Tema central
Mas allá de los gobiernos progresistas
en América Latina

___________________________________

 

El Frente Amplio uruguayo

Entre el final del ciclo progresista y la urgencia
de renovación[1]

 

 

Álvaro Campana Ocampo[*]

 

 

 
 


El pasado mes de julio, el Frente Amplio de Uruguay (FA-U) realizó elecciones internas para elegir presidente, autoridades, representantes al Plenario Nacional, así como de la Mesa Política. Participaron más de 92 mil ciudadanos, teniendo como únicos requisitos ser mayores de 14 años y estar inscritos como militantes de la organización, pudiendo en el caso de no estarlo adherir a la misma al momento de la votación. Este proceso de elección interna, que ya es parte de la tradición del FA-U, evidencia su fuerza y capacidad de movilización, y constituye un elemento que lo diferencia de otras organizaciones políticas en el país.

No obstante, esta elección hizo notar una menor participación en comparación a los procesos anteriores, cayendo en un 46% respecto de la anterior. La cual a su vez ya había caído en un 23 %. El año 2001 Tabaré Vásquez fue elegido como presidente del Frente Amplio con aproximadamente 250 mil votantes, el 2006 lo fue Jorge Brovetto con más de 200,000 y el año 2012 Mónica Xavier del Partido Socialista (PS) resultó electa en un proceso donde participaron 170 mil votantes. Esta vez fue elegido Javier Miranda, proveniente de un sector moderado de la coalición, apoyado principalmente por el Partido Socialista y el sector “Astorista” en alusión al Ministro de Economía Danilo Astori, uno de los referentes del FA-U.

Esta vez además, los sectores más “radicales” fueron los que lograron mayor presencia en el Plenario Nacional (máximo organismo de decisión) entre ellos el Movimiento de Participación Popular (MPP) del ex presidente y ex guerrillero Pepe Mujica, así como el Partido Comunista (PC) con importante presencia en el movimiento sindical. A ello se suma el avance de sectores políticos más alternativos como Casa Grande de la senadora Constanza Moreyra y el IR de la diputada Macarena Gelman que reclaman por una renovación política y generacional del FA.

Los resultados de este proceso brindan algunas pistas de las “tensiones creativas” que atraviesa al FA-U, tras detentar por tercera vez consecutiva el gobierno del Uruguay, delineando también perspectivas para avanzaren el actual momento político, signado por el llamado “fin del ciclo progresista” en la región.

Los viejos desafíos del FA-U
Es importante mencionar que el FA-U es una antigua coalición de izquierdas, de sectores progresistas y nacionalistas fundados en 1971, es decir hace 45 años, y que ha atravesado a lo largo de su existencia importantes desafíos históricos. Un antecedente importante de su fundación es la unificación del movimiento sindical en la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) entre los años 1964-1966. En su primera participación electoral con la candidatura del general Líber Seregni a la presidencia del República, el FA alcanzó el 18% de la votación. Un porcentaje importante en un contexto de profunda crisis económica y fuerte resonancia del proceso Chileno encabezado por la Unidad Popular y su vía democrática al socialismo con el cual se identificaba. Posteriormente, la influencia de la revolución cubana, el ascenso de las luchas sociales y la violencia política, dado el creciente autoritarismo gubernamental y la aparición de la guerrilla Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), impactarán en su desarrollo. Con el golpe militar de 1973 el FA sería ilegalizado y reprimido, situación que se prolongó hasta 1985.

Tras el retorno a la democracia aparecen nuevos desafíos e interpelaciones: Se instaura el Consenso de Washington y se produce la caída del Muro de Berlín con el consecuente fin del llamado Socialismo Real. Esto lleva al FA-U a una profunda mutación programática y política, lo cual no quiere decir que los elementos anteriores de identidad desaparezcan, permaneciendo como elementos fundamentales de su proyecto político y sus características organizativas aspectos como el marxismo, la reivindicación del socialismo como horizonte y el reconocimiento y valoración de la democracia, la institucionalidad, el pluralismo político.

La “mutación” del FA implica más bien algunas rupturas por derecha e izquierda en medio de un enfrentamiento entre el “frentismo tradicional” y una “nueva izquierda progresista”. La primera ruptura se produce con el sector moderado, que pasa a conformar el Nuevo Espacio, debido a la discusión sobre la política de alianzas, pues los sectores moderados planteaban ampliar su arco hacia los partidos tradicionales a fin de alcanzar el gobierno. La experiencia del gobierno de Montevideo en 1989 y un rol mucho más activo en los debates más importantes del país en interlocución con otros actores políticos en temas de Estado, hicieron posible la reunificación en el Encuentro Progresista-Frente Amplio. Este proceso permitió afirmar el FA-U como un espacio policlasista y diverso, cuestionando la identidad exclusivamente marxista, moderando sus objetivos revolucionarios y otorgándole un rol importante al mercado.

Como en sus orígenes, el FA-U encuentra la oportunidad de llegar al Gobierno con la crisis económica de 1994, el viraje a la izquierda del continente, y el descrédito creciente de los partidos tradicionales (el Partido Colorado y el Partido Nacional) cuya ocasión será aprovechada para denunciar el fracaso del neoliberalismo y del bipartidismo. Finalmente el FA-U llegará al gobierno el 31 de octubre de 2004 siendo elegido como presidente Tabaré Vásquez con el 50.45% de los votos.

Para concluir esta parte, vale mencionar que actualmente el FA-U contiene a más de 40 organizaciones o sectores políticos. Destaca así el que se haya podido afirmar como una fuerza que gana el voto del centro político sin perder su identidad de izquierda, lo cual fue posible en buena parte con la incorporación del radical MLN-T a través del MPP en 1989. Incluir a los “Tupas” impidió que aparezca un desafío hacia la izquierda y permitió que uno de sus referentes históricos, José “Pepe” Mujica, llegue a ser presidente de Uruguay por el FA. Otro factor destacable en el proceso del Frente Amplio es el haber construido una institucionalidad fuerte, de partido, que afirma una identidad frenteamplista sin que los partidos pierdan sus identidades, pasando a ser de una coalición de partidos a un “partido coalición”[2].

Actualmente, el FA-U se define como una fuerza política de cambio y justicia social, nacional, progresista, democrática, popular, antioligárquica y antimperialista. Conformado por los sectores políticos como coalición, también se define como movimiento al impulsar una militancia de base frenteamplista. Esto se expresa en diversas instancias de dirección donde el movimiento tiene una importante representación, equivalente a la de los sectores políticos.

Los nuevos desafíos
Muchos anticipan que tras quince años en el gobierno, el FA-U sufre un desgaste inevitable. Influyen en ello la crisis económica generada en la región por la baja de los precios de los commodities y la retracción de los mercados, sobre los cuales el FA-U ancló sus diversas políticas tanto de crecimiento, redistribución económica así como intentos por promover a determinados sectores productivos. Así como en el pasado estas crisis abrieron paso al FA-U, puede que hoy les toque a los partidos de oposición abrirse el suyo.

De modo similar a lo ocurrido con otros gobiernos progresistas, en el caso de Uruguay también han avanzado la concentración de tierras, la promoción de las actividades mineras, la afectación ambiental de sectores urbanos y rurales, la transnacionalización y financiarización mayor de la economía. Esto ha generado también resistencias sociales.[3] Recientemente se abrió una polémica por la reforma fiscal impulsada por el Gobierno de Tabaré Vásquez con el fin de contrarrestar la crisis económica y revertir el déficit fiscal. Tal medida concitó la crítica de todos los sectores, pues aunque según el gobierno se aumenta la carga impositiva a los más pudientes, los trabajadores consideraban que también serían afectados.

Es importante resaltar esto pues debe evaluarse hasta qué punto los sectores promovidos por el gobierno han logrado avanzar en un nuevo modelo de desarrollo. Cabe preguntarse entonces por los límites en el programa de transformación impulsado por el Frente y las razones de estos límites en un país que quiere cambios, pero también se afirma en continuidades.

Hacia adentro del FA-U existen otros desafíos. Podemos destacar entre ellos un retraimiento del pueblo frentista, del movimiento de base, ya que las pugnas entre los sectores políticos por la hegemonía dentro del Frente cobrarían más protagonismo. Los espacios de base estarían siendo sido copados por algunos de estos mismos sectores “político partidarios”, teniendo estos también mayor incidencia directa en los asuntos del FA-U. Esto ha ido generando una creciente fragmentación política debido a la conformación de nuevos sectores político partidarizados, debiendo sumarse el peso de las dinámicas de consulta entre las bases del Frente y el Gobierno no siempre ágiles y operativas.

Otro desafío clave, que forma parte de las tensiones creativas del FA-U hoy, es la renovación generacional. Estas tensiones tienen que ver con la renovación de liderazgos dentro del FA ya que los referentes siguen siendo militantes provenientes de décadas pasadas pero también con culturas políticas diversas. Los distintos grupos generacionales conviven en un mismo espacio de naturaleza policlasista, pues el FA agrupa a la clase trabajadora, a sectores plebeyos, rurales, las clases medias, etc. La forma de encarar la agenda de los derechos humanos, los derechos de las mujeres, la preocupación ambiental, los problemas de los jóvenes y la discusión sobre la seguridad han estado en el centro de estas polémicas en el ejercicio de Gobierno del Frente Amplio, pero son demás parte de importantes movilizaciones sociales. Es de considerar también el hecho de que en las elecciones internas a la presidencia no participó ninguna mujer, a la vez que algunos sectores políticos se aliaran tras el candidato más joven exigiendo renovación en el Frente. Es el caso de Alejandro Sánchez del MPP, que fue en alianza con grupos como el IR que propugnan renovación política y ponen énfasis en la convocatoria de jóvenes y mujeres.

A ello podemos agregar la compleja relación que debe desarrollarse entre las instancias del FA-U con el Gobierno frentista donde importante dirigentes del FA tienen responsabilidades políticas, lo mismo que con la bancada compuesta por representantes de los diversos sectores políticos, y con el movimiento social y las bases. Finalmente, el avance de Unidad Popular, una coalición de organizaciones de izquierda disconformes con el FA fundada en el 2013, parece plantear la posibilidad de un espacio a la izquierda del FA-U. La preocupación por el tema ambiental, particularmente la minería a cielo abierto cada vez más agresiva, parece haber permitido un desempeño importante al Partido Ecologista Radical Intransigente que no logró representación pero evidencia a sectores cuyas preocupaciones sienten no están expresadas en el Frente.

Algunas preguntas finales
Ante el llamado fin del ciclo progresista en la región, urge retomar un debate ideológico necesario dentro del Frente Amplio Uruguayo, que a lo largo de 41 años ha transitado de un programa con una gran impronta revolucionaria y marxista a una propuesta progresista y neodesarrollista, la cual le permitió acceder al gobierno. Se debe destacar que su énfasis mayor fue, al alcanzar el gobierno, gobernar “responsablemente”, lo que equivale a mantener ciertas recetas a nivel macroeconómico e impulsar algunos cambios importantes en el país de alcance redistributivo, derechos y servicios. Pero ¿hasta qué punto este énfasis en ser gobierno ha sido el que ha limitado el marco de acción económico y político en el que el propio gobierno frentista se ha desenvuelto? ¿Cuánto de esto lo ha desconectado de su lado movimientista y de la cotidianidad de su militancia y en qué medida urge reconectarse con esta dimensión de la estrategia política de cambio, configurando una estrategia de poder más integral? ¿Cómo rehacerse y persistir en propugnar en una propuesta de cambios profundos en un país bastante institucionalizado como el uruguayo? Son preguntas que quedan abiertas para la discusión.

______________________________

[1] Este artículo tomó como referencia algunas notas periodísticas, algunas idea surgidas del intercambio con compañeros y compañeras del Frente Amplio Uruguayo en una reciente visita del autor en el mes de mayo. Ha sido importante también la lectura del libro de Adolfo Garcé y Jaime Yaffé La era progresista. Hacia un nuevo modelo de desarrollo. Tercera edición. Montevideo. Fin de Siglo. 2014.
[*] Historiador, militante del Movimiento Sembrar – Cusco y miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.
[2] Es decir, pasó de ir constituyéndose en un espacio que funciona como un partido que admite internamente la existencia de organizaciones políticas y ciudadanos y ciudadanas organizadas en bases, un partido con sectores y movimientista y con una fuerte identidad frentista.
[3] Ver: Raúl Zibechi. “Uruguay: Nace un movimiento contra la minería y el extractivismo” En: Herramienta. Debate y Crítica Marxista.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo