Escena internacional
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Brexit:
Crisis (neo) liberal y
el fantasma que recorre Europa

 

 

 

Luis Rodríguez Salcedo[*]

 

 

 
 


“las cosas se disgregan, el centro no puede sostenerse”
William B. Yeats, La Segunda Venida.


Un fantasma recorre Europa, pero ¿de qué tipo? Si, como dice Zizek[1], la experiencia que un sujeto tiene de la realidad es estructurada por un fantasma, una especie de pantalla que lo sostiene/protege de algo insoportable, traumático, que no puede simbolizar, tal vez la fórmula discursiva del Brexit construida por la extrema derecha cumpliría, en el fondo, la función de sostener/proteger a la oligarquía político-financiera europea (que maneja los hilos de la economía y la política de la UE, y responsables de su actual situación de crisis) de la obvia verdad: la furia de las clases trabajadoras frente al fracaso del actual modelo comunitario europeo, construido sobre la base de la promesa neoliberal.

Crisis Económica y Geopolítica
Europa se encuentra en medio del cambio de marea. El Brexit se inscribe en un contexto internacional de crisis no solo económica sino también política (y geopolítica), laboral, energética, ambiental, de seguridad (interestatal e intraestatal) y paradigmas. Lo viejo se muestra caduco pero pugna por mantener su hegemonía y lo nuevo que está surgiendo aún no termina de consolidarse/cristalizarse e irradiar.

En lo económico, el “mecanismo global de reciclaje de excedentes”, diseñado desde Washington, y que permitió a Wall Street financiar la demanda interna norteamericana sosteniendo las exportaciones del resto del planeta, se acabó con la crisis financiera del 2007. Ahora, la banca difícilmente puede financiar la demanda interna de EEUU y sostener las exportaciones del resto del planeta (sobretodo Alemania y Japón)[2]. El proceso de financiarización de la economía (gatillada desde los 70 por falta de rentabilidad del sector real de la economía) ha terminado por incrementar el endeudamiento (de países, firmas y familias) debilitando el consumo, la producción, el empleo y los salarios. En este escenario EEUU, Europa y Japón enfrentan crisis financiera, fiscal y de sobreproducción[3]. Sus economías no se recuperan. Arrastrando tras de sí al resto de la economía mundial, con excepción de China, que crece al 6%. Y no se avizora pronta solución pues la crisis ha ido mutando (golpeando a sectores de la economía real de los países) y trasladándose/extendiéndose por varias regiones.

La crisis ahora, con el Brexit, incide en la geopolítica mundial. En las tres últimas décadas el mundo transitó de un orden geopolítico con dos ejes Washington-Moscú, a uno unipolar, con dominio estadounidense, para arribar a uno multipolar: fuerte crecimiento de China, fortalecimiento del Yuan, y de otras economías (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica). La UE, a pesar de la crisis, representaba el 18,7% del PBI mundial (11,4 billones de euros). El RU aportaba el 15% del PBI de la Unión Europea, por lo que su salida le quita peso y gravitación, internacional. Peor aún si se consideran 1) las maniobras norteamericanas (TPP, TTIP, y TISA) por recuperar dominio perdido. Inaugurando con el TPP un eje comercial “imperial” (no visto desde
Tratado de Otawa de Cooperación Imperial 1932)[4]; y 2) acuerdos diplomáticos, militares, económicos, energéticos, de infraestructura y transporte entre China, Rusia y otros países de Asia, sumando a Irán, India y una parte de Europa. Ambas estrategias contemplan acuerdos con Europa, que a la larga le terminarían colocando en situación subordinada en la geopolítica mundial.

Unión Europea, neoliberalismo y hegemonía Británica
En Inglaterra se diseñaron y aplicaron las políticas neoliberales, luego de que la dictadura pinochetista la impusiera en Chile. Así mismo, existe particular tradición de relacionamiento entre Inglaterra y Europa continental. Inglaterra ha buscado acercarse y a la vez mantener distancia con el continente. Y esa también ha sido la forma como desde el continente se ha respondido. La geopolítica mundial (siglo XX y XXI) fue el telón de fondo de esta forma de entendimiento. La cercanía de Inglaterra a EEUU incrementó el recelo y las preocupaciones en Francia y Alemania. Y desde Inglaterra ha estado siempre latente la preocupación por la construcción de un eje Moscú-Paris-Berlín.

Así, el neoliberalismo, como proyecto político-económico británico, y las estrategias geopolíticas de los países más fuertes de Europa fueron claves en la construcción del actual modelo de la UE. Lo paradójico es que en una estrategia (dentro-fuera), el RU logró influir decisivamente en la UE. Como dice Monereo la “Europa que hoy rechazan los ciudadanos británicos está construida en gran parte desde Gran Bretaña… la UE es en gran medida producto de la hegemonía británica (ideológica y política). ¿Que es sino el neoliberalismo?[5].

Fue durante la expansión (neo) liberal que se construyó, el modelo actual de la UE. El Tratado de Maastricht (1993) “ya consagraba los principios del neoliberalismo en el plano macroeconómico, en especial las limitaciones al déficit fiscal. Y como la regla sobre déficit fiscal no es otra cosa que un mandato para recortar el gasto público (afectando directamente a rubros como salud, educación, vivienda y un medio ambiente sano), en realidad, se traduce en un ataque directo a los derechos sociales. El Tratado de Lisboa (2007) aumentó el poder centralizador de […] la Comisión en materia de política macroeconómica al consagrarse el objetivo de la estabilidad de precios como la principal prioridad”[6]. Para los neoliberales el libre mercado fue una condición necesaria para la integración de Europa[7].

A la par una oligarquia politico financiera se fue imponiendo frente a posibilidad de una Europa Social. Este proyecto se consolidó con la troika (Comision Europea, BCE y FMI) a instancias de la Canciller alemana Merkel. Se consolidó un poder politico y economico supraestatal al que no votan los/as ciudadanos/as pero que gobierna e impuso políticas de austeridad que lejos de resolver los problemas de la gente ha resuelto, cono no podía ser de otra manera, los del sistema financiero. La deuda privada de los bancos se convirtió en deuda pública. La banca, responsable de la crisis, se recuperaba el 2010 (solo en el primer trimestre) Goldman Sachs tuvo ganancias por $ 3.300 millones, Citigroup $4.400 millones y JP Morgan $3.300 millones, entre otros[8] entre tanto en Europa los niveles de endeudamiento se elevaron (al segundo trimestre del 2015, Grecia 167,8% del PBI, Italia 136,0%, Portugal 128,7%, Chipre y Bélgica superan el 109%, Irlanda, 102,0%, España, 97,8%, Francia, 97,7%, RU, 89,0%. ), el desempleo se incrementó (21 millones de personas en la UE, 16 millones en la eurozona, en Grecia, Italia y España, más del 20% de jóvenes entre 20 y 24 años ni estudian ni trabajan), la riqueza se concentró más, la brecha entre ricos y pobres creció y la pobreza se incrementó (122 millones al 2014).

La encrucijada de las izquierdas hacia una nueva Europa
El neo (liberalismo) hegemonizó el campo político. Gobiernos de “izquierda” impulsaron, o lo vienen haciendo, políticas de ajuste y reformas laborales favorables al capital; o caminaron en piloto automático haciendo poco por cambiar el orden heredado. Algunos incurrieron en tropelías y actos de corrupción. Esto vino aparejado con la eliminación del carácter adversarial (antagónico) de la política para suplirlo por otro de colaboración y competencia entre elites, y tecnócratas, por el poder para administrar el statu quo y no para cuestionar la hegemonía dominante, cambiar la correlación de fuerzas existentes e instituir un nuevo orden. Se inauguró una etapa “pospolítica”. El antagonismo derecha-izquierda se diluyó[9].

Se generó un vacío político que propició la irrupción de proyectos populistas de extrema derecha en la mayoría de países de la UE. Estas fuerzas tienen en común nacionalismos exacerbados y rechazo a la UE (euroescepticismo). Rechazan a migrantes (que huyen del conflicto, y desempleo, en Medio Oriente y África). Tienen actitudes xenófobas y rechazan a población LGTB y minorías sociales. Sin embargo, han logrado empatar con el malestar de las clases trabajadoras y sectores golpeados por la crisis.

Los nacionalismos populistas de derecha buscan establecer un (falso) antagonismo: ellos (“representando” a las clases trabajadoras y subordinadas) versus la oligarquía político-financiera europea. Sin embargo, cabe recordar que los populismos de derecha critican “los excesos del sistema pero nunca el sistema”[10], dicen defender al “pueblo” pero promueven los intereses de los poderosos[11], no cuestionan la ley, sino que la suspenden temporalmente, manteniendo fijo el orden social[12]. Como en el caso del neurótico obsesivo, hablan y actúan, frenéticamente, para asegurarse que lo realmente importante no se manifieste, se mantenga oculto, y nada cambie[13]. En tal sentido, el populismo de derecha comparte la misma matriz (pos política) que el denominado “centro radical”, con lo que constituye su reverso.

Lo que los nacionalismos populistas de derecha no dicen es que la crisis del modelo actual de la UE tiene que ver con un fallo real del capitalismo global y del (neo) liberalismo. La privatización (de recursos públicos), liberalización y desregulación (del mercado laboral y financiero) apalancaron la hegemonía del capital financiero subsumiendo al productivo[14], al punto de impedir el desarrollo de la economía real. La financiarización de la economía ha incrementado el endeudamiento (de países, firmas y familias) debilitando el consumo, la producción, el empleo y los salarios. El capital financiero succiona el salario de la clase trabajadora, deprime el consumo, genera crisis de sobreproducción y nuevos endeudamientos. El (neo) liberalismo ha permitido la conformación de un complejo financiero bancario (CFB), la mayoría bancos norteamericanos y británicos. Que han asegurado, vía el poder político, su existencia pues a pesar de los riesgos que tomen, no quebraran ya que serán rescatados con dinero de los contribuyentes[15]. Tienen la capacidad de privatizar el proceso regulatorio y poner la agenda financiera mundial a través del FMI y del G20[16].

Existe, a la base de la crisis de la UE, una tensión, un conflicto entre las fuerzas productivas desarrolladas por el capitalismo (industrial) y el capital financiero (ficticio) que se ha hecho del poder político. Entre 2008 y 2011, la Comisión Europea aprobó concesiones por 4,5 billones
de euros (36,7% del PIB de la UE) para rescatar bancos. Mientras tanto se destinaban irrisorios 200 mil millones de euros al “Plan Europeo de Recuperación Económica” (plan de estímulo económico) para proteger y crear empleos, cuidar seguridad social y poder adquisitivo de la gente. Con lo que el grueso del pago de deuda está referido al rescate financiero más que a las medidas de estímulo económico.

De otro lado, el problema del desempleo y la caída del salario real no tienen que ver con la “crisis migratoria” (que han sido los dos elementos de la campaña del Brexit) sino con un fallo real del desarrollo actual de la economía capitalista[17]. Con lo que si no se regula, realmente, el capital financiero y se desmonta la oligarquía político-financiera, el repliegue nacionalista, con tintes socialistas (nacionalsocialistas) planteados por la derecha populista solo servirá para enfrentar a las clases trabajadoras e iniciar una nueva era de oscuridad en Europa. Pues como ha dicho Zizek: “cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada… pero a la vez una prueba de que había un potencial revolucionario, la insatisfacción, que la izquierda no fue capaz de movilizar”. Por ello, la enorme importancia de la irrupción de organizaciones populistas de izquierda, como Syriza (Grecia), el Bloque de Izquierda (Portugal) y PODEMOS (España) que articulando el descontento popular han logrado abrir una brecha en el orden (neo) liberal.

El Brexit es un síntoma de la crisis del (neo) liberalismo. La derecha populista lo (re)significa como un fantasma que termina sosteniendo a la oligarquía político-financiera de la furia de las clases trabajadoras. Se trata entonces de atravesar ese fantasma. La emancipación de los pueblos no pasa por el repliegue nacionalista sino por construir un nuevo modelo comunitario europeo que salvaguarde los intereses de los pueblos y no la seguridad y privilegio de los poderosos. Esto solo será posible derrotando en cada uno de los países a los nacionalistas populistas de derecha.


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[*] Investigador, militante del Partido Socialista-Frente Amplio y miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.
[1] Slavoj Zizek, El sublime objeto de la ideología. Buenos Aires: Siglo XXI, 2001 y Cómo leer a Lacan, Buenos Aires, Paidos, 2008.
[2] Yanis Varoufakis, El minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial. Madrid: Capitán Swing, 2013.
[3] Oscar Ugarteche y Eduardo Martínez-Ávila, La gran mutación. México: IIEC UNAM, 2013.
[4] Oscar Ugarteche y Jorge Luna, Del multilateralismo al neoregionalismo”, ALAI, 25/07/2016. En:
http://www.alainet.org
/es/articulo/179017

[5] Fort Apache, “Programa ¿Reino unido en la UE?” publicado el 22/04/2016. Obtenido de
https://www.youtube.com
/watch?v=_QmTH-TikNo

[6] Alejandro Nadal, “El futuro del neoliberalismo en Europa”, Debate contemporáneo, 23/06/2016, obtenido de Debate Contemporáneo:
https://debatecontemporaneo.
wordpress.com/2016/06/23/
brexit-el-futuro-del-
neoliberalismo-en-europa/

[7] Liesbet Hooghe y Gary Marks, “Una Politeya en formación: pugnas sobre la integración europea”. En: Iván llamazares, Aspectos políticos y sociales de la integración europea, Valencia, Tirant lo blanch, 1999).
[8] Emilio Marín, “Goldman Sachs, dueño de parte de Europa, EE UU y algo más”, ALAI, 08/12/2011, obtenido de ALAI:
http://www.alainet.org
/active/51416

[9] Chantal Moufee, “El fin de la política y el populismo de derecha”. En Francisco Panizza, El populismo como espejo de la democracia, BuenosAires, FCE, 2009.
[10] Juan Carlos Monedero, entrevista sobre el papel de la izquierda y el nacimiento de nuevas fuerzas políticas de cambio en Italia y España, FUHEM Ecosocial.
[11] Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia, Op. Cit.
[12] Juan Carlos Ubilluz, Nuevos súbditos, cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, Lima: IEP, 2010.
[13] Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia, Op. Cit.
[14] Las multinacionales y los bancos tienen utilidades gigantescas “jugando” en bolsa y prescindiendo del proceso productivo. El capital financiero mueve hasta 10 veces lo que la economía real. Según el Banco Internacional de Pagos de Basilea, el 2015, los derivados financieros movieron alrededor de US$ 800 billones mientras el PBI mundial US$ 80 billones.
[15] No pasa lo mismo con bancos medianos y pequeños (entre 2009 y 2012 en EEUU, 800 bancos medianos y pequeños quebraron) o han sido absorbidos por los grandes.
[16] Oscar Ugarteche y Eduardo Martínez-Ávila, Op. Cit.
[17] En tal sentido, las causas del fundamentalismo islámico, que ha gatillado el crecimiento de los nacionalismos de derecha, hay que buscarlas en el ámbito de la economía (desempleo, empleo precario, etc.) y no en el cultural o “choque civilizatorio” como lo presenta la derecha populista.

 
     

 

 

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