuevo. Vimos a un Pablo Iglesias que se dejaba el abrigo en el respaldar del escaño porque no sabía que había percheros, un joven sindicalista de Canarias (Alberto Rodríguez) que pasaba delante de la mirada atónita de Mariano Rajoy pues llevaba rastas, Carolina Bescansa entregando por unos minutos a Errejón a su bebe para que lo cuidara mientras se aproximaba al podio a realizar su voto, etc. El cierre con broche de oro sería el contraste en la juramentación. En lugar del usual “sí prometo” casi tímido y sin sustancia de los diputados de las fuerzas de siempre, los 69 diputados prometieron sus cargos entre abucheos y gritos cuando anunciaban con los micrófonos cerrados “Prometo cumplir esta Constitución y trabajar para cambiarla, nunca más un país sin sus gentes ni sin su pueblo”. Se iniciaba así la legislatura con más expectativa mediática de los últimos tiempos.

Y este fue el riesgo.

El éxito de PODEMOS radica sobre todo en la capacidad de representar la indignación popular en medio de una crisis de régimen sin precedentes en España. Para ello ha sido fundamental no solo contar con liderazgos capaces de hacerlo, sino también la capacidad de traducir aquellos sentidos comunes y hacerlo en los espacios a los que no todos tienen acceso. Ver a Pablo Iglesias en televisión, mucho antes de ser secretario general, fue un hito que permitió no solo que las demandas de la gente llegaran a los sets de televisión, sino también la sinceridad y la indignación que Iglesias supo trasladar y poner sobre la misma mesa donde se sentaban los de siempre. No solo había ahora puntos de vista realmente discordantes, sino alguien dispuesto a decirle todas las verdades en el rostro a su poderoso interlocutor.

Pero este proceso se da sobre todo en las calles. La política en España se volvió parte de una cotidianidad inédita. En los bares, las estaciones de metro y de bus, las plazas, etc. se empezó a hablar de política y, por tanto, a hacerla. Que PODEMOS estuviera en esas calles, en esas plazas, oyendo a la gente y sobre todo, “siendo” gente fue determinante para su gestación y su éxito. El 20 de diciembre se sintió que era la gente la que lograba entrar al Parlamento de la mano de sus 69 representantes y que con ello se dignificaba la institución. Que la Ley 25 de Emergencia Social fuera una de las primeras medidas propuestas por el grupo parlamentario, demostraba el acento social de PODEMOS pero aun así no tomamos en cuenta el peligro de la ‘moqueta’.

La ‘moqueta’ es el término que se utiliza en España para hacer referencia a las alfombras grandes, elegantes y casi señoriales que cubren los pisos del Parlamento. Entrar en este espacio supuso pisar la moqueta y, sin notarlo, ser absorbidos por ella. A las sesiones de pleno de los martes, miércoles y/o jueves, se sumaban las comisiones parlamentarias (cada diputado integra más de una), las juntas de portavoces de todas las bancadas, las ruedas de prensa luego de dichas reuniones, el proceso de negociación de investidura, las conversaciones para llegar a un acuerdo, etc. Nuestras prioridades estaban claras en nuestro programa y la hoja de ruta, pero el tiempo para mirar afuera y sobre todo, “estar” afuera, era menos que mínimo.

La foto se estancaba. Ninguna rueda de prensa de los líderes de PODEMOS se hacía fuera del Congreso, pues el desplazamiento resultaba imposible en el poco tiempo que quedaba. Y así, sin darnos cuenta, poco a poco la imagen se iba “normalizando”. Si bien éramos, y somos, la única fuerza que ofrece un programa alternativo, progresista y de cambio para España, es difícil defenderlo cuando la imagen no es más en la calle y cuando el periodo de grandes movilizaciones populares ha cesado. Si a ello añadimos el hartazgo ciudadano provocado por las idas y venidas en el proceso de negociación de Gobierno con un Partido Socialista que ve antes un enemigo en PODEMOS que, en el Partido Popular, la ecuación se completa.

Esos cuatro meses en el Parlamento son determinantes para entender por qué un millón de votos se quedaron en casa el 26 de junio. La campaña de cara al 26J no logró despercudir la imagen de “normalización”, pues no apeló a la agencia de los electores como hicimos el 20 de diciembre y no fuimos capaces de desprendernos de la ‘moqueta’ institucional que no genera ilusión, sino todo lo contrario. PODEMOS irrumpió en la política española por esa ventana de oportunidad que las movilizaciones frente a la crisis del régimen abrieron. Pero ese periodo no es más el mismo. En un contexto en que las grandes movilizaciones han entrado en pausa, en parte también porque una formación como PODEMOS existe y ha entrado en diversas instituciones, lo que toca es bajar el ritmo y reconfigurarnos.

El reto de PODEMOS es ahora doble. De una parte está la necesidad de ser capaces de mantener un pie en la calle y el otro sobre la ‘moqueta’ en esta legislatura que inicia. Hará falta traducir en iniciativas legales y agenda institucional los sentidos comunes, pero también hará falta participar y generar momentos en los espacios públicos. Es momento del fondo y también de la forma. Del contenido y los actos performativos. De otra parte está la discusión interna sobre la configuración de la agrupación que, como bien señala el secretario de organización Pablo Echenique, se ha atado los cordones mientras andaba.

Esta discusión será determinante y, pese a lo que muchos indican, la veo como una oportunidad positiva. A inicios del próximo año se llevará a cabo una nueva asamblea ciudadana, como la que dio luz a la estructura que ha permitido que PODEMOS llegue a donde ha llegado en un tiempo sin precedentes, y se configurará la hoja de ruta de lo que viene. La participación de las bases será determinante, pero lo será también el diagnóstico del momento en que nos encontremos y, nuevamente, los liderazgos.

La responsabilidad que tenemos con la gente que a una sola voz ha gritado ¡“Sí se puede”! y que hoy esperan que ese grito tenga el eco que merecen, nos obliga a andar unidos y claros. El trabajo se dificulta sobre todo cuando los poderes fácticos y los aliados del régimen tienen claro al enemigo común: nosotros. PODEMOS ha logrado generar un temblor que ha cambiado el rostro político en España y en Europa, y por ello nos toca ahora hacernos cargo de esa victoria. La misma que no aplaudimos el 26J. Somos la tercera fuerza política en España y la única garantía de cambio en el país.

Lo que se viene será complejo, pero PODEMOS ha demostrado saber de complejidades y de imposibles. Y con nosotros, la gente.

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[*] Periodista, Miembro de la Unidad de Análisis de la Secretaría General – PODEMOS.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo