Coyuntura
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La política macroeconómica
del nuevo gobierno

 

 

 

Óscar Dancourt[*]

 

 

 
 


El Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski hereda una economía urbana paralizada, una inflación baja pero que ha estado por encima del rango meta de la autoridad monetaria durante un periodo prolongado, y un déficit fiscal de 3% del PBI, el más alto de los últimos 15 años. Los motores externos, altos precios de metales y entrada de capitales, que han impulsado el crecimiento económico durante la última época de vacas gordas, están apagados para el futuro previsible.

La tasa de crecimiento del PBI no primario, que representa un 80% del PBI total y mide la actividad económica del Perú urbano, cayó a un 3.6% en 2014 y a un 2.4% en 2015, muy por debajo del 7.3% promedio anual registrado durante 2004-13 (BCRP 2015). Para 2016 se proyecta un crecimiento igualmente bajo del 2.8% anual de la economía urbana[1].

Este enfriamiento de la economía urbana se refleja en el comportamiento del empleo urbano en las empresas con más de 10 trabajadores. El empleo urbano se redujo en 14 de las 30 ciudades más grandes del país, entre noviembre de 2014 y el mismo mes de 2013; y volvió a contraerse en 15 de estas 30 ciudades, entre noviembre de 2015 y el mismo mes de 2014. Para abril de 2016, el crecimiento del empleo urbano total cayó hasta cero, cosa que no ocurría desde la recesión de 2008-09. El 2016 será el tercer año consecutivo de esta nueva época de vacas flacas en la economía de las ciudades[2] del país.

La principal tarea económica del nuevo Gobierno debe ser reactivar el aparato productivo urbano y crear empleos. El BCRP debe reducir su tasa de interés para abaratar y hacer más abundante el crédito en soles y el MEF debe aumentar la inversión pública. Esto generaría los impulsos monetario y fiscal positivos que se necesitan para poner en marcha la economía urbana.

Sin embargo, Pedro Pablo Kuczynski ha ratificado en su cargo al actual presidente del Banco Central; esto indicaría que la política monetaria no va a cambiar. Es decir, la tasa de interés de referencia del BCRP no bajaría mientras la inflación sea superior a la meta, que es muy baja, o mientras existan presiones al alza del tipo de cambio. Respecto al impulso fiscal, el Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ha prometido una nueva rebaja de impuestos (IGV). Sin revertir completamente la reducción del impuesto a la renta iniciada por el Gobierno de Humala, estos recortes impositivos, acompañados de una meta de déficit fiscal igual al 3% del PBI, generarían un impulso fiscal negativo en vez de uno positivo.

Si los ingresos fiscales totales caen por las rebajas impositivas, como ocurrió en 2015, esto exigiría una disminución equivalente de la inversión pública, para garantizar que esta meta de déficit fiscal se cumpla. Por ejemplo, si los ingresos fiscales de 2017 caen en 1% del PBI, la inversión pública de 2017 tendría que recortarse en 1% del PBI. Reducir el déficit fiscal de 3% del PBI en 2016 a 2.5% del PBI para 2017 requeriría una recorte extra de la inversión pública de 0.5% del PBI. Y, como en 2014-15, este recorte afectaría especialmente a los Gobiernos Locales y Regionales.

Esta política fiscal tiene un efecto neto recesivo porque el impacto negativo del recorte de la inversión pública es mucho mayor que el impacto positivo de la rebaja impositiva que estimula el gasto privado. Según el BCRP, “cuando el impulso fiscal se descompone por ingresos y gastos y se pondera cada uno de estos factores por su efecto multiplicador en la actividad económica, [resulta que en 2015] la política fiscal tuvo un impacto contractivo de 0.5% del PBI”[3].

El estancamiento de la economía del Perú urbano se convertirá en una recesión abierta, si el Gobierno de Kuczynski persiste en las políticas monetarias y fiscales aplicadas por el Gobierno de Humala durante 2014-15. La paradoja es que pudo y puede financiarse fácilmente una inversión pública mayor y un déficit fiscal mayor: el Fondo de Estabilización Fiscal y otros depósitos en dólares del gobierno peruano, incluidos en las reservas de divisas del BCRP, equivalen a un 7% del PBI; el Gobierno peruano tiene acceso fluido al crédito en los mercados interno y externo de bonos; y, por último, la deuda pública peruana es pequeña y no excede el 25% del PBI. Y, ciertamente, si uno desea un déficit fiscal menor o una inversión pública mayor, se puede revertir la injustificable rebaja impositiva lanzada por el Gobierno de Humala a fines del 2014, que tendrá efectos por varios años más. Si eso ocurriera, habría que hacer las cuentas para saber si el impulso fiscal es positivo o negativo.

Grafico 1
Producción y empleo urbano



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[*] Economista y docente universitario, ex presidente del Banco Central de Reserva del Perú.
[1] Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) Reporte de Inflación, segundo trimestre.
[2] El PBI total creció 3.3% en 2015 y se proyecta que crecerá 4% en 2016, según el Reporte de Inflación (BCRP 2016). Estas cifras reflejan la expansión del PBI minero, 15% en 2015 y 18% en 2016, generada por la maduración de grandes proyectos de inversión iniciados en la época de precios altos de los metales.
[3] Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Memoria. 2015.


 
     

 

 

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