Movimientos y sociedad
___________________________________

La batalla por Puno y
la batalla actual por el territorio
Una nota sobre la historia,
las circunstancias y la voluntad política

 

 

 

Carlos Monge[*]

 

 

 
 


Puno en los 80s y después
El libro La Batalla por Puno, de José Luis Rénique, ha sido felizmente reeditado gracias al esfuerzo conjunto de La Siniestra Ensayos, la Universidad Nacional de Juliaca y, por supuesto el autor (Lima, 2016). Como sabemos, el texto presenta los antecedentes históricos, la coyuntura nacional y regional específica y la interacción entre el campesinado puneño y tres proyectos políticos: el del APRA, el del Partido Unificado Mariateguista (PUM), y el de Sendero Luminoso. Los tres eran proyectos campesinistas o agraristas y los tres triunfaron en su demanda inicial (desarmar las empresas asociativas y pasar la tierra a manos de las comunidades). Pero los tres fueron derrotados estratégicamente en los 90s por el triunfo de un cuarto proyecto político que emergió en respuesta a los tres anteriores y logró finalmente el respaldo de la población rural: el populismo clientelista y autoritario del fujimorismo.

La novedad de la reedición es que nos trae un epílogo compuesto por dos textos adicionales. Uno del mismo Rénique que sigue la pista de los acontecimientos sobre Puno en los 90s y otro de Paulo Vilca, que nos actualiza hasta el pasado más inmediato.

Son textos breves que no resultan de una extendida investigación de campo ni regresan a un trabajo histórico de archivos, pero que reflejan un profundo conocimiento de la región y se mantienen en el estilo de La Batalla por Puno. Su tema central es cuáles fueron las circunstancias específicas nacionales y regionales en los 90s y 2000, y cómo diversas voluntades políticas buscaron expresar esas nuevas realidades, apoyándose en ellas para proyectarse como alternativas de gobierno regional y local y alimentar proyectos nacionales. Todo esto bajo el peso de esa “tradición de todas las generaciones muertas” (la historia) que “oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”[1].

De los textos se desprende que ha habido cambios de agenda y un complejo proceso de continuidad y caducidad de los liderazgos y proyectos de los 80s, combinado con la emergencia de nuevos proyectos y liderazgos. Resumo mi propia lectura de los textos y de esa realidad de la siguiente manera.

Hacia el final de los 80 se acaba la agenda de la tierra y mueren los proyectos agraristas de esa década. Luego, durante los 90s Fujimori logra una alianza clientelar, populista y autoritaria con la población rural, con base en una agenda que combinaba pacificación con lucha contra la pobreza.

En los 2,000 emerge una agenda más ambiental, con la contaminación del agua y la minería como sus grandes temas. De hecho, las grandes luchas recientes han sido la ya mencionada huelga aymara, las protestas de los campesinos de la cuencas de Suches y Ramis afectados por la minería de oro de las partes altas y, más recientemente, los reclamos por la inversión pública en las plantas de procesamiento de las ciudades costeras del lago Tititaca, para frenar su contaminación.

Pero junto con las agendas, cambian también los protagonistas y los líderes. Todo se complejiza. Se urbaniza la base electoral, pero se “indigenizan” los liderazgos. Por ejemplo, 15 mil aymaras toman la ciudad de Puno reclamando el retiro de la Bear Creek y el cierre del proyecto minero Santa Ana. Pero sus líderes –como Walter Aduviri requieren de reconocimiento, así como respaldo político y electoral de los centros urbanos de Puno y Juliaca, por lo cual sellan alianzas con proyectos nacionales como el de Gregorio Santos y la alianza MAS/Democracia Directa.

La última manifestación de este proceso es la derrota del fujimorismo triunfante en los 90s y la emergencia en el 2016 del Frente Amplio (FA) como fuerza electoral en el Altiplano. Y con el FA llega una combinación entre antiguos protagonistas de esta historia –como un Alberto Quintanilla que ha sido protagonista activo de la política local desde su militancia en el PUM en los 80s- y jóvenes que emergen a la política sin mayor vinculación con esas historias del pasado –como Horacio Pacori, líder regional de Tierra y Libertad.

En suma, volver a leer a José Luis Rénique en su texto original, y ahora leer su propio colofón y el de Paulo Vilca nos permite ver la evolución de historia durante los 90s y ahora desde la década del 2000 a la fecha. Es –literalmente ver cómo las voluntades políticas actúan en las circunstancias que les tocan y con una tremenda mochila histórica a cuestas.

Y ahora, emprendamos una reflexión sobre la historia, las circunstancias y las voluntades políticas en la experiencia de TyL y el FA
Creo que sería bueno comenzar a construir una cronología de las dinámicas sociales más recientes que han sido el fermento social del surgimiento de Tierra y Libertad en la segunda mitad de los 90 y durante los 2000, como las huelgas Amazónicas, el Baguazo y la resistencia rondera Piurana y Cajamarquina contra Rio Blanco y Conga, así como la resistencia agraria contra Tía María y los conflictos con Tintaya en Espinar. Claro está que estas dinámicas también alimentan otros liderazgos que son ahora parte del FA (como el Veronika Mendoza, que se destapa a partir de su ruptura con Humala a en protesta por la respuesta represiva al conflicto en Espinar) y que son competencia al FA (como es el proyecto del MAS en Cajamarca, que toma forma nacional en su alianza con Democracia Directa el 2016 y hacia adelante).

A esas dinámicas más rurales de defensa de agua, tierra y territorios, se suman después otras dinámicas, más urbanas, más juveniles, más mesocráticas, en las que los actuales componentes del FA son muy activos y que a su vez alimentan el proceso de construcción del FA. Me refiero a las protestas contra la repartija primero, al intento de consagrar mediante la Ley Pulpín un recorte sustancial de derechos laborales para los jóvenes que entran al mercado laboral después, y ahora a la movilización nacional contra el feminicidio y el maltrato a la mujer.

Creo que el reto es explorar cómo estas movilizaciones sociales han generado liderazgos y alimentado proyectos políticos, interactuando también con la izquierda previamente existente, sus visiones, sus líderes y sus proyectos. De hecho, la izquierda peruana tiene una larga historia y esta pesa en los nuevos procesos actuales. No hay de ninguna manera ruptura total con el pasado, pues hay tradiciones, visiones y personas que son parte de ese pasado largo e inmediato. Eso se puede ver en las caras y los discursos de TyL y del FA.

En este análisis, será también necesario observar las circunstancias específicas a las que estos nuevos y viejos liderazgos deben responder y en las que deben operar. Por ejemplo, el fin del Súper ciclo de las commodities y de la abundancia de renta minera hace imposible que la agenda redistributiva clásica de las izquierdas siga siendo predominante (como la ha sido en los progresismos gobernantes en Sudámerica de la última década) y abre paso a una nueva agenda post extractivista, en la que la diversificación productiva, la reforma tributaria, la gestión sostenible de los territorios, la defensa del medio ambiente, los derechos indígenas y la plurinacionalidad se vuelven tan centrales como la igualdad social.

Finalmente hay otros proyectos y liderazgos que se proyectan en estas circunstancias y que tienen éxito o no. Por ejemplo, el intento de articular a las “viejas izquierdas” en ÚNETE, la emergencia de nuevos liderazgos y proyectos como los de Julio Guzmán y el hoy Partido Morado, o el renacimiento de viejos liderazgos como los de Alfredo Barnechea y Acción Popular. Todo ello mediado por imponderables como la actuación del Jurado Nacional de Elecciones que interviene decisivamente en el proceso electoral al sacar del juego –con buenos o malos argumentos a liderazgos ascendentes como el de Guzmán.

José Luis Rénique no es solamente un estupendo historiador. Es un observador acucioso de la realidad, vitalmente interesado en lo que está pasando acá y ahora. Y una de las cosas que han pasado y están pasando ahora es la emergencia del Frente Amplio como segunda fuerza política nacional, con un enorme respaldo electoral en el Sur Andino. Y José Luis está siguiendo atentamente este fenómeno. De hecho, en los días en que redacto estas líneas él será panelista de Verónika Mendoza en una presentación en New York University, sobre la emergencia de esta nueva izquierda peruana en un escenario de caída de los progresismos que han estado en el gobierno en varios países de la región.

Esta nota es una invitación a que siga en esta línea de análisis, ahora observando el proceso de TyL y el FA que nos trae a las elecciones 2016 y los dilemas del presente.

______________________________

[*] Antropólogo e historiador. Militante de Tierra y Libertad y el Frente Amplio.
[*] La cita completa la presenta Rénique en su Colofón “Memorias Divididas y Larga Duración”, y es tomada de Carlos Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Die Revolution, Nueva York, 1852: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre albedrío, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.

 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo