Movimientos y sociedad
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La dimensión empática
Pasiones y empatía en la campaña electoral
del Frente Amplio

 

 

 

Jorge Millones[*]

 

 

 
 


Durante la pasada campaña electoral del Frente Amplio (tanto en las primarias con Sembrar y después en el FA) pudimos ver reuniones y encuentros de militantes formados en el izquierdismo moderno junto a una avalancha de jóvenes activistas posmodernos compartiendo el mismo objetivo político, pero mirándose totalmente desconcertados. Diferentes formas de asumir compromisos, organización, de vivir y sentir la política, diferentes formas de expresarse y diferentes historias de vida. A veces dialogaban bien, otras no tanto y a veces se repelían. Los que lograron ponerse de acuerdo hicieron campaña juntos, y los que no, lo hicieron por su cuenta. Finalmente, tenían el mismo objetivo: unos, que gane “la compañera Verónika Mendoza”, y otros, que gane “la Vero”.

Advierto que estas reflexiones tienen un sesgo porque las comparto desde dentro del proceso (que me tocó vivir de modo peculiar, como algunos saben) pero sobre aspectos políticos que casi no se tratan y que tienen que ver con la subjetividad y cómo se despliega en la política a través de las pasiones, la empatía y el odio, sentimientos que terminan siendo decisivos. Pues en esta campaña tuvimos que ver pasiones desenfrenadas de todo tipo, incluyendo las mías, y pocos fueron los que lograron remontar sus pasiones tristes para ponerse al servicio del objetivo colectivo[1]. En todo caso, planteo esto como insumos para un debate mayor, pues no me cabe duda que, a la luz de lo que pasó en la campaña, es importante volver a partir desde esta pregunta: ¿Qué es ser de izquierda hoy en el Perú del s. XXI? La respuesta debe ser procesada entre todos, yo aquí solo quiero llamar la atención sobre los cambios sociales que están ocurriendo y que se expresaron en algunos detalles de la pasada campaña, pero no son leídos políticamente.

¿De qué cambios hablamos?
La política peruana, y la izquierda en particular, atraviesan cambios que rápidamente van dejando atrás a aquellos clásicos elementos que caracterizaron al siglo XX, como el clasismo, la vanguardia, el centralismo democrático, la mística revolucionaria, la ideología monolítica, el enfoque conspirativo y vertical; en fin, esa imagen de una política seria, adusta y en muchos casos fanática construida teniendo como telón de fondo a la “guerra fría”. En la campaña de Verónika Mendoza y el FA se expresaron muchos de esos cambios y sus fricciones.

No solo hay un hartazgo con el “modelo”, es también con “los políticos”. Incluso más allá del plan que tenía Élmer Cuba para Julio Guzmán, los jóvenes depositaron también en este último su confianza, articulando un descontento que la izquierda no vio ni entendió: existe un gran sector de la ciudadanía joven cansados de “los políticos tradicionales”, “dinosaurios”, incluso de los “políticos con rollo progre”. Y es que los publicistas de Guzmán supieron identificar esos cambios y utilizarlos. La izquierda aún no ha entendido que no existe más un sentido común progresista y que para muchos jóvenes en la imagen de “El Sistema”, también está incluida la misma izquierda. Quien quiera convertirse en una real opción transformadora y con un correlato electoral significativo, no puede perder de vista esto.

Vemos pues cambios discursivos, relevos y empujones generacionales, de género, de estilo y de cultura política, cambios en las sensibilidades y en las formas de consumir, procesar y realizar la política que están dando y conviven con la tradicional cultura política de la izquierda, y ambas culturas políticas tienen cosas positivas y negativas, porque respondieron y responden a un tiempo y contexto particular, y gracias a la campaña que visibilizó muchas cosas, hoy somos testigos de este “momento bisagra”.

Esta campaña nos permitió ver un complejo encuentro generacional. Vivimos en una suerte de cruce temporal, un “puente político” por donde pasan el tren del pasado, que se va yendo, y el tren del futuro, que viene llegando, rodeados del abismo de incertidumbre y precariedad que caracteriza esta época. Brevemente, se verán las caras en esta “estación” los nuevos procesos de transformación y sus jóvenes protagonistas confrontados con lo que queda de la tradición política del s. XX.

Nos guste o no, hay que aceptar que la política peruana también se ha vuelto:

VIRTUAL: las redes sociales sustituyeron en muchos casos a la asamblea, asumiendo decisiones muy concretas desde el universo virtual. Los jóvenes no soportan ya largas reuniones para acordar decisiones, menos que les “bajen línea” o les digan quién es el aliado o el enemigo. Si algo no saben apelan al dios Google y ya lo tienen; poseen entre ellos ubicuidad política, pueden estar en más de dos o tres reuniones a través del celular, o conspirar entre ellos en una misma reunión con el celular en mano dejando en ridículo a los viejos “amos del rollo” que ni cuenta se han dado que se están riendo de ellos, o en el peor de los casos, ya los volvieron un meme. La nueva generación ya se dio cuenta que sus mayores no podrán seguirlos en este universo de cambios virtuales, pero deberá saber que hay experiencias que no se adquieren con un “click”, por eso es importante aprovechar estos “puentes” como una campaña.

INSTANTÁNEA Y EMPÁTICA-PASIONAL: el inmediatismo de las redes hace que estemos cada vez más a merced de nuestras pasiones, propias y ajenas; un “twitt” inoportuno y mal puesto puede desencadenar un conflicto social o ser el sepulcro de la carrera de un político. Amamos, des-amamos y odiamos con una rapidez nunca antes vista. Una foto, una imagen, un vídeo, un jingle pueden despertar la empatía inmediata y la identificación masiva de muchísimas personas llevando a la fama a cualquiera o destruir la vida de alguien. Hay también un culto narcisista a la imagen personal impresionante, a través de las redes es posible construir una imagen, un personaje y obtener un público cautivo en cuestión de segundos. Y como no existe un ente fiscalizador de contenidos, todos tienen la oportunidad de ser estrellas de su propio mundo.

Todo lo que dijera Manuel Castells en su monumental trilogía La era de la información se ha cumplido y complejizado[2]. Pero también hay una contestación desde lo social, popular y de base. En esta fiesta no solo baila el neoliberalismo, pero eso sí, hay que saber entender a los nuevos actores que poco a poco serán (¿o ya son?) protagonistas y que se expresarán en lenguajes y mecanismos que, estoy seguro, si la izquierda no cambia, los terminará perdiendo y los ganará el ala más “ciudadanista” de la derecha.

¿Quiénes son, dónde están?
Además de los que siempre se suele nombrar, mirar con atención la lucha de los jóvenes por el trabajo que se ha ido haciendo más fuerte, sindicatos reconocidos y no reconocidos por las centrales obreras y el Estado empiezan a movilizarse y reconocer en la política una forma de hacerse respetar, el movimiento contra la ley laboral “Pulpín”, las Zonas, entre otras actividades son expresión de esto. El feminismo y la lucha de las mujeres que en la marcha Ni Una Menos demostraron su fuerza e irrumpieron para decir ¡basta! La lucha LGTBI, que con su valentía hoy están teniendo presencia en regiones conservadoras y tradicionales del Perú. Los colectivos por la memoria y de DDHH, colectivos de soberanía alimentaria y defensa de los animales, colectivos de deportistas por el espacio público, colectivos artísticos y comunicacionales, movimientos y redes culturales a nivel nacional que tienen aliados fuera del país, organizaciones barriales e indígenas; en fin, una miríada de nuevos actores políticos que se hicieron visibles durante la campaña y, en muchos casos, funcionaron como “aparato” y logística del despliegue mismo de la campaña en Lima y diversas regiones. Y cabe mencionar en el papel individual, la valiosa y desinteresada auto-convocatoria de solistas y grupos musicales, cineastas, realizadores, escritores, actores y actrices, profesionales en la fotografía, publicistas y comunicadores que se sumaron como voluntarias y voluntarios.

Esta gente no se sumó a la campaña convencidas al leer el programa del FA muy pocos lo leyeron; esta avalancha empezó con la acertada decisión de las elecciones primarias y el anuncio de Verónika Mendoza como precandidata en las mismas. Las organizaciones que formaban el FA en ese momento no se imaginaron lo que iba a pasar, ni siquiera los de Sembrar. De pronto, cientos de personas con diversas experiencias y experticias se acercaban entusiastas para hacer campaña por la precandidata Mendoza y, como es natural en estos casos, hubo un positivo desborde, pero que trajo como consecuencia también fricciones y sospechas. De pronto, los medios empezaban a mirar a las elecciones primarias del FA como una fuente de legitimidad entrevistando a la congresista Mendoza, dedicándole portadas buenas, malas y pésimas. Acto seguido, la congresista cusqueña pasó a ser simplemente Vero y ganó las primarias.

Una campaña que expresó los cambios
La campaña de Verónika Mendoza es la primera campaña de la izquierda que se hace especialmente desde las rede sociales, o por lo menos reconociendo su vital importancia. Sin desdeñar obviamente el trabajo “de tierra” con barrios y territorios específicos, se identificó la importancia de las redes y las imágenes trabajándose intensamente. Sin embargo, el FA fue desbordado y así como cualquiera armaba un Comité que después se podía formalizar o no, muchos armaban sus páginas de Facebook para apoyar a Vero.

Aparecieron muchas páginas no militantes de “Verolovers” que relevaban sus propias agendas, y otras páginas no tan políticas, hasta sexistas, fijándose más en la apariencia de Vero o proyectando las fantasías de sus administradores surgieron apoyando la candidatura de Mendoza y todas con miles de seguidores. Y es que el enganche no fue “político”, en el sentido tradicional, sino carismático, empático y luego político[3]. Esto es lo que menos han aceptado y entendido los compañeros izquierdistas que criticaban a Mendoza, anclados más en la tradición que aún sobrevive desde los setentas.

Con amor y ternura. El camino de la empatía
La empatía es la capacidad de ponerse en la piel de otro ser humano y es la base de la cooperación. Es un término que proviene de la estética alemana y alude directamente a cómo proyecta un espectador su sensibilidad en una obra de arte. La empatía es un rasgo que empieza a ser motivo de muchos estudios, sobre todo para afinar el mercado[4] y tiene una inmensa potencialidad transformadora en la era tecnológica. Como bien apunta Rifkin, las ciencias contemporáneas ya han colocado al Homo Empáthicus y al concepto de empatía como elementos comprensivos fundamentales para re-enfocar la historia humana y también entender las actuales sociedades, pero también para la transformación social a nivel global[5].

Ya no funcionan las propuestas políticas anti-empáticas (antipáticas), incluso el fujimorismo lo sabe. La adhesión y empatía que Keiko ha tenido con el discurso “todos se han unido contra ella” ha funcionado en hombres y mujeres de todos los estratos. Por eso escandaliza la poca comprensión que ha tenido la propuesta empática de Vero en un sector de las izquierdas, en esa franja compuesta sobre todo por hombres, intelectuales, técnicos, líderes de opinión y líderes sociales también.

Verónika Mendoza encarnó y supo desarrollar una propuesta empática, alejada del puño en alto, de la actitud rabiosa, de la confrontación, del armazón tecnócrata y la agresividad, típicas características del “luchador social”, que después de la traición de Humala dejó de ser eficaz, y lejos también de la autosuficiencia del tecnócrata. Optó más bien por el discurso del amor colectivo y las pasiones políticas de la gente de carne y hueso, y de la solidaridad como ternura de los pueblos.

Sin embargo, salvo raras excepciones, la mayoría de analistas políticos no percibieron los cambios en la sensibilidad política de los nuevos actores de la política peruana (sobre todo en jóvenes y mujeres) que se expresaron en la propuesta de Vero. Atascados en una visión “pragmatoide”, simplista, reduccionista y dominada más por sus intereses y pasiones, no tuvieron vocación científica para mirar lo que estaba ocurriendo. Todos ellos hombres, analistas, de clase media, ya sea serios o “metiendo chacota”, ninguno logró ver la potencialidad del nuevo discurso que terminó enganchando empáticamente. Si algo se ha logrado para el Perú con esta campaña, no fue gracias a ellos.

La mayoría de estos analistas para explicar el ascenso de Vero, que no esperaban y algunos no deseaban, solo vieron el “cambio y maduración en la candidata” o el “viraje de la campaña”. Por su sesgo analítico y pasiones personales redujeron todo a las relaciones entre los actores electorales, cuando no eran chismes y especulaciones. No entendieron cómo y porqué el discurso del amor y la ternura (de claro tinte femenino) despertó la empatía del núcleo duro de los adherentes al FA que se echó al hombro la campaña, y no así el discurso tradicional.

¿Quiénes lo entendieron mejor?
Los que enfocaron sus oficios y profesiones de manera lúdica, con mística artesanal y empática y que le dieron a la campaña esa actitud celebratoria que fue su sello distintivo. Sostuvieron simbólicamente el “romance” entre Vero y el pueblo con sus aportes; desde la auto-organización, auto-convocándose, llevando productos artísticos, conciertos, logística, ambientación, muralización, diseños, vídeos, grabaciones musicales, eventos pro-fondos, confeccionando prendas y accesorios. ¡Qué no hubieran hecho con una semana más de campaña!

Eso fue el Comité de Culturas con Vero y sus aliados, eso fue la Peña del FA y el sinnúmero de producciones musicales y audiovisuales anónimas que circularon por las redes. Equipos que produjeron infinidad de objetos estético-militantes propios, de factura original, reforzando el mensaje político y traduciendo a imágenes los contenidos de la campaña. Esas compañeras y compañeros crearon una enorme sensación de victoria que todavía se mantiene.

El rol político y analítico que juega el arte en estos procesos es fundamental. Martha Nussbaum[6], desde una perspectiva liberal (que hoy podría ser más radical que el enfoque conservador de muchos socialistas), tiene claro el papel de las pasiones y al arte como claves para entender el amor cívico y colectivo. A veces las emociones han sido usadas de manera coercitiva, como en las monarquías, administradas de forma cruel en los fascismos, y también en formas positivas en la emancipación de los pueblos al exaltar valores como el amor, la fraternidad y la igualdad.

La campaña de “Vero” fue muy emocional, afirmativa, femenina, empática y celebratoria, a pesar de las contradicciones de la izquierda, a pesar de no tener recursos económicos, a pesar del cáculo electorero y oportunista que nunca faltó en algunos, a pesar de la guerra sucia de la derecha y los oligopolios. No sabemos si su “romance” con el pueblo continúe, quizás sí, quizás no, depende de muchas cosas, no solo de ella, que ya hizo bastante al asumir el reto y llevarlo por el camino no solo del pan, también de la belleza.


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[*] Cantautor y filósofo. Miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.
[1] Según Spinoza estamos atravesados por pasiones o afectos tristes y alegres. Las pasiones tristes no aportan al desarrollo de la potencia de ser, que es el amor, ni a la relación y a la solidaridad con los otros, que se enlazan con el despliegue del deseo. Las pasiones tristes son las que debilitan la potencia de ser y se vinculan con la melancolía, la envidia, la depresión, el odio y la culpa paralizante. El desborde negativo de lo pasional nos aleja de los demás y pervierte la política. He visto oportunismos, fanatismos sectarios, celos, envidia, descalificaciones y pequeños odios disfrazados de “línea correcta”, “ideología”, “argumento político” o “crítica opinológica” únicamente por caprichos, prejuicios, egos heridos y una frustrada necesidad de reconocimiento.
[2] Las relaciones humanas se digitalizan: se re-crean los lugares, se sienten de otras formas el tiempo, las distancias, los sentimientos, los afectos y los compromisos colectivos. Las reflexiones de Marc Augé y Sygmunt Bauman, (Sobremodernidad y Modernidad líquida, respectivamente) lo explican bien. En el Perú, estos cambios se expresaron en la campaña generando desencuentros generacionales, de lenguajes y referencias políticas en torno a la figura de “Vero”.
[3] El carisma es un fenómeno que ocurre bajo ciertas condiciones y parámetros históricos, objetivos y subjetivos. Un binomio entre una colectividad y la persona que eligen para proyectar en ella sus anhelos y esperanzas. El hecho carismático es una relación de ida y vuelta, su fluidez y duración depende de la fortaleza del vínculo que se establezca entre la “gente” y su “líder” o “representante”, siendo tan efímero como el poder. Max Weber, en su célebre Economía y sociedad nos dice que en la relación entre dominación y legitimidad existe un dominio legítimo en el “carisma” o “autoridad carismática”, “obedece al caudillo carismáticamente calificado por razones de confianza personal en la revelación, heroicidad o ejemplaridad dentro del círculo en que la fe en su carisma tiene validez.” Y aunque el carisma de Vero no está en discusión, esta elección demostró que no siempre gana el líder más carismático, pues en política juegan otros factores. Ver Charles Lindholm. Carisma. Análisis del fenómeno carismático y su relación con la conducta humana y los cambios sociales. Gedisa, Barcelona, 2001.
[4] La abundante exploración de la empatía que hace la publicidad es un claro ejemplo de cómo la lógica del capital ha sido eficaz en construir sentidos comunes funcionales al sistema.
[5] Los avances de las neurociencias, las ciencias sociales y psicológicas aportan al enfoque que considera a la empatía como la nueva imagen de la naturaleza humana, alejándose de las teorías que consideraban al hombre intrínsecamente “competitivo, egoísta y calculador”. Se puede revisar el libro de Jeremy Rifkin. La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. Paidós, Madrid, 2010.
[6] Nussbaum, Martha. Emociones políticas. Porqué el amor es importante para la política. Editorial Paidós, Barcelona 2014.

 
     

 

 

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