Coyuntura

___________________________________

 

La izquierda millenial
ante el momento republicano

 

 

José Luis Rénique[*]

 

 

 
 


“La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere” decía Jean Cocteau. Tras su inusitada performance electoral, la izquierda frenteamplista necesita una narrativa remozada bien enraizada en la historia del país que pretenden liderar. Aquí, unas impresiones de visitante.

Desde Juliaca -gran centro del emprendimiento andino-, conversando con las autoridades de la flamante Universidad Nacional de Juliaca[1] me ha quedado la impresión de que, en el marco del espíritu pragmático que ha acompañado a la implantación en el Perú del modelo neoliberal, se perfila una expectativa de corte ideológico. Una situación, vale decir, en que, en la continuidad de una entusiasta supeditación a la dinámica del mercado, se insinúa –en sectores críticos de la sociedad– el afán por una visión de conjunto, más que una mera “hoja de ruta”, un efectivo horizonte ideológico (aunque la palabra resuene al siglo pasado).

De cara al Bicentenario de nuestra Independencia, ante la crisis del llamado “socialismo del siglo XXI” y al cabo de la experiencia del reciente proceso electoral (en que, singularmente, miles de votantes identificados con la “izquierda” otorgaron su voto a un candidato de “derecha”), esa inquietud “ideológica” toma la forma de un “momento republicano”. La historiadora Carmen McEvoy y el politólogo Alberto Vergara se han referido al tema con particular énfasis en los últimos tiempos. Se trata, para ser sintético, de recobrar el sentido de lo que Jorge Basadre describía como el “problema y posibilidad” aún por concretarse. Replegado el “etnonacionalismo” humanista, ante un fujimorismo carente de contenido doctrinario preciso[2] y una izquierda de –supuestamente– dudosas credenciales democráticas, no es extraño que el tecnocratismo pepekausista asuma como propia dicha perspectiva.

A raíz de la reedición de mi libro La batalla por Puno: Conflicto agrario y nación en los Andes peruanos (Lima: Siniestra Ensayos/UNAJ, 2016, 2da edición) –originalmente publicado en 2004- retorné al altiplano un par de semanas atrás. Nuevas lecturas para una investigación animada por el fragor del conflicto interno de los años 80 y 90. Resuelta la “cuestión de la tierra” con el arrasamiento de las empresas asociativas creadas por el velasquismo un nuevo temario se ha ido delineando:

a. el desplazamiento del populismo campesinista por un activismo rural enfocado en la demanda de políticas públicas inclusivas y consensuadas con la población; b. el debilitamiento de las propuestas políticas de carácter “étnico” tras una infructuosa década de experimentación;[3] c. el desplazamiento de la elaboración de una perspectivas “identitarias” orientadas a desentrañar la “lógica andina” de la dinámica regional por un desarrollismo de raíces endógenas liderado por una emergente tecnocracia local basada en un pujante sector universitario; d. revaloración, en este contexto, de la figura de Juan Bustamente[4] no ya como “rebelde agrarista” sino como un liberal decimonónico que –a pesar de su insoslayable paternalismo– capaz de plantear problemas de gran relevancia actual relativos a la consolidación de una “ciudadanía indígena” en el marco de una República que llevara a las provincias andinas “la libertad ganada en las pampas de Ayacucho”.

Cargando las tintas, podría decirse que, agotado el periodo de los movimientos sociales emerge –sobre la dispersión del otrora huracán campesino– la voluntad modernizadora de las capas educadas que –tras una década de fallida experimentación “étnica”– andan a la búsqueda de un referente más amplio como puente a su integración al Estado-Nación a nueva visión más integradora. ¿Es el republicanismo la respuesta idónea a esta demanda? ¿Si el Mayor del Ejército Peruano Teodomiro Gutiérrez Cuevas (a) Rumi Maqui, un rebelde milenarista en toda línea era el héroe propiciatorio altiplánico de la era velasquista, no sería Juan Bustamante la figura representativa en un momento como el actual?

La situación descrita obliga a la “izquierda” a dar nuevos pasos en el proceso de lo que Marisa Glave describi como “secularización” de la izquierda. Es pertinente, al respecto, considerar la observación del historiador cubano Rafael Rojas sobre la pobre capacidad de legitimación histórica de la izquierda latinoamericana de la era chavista, a pesar de sus relativos “éxitos” socio-políticos[5]. En el caso de la izquierda peruana diversos factores (de la fundación mariateguiana al campesinismo maoísta, pasando por la necesidad de marcar diferencias con el “nacionalismo pequeño burgués” aprista) propiciaron una suerte de obliteración del siglo XIX alentando la visión de un “corto siglo XX” en que la emergencia del régimen oligárquico semi-colonial diseccionado en los Siete Ensayos de José Carlos Mariátegui contrastaba con un previo “siglo a la deriva” (Heraclio Bonilla) o “República de la mentira” (Manuel González Prada) que no requería mayor atención.

Estos sesgos de origen pasan factura al momento de articular una respuesta desde la izquierda al momento republicano en ciernes. Llamo la atención sobre la necesidad de recobrar la crítica liberal del XIX como parte de una tradición de la izquierda que la “derecha” insiste en vincular, exclusiva y arteramente, con la vertiente comunista contrapuesta a la democracia. Este derrotero pasa por recobrar críticamente las voces de quiénes, como Francisco de Paula González Vigil, los hermanos Gálvez, Juan Bustamente y por supuesto Manuel González Prada aspiraban a que la República fundada en 1821 funcionara para todos a pesar de las fuertes limitaciones que le imponían sus raíces “criollo-costeñas”[6].

En Imaginar la Nación: viajes en busca del “verdadero Perú” (1881-1932) (Lima: IEP, 2016) muestro las complejidades confrontadas por quienes emprendieron la aventura de articular una visión de la nación peruana en los años de la postguerra del Pacífico. Resaltan en ese marco los méritos tanto como las limitaciones de las propuestas políticas de Mariátegui tanto como de Haya de la Torre[7]. Además de La batalla por Puno en otros dos libros La voluntad encarcelada: Las luminosas trincheras de combate de SL (Lima: IEP, 2003) e Incendiar la Pradera: Un ensayo sobre la revolución en el Perú (Lima: La Siniestra Ensayos, 2016) exploro las consecuencias –a veces trágicas– de la aplicación de esas propuestas al país realmente existente. Cargando nuevamente las tintas, podría decirse que, a partir de los 80 –precisamente cuando aparecía como más poderosa bajo el formato de IU– la izquierda peruana afronta una especie de “tormenta perfecta” que golpea dramáticamente sus postulados históricos básicos. Al colapso de los regímenes socialistas se suman, entonces, las miserias del campesinismo maoísta, mientras que la militarización y el fujimorismo cancelan los espacios “naturales” de construcción de una izquierda de masas. De esa crisis se recupera la izquierda enarbolando banderas –por decirlo así— de origen “burgués-liberal”: Democracia, ciudadanía, derechos humanos; quedando pendiente la formulación de una verdadera reformulación ideológica. No ya una nueva excursión en busca de modelos importados sino una efectiva exploración de nuestra propia “tradición radical” –un ejercicio tan viejo como la República, de construcción de una nación moderna y soberana, leal a sus raíces andinas y sintonizada, al mismo tiempo, con la “escena contemporánea”–. El advenimiento de un “momento republicano” –en el marco, más aún, de una situación crítica para los proyectos de izquierda a través de la región– hace ineludible dicha tarea.

______________________________

[*]Historiador y docente universitario.
[1] Interesante proyecto de “universidad pública de calidad” que recuerda a otros experimentos de modernización educativa verificados en el interior serrano del país. Véase al respecto: J. L. Rénique, “Universidad y Nación en el Perú del siglo XX: Historias de la periferia sur andina” en Miguel Giusti, ed., Universidad y Nación, Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2013, pp. 139-174.
[2] Interesante recordar la respuesta de Alberto Fujimori a la pregunta de un periodista por algún personaje histórico nacional que suscitara su admiración: declinó mencionar a alguno el entonces presidente de la República.
[3] Véase al respecto Paulo Vilca Arpasi, “Tiempos de cambio en la última frontera” en J.L. Rénique, La batalla por Puno, 2da edición, pp. 483-512.
[4] Ver Ibid., capítulo 1.
[5] Rafael Rojas, “El relato de la izquierda latinoamericana” en El País, 9-7-2012 http://elpais.com/elpais/2012/05/17/opinion/1337260459_464923.html y http://nuso.org/articulo/de-la-critica-a-la-apologia-la-izquierda-latinoamericana-entre-el-neoliberalismo-y-el-neopopulismo/ Véase también: H.C.F Mansilla, “El retorno de las ilusiones asociadas al cambio radical. Una breve crítica de algunas concepciones teóricas sobre el populismo latinoamericano” (Enero 2014) http://institucional.us.es/araucaria/otras_res/2014_4/resegna_0414_2.htm
[6] En su ensayo “Vijil” publicado en Pájinas Libres –previo a su etapa anarquista y a pesar de su general escepticismo con la tradición liberal peruana– González Prada presenta una interesante valoración de esta corriente a partir de la figura de Francisco de Paula González Vigil: http://evergreen.loyola.edu/tward/www/gp/libros/paginas/pajinas9.html
[7] Para una síntesis crítica de mi argumento véase: Jorge Frisancho, “José Luis Rénique y la salvación del Perú”. En: http://escritoalmargen.lamula.pe/2016/05/04/jose-luis-renique-y-la-salvacion-del-peru/jorgefrisancho/ y Peter Elmore, “Nueve viajeros en busca de un país” en
Libros & Artes, Revista de Cultura de la Biblioteca Nacional del Perú, no. 80-81, Junio 2016.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo