Tema central
Mas allá de los gobiernos progresistas
en América Latina

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Más allá de los “progresismos”:
Crisis de hegemonía y fin de ciclo en América Latina

 

 

Entrevista a Massimo Modonessi[*]

 

 

 
 


OJO ZURDO: De modo general ¿cómo describirías el proceso de ascenso, estabilización y declive actual de los progresismos latinoamericanos… estamos efectivamente finalizando un ciclo?

MASSIMO MODONESSI: Respecto al progresismo latinoamericano hay dos cuestiones que quisiera resaltar. Una tiene que ver con su caracterización general y la otra con el momento que vive actualmente. Sobre su caracterización general hace un tiempo formulé la hipótesis de que se trataba de “revoluciones pasivas”, recuperando un concepto de Gramsci útil en tanto plantea el análisis en dos dimensiones; por un lado permite la evaluación respecto a qué tan conservadores o tan transformadores fueron esos procesos y esos Gobiernos. Decir revolución puede ser una palabra que genera cierta preocupación, pero Gramci la utlizaba en términos muy laicos, más como la tensión revolución / restauración clásica de la posrevolución francesa. Pero no debemos quedarnos en un análisis meramente estructural, de políticas públicas o iniciativa estatal. Corresponde mirar en qué medida los progresismos son producto de cierta correlación de fuerzas y producen cierta correlación de fuerzas, y en qué medida la dimensión subjetiva se juega al hilo de la tensión entre lo activo y lo pasivo; la activación-movilización-politización o la pasivizacion-desmovilización-despolitización, como dos ejes antitéticos. Insisto en que es necesario llevar el debate a este plano, más allá de quedarnos entrampados en si se trata de posneoliberalismo o no. Reconocer que sí hay un fuerte componente de subalternizacion y pasivizacion, poniendo el acento en que son procesos que si bien emergen de cierto empuje de los movimientos populares de corte antineoliberal, terminan siendo procesados desde una conducción que tiende a asumir que el Estado es el lugar por excelencia de la dinámica política. Esa es una caracterización que sirvió para entender la emergencia e implementación de cierto formato progresista en la región, y desde esa misma lógica se pueden ver las inflexiones y analizar el otro tema: el pasaje de lo progresivo a lo regresivo. Usando nuevamente términos gramscianos, las revoluciones pasivas suelen tener dos dispositivos internos: el cesarismo y el transformismo. Cuando Gramsci habla de cesarismo —que traducido en lenguaje latinoamericano es el caudillismo o, en términos sociológicos, el liderazgo carismático— sostiene que puede haber cesarismos progresivos y regresivos, dando cuenta de una tensión entre tendencias progresivas y regresivas que siempre se juegan en esos fenómenos híbridos, ambiguos que podemos llamar revoluciones pasivas. Hay que descifrar tendencias progresivas y regresivas, las combinaciones de ellas y cuál en última instancia tiende a dominar. Yo creo que la primera etapa de los Gobiernos progresistas tenía y tiene, donde siguen en pie, una clara tendencia progresiva.


OZ: Estas etapas, ¿cómo las situamos temporalmente?

MM: Situaría esta primera etapa entre 2003 e inicios de 2012, que guarda relación con el giro económico favorable y la derrotas de las derechas, particularmente en Bolivia y Venezuela, donde fueron vencidas no solo electoralmente sino también en las intentonas golpistasque protagonizaron. Hoy vivimos un nuevo momento, marcado por la caída de los precios de los commodities, donde las derechas vuelven a levantar cabeza y aquellos sectores de izquierdas más autónomos que habían quedado en el campo del progresismo, tienden a distanciarse, empiezan a surgir conflictos, contradicciones que, al aflorar, hacen que el progresismo pierda consenso y con ello capacidad de convencimiento, por derecha y por izquierda. Justamente la hegemonía se mide en función de que tanto logras abarcar en términos del consenso. Entre 2012 y 2013, por ejemplo con las Jornadas de Junio en Brasil que son un punto de inflexión en el lulismo, se abren claramente flancos a la derecha y la izquierda que evidencian la crisis de la hegemonía progresista. Estas tendencias regresivas se manifiestan también en la ejecución de las políticas públicas que tienen mucho que ver con lo económico, pues las facciones más conservadoras, más ligadas al gran capital adquieren mayor peso y apelan más frecuentemente a la represión, la judicialización y la criminalización de la protesta. Esto se puede interpretar en términos de pérdida de hegemonía, de giro de lo progresivo a lo regresivo como claves de lectura que permiten dar cuenta de un pasaje epocal. Creo que varios percibíamos esa tendencia hace unos años pero, con mucha franqueza, no pensé que se iba a desbaratar tan rápido. Incluso al usar la noción de hegemonía asumía —y sigo asumiendo con reservas— que existía cierta sedimentación del progresismo, que no era solo una mera experiencia electoral y sí había ciertos equilibrios políticos que harían más difícil la restauración neoliberal. No tanto que las derechas ganaran las elecciones, sino que esas derechas no estuvieran en condiciones de aplicar un programa de corte abiertamente restaurador, cosa que el macrismo al parecer sí está haciendo. No pensé que en Argentina se pudiera dar esto así, tan abiertamente; también hay quienes sostienen que el kichenerismo no era tan progresista y por tanto el macrismo no es tan restaurador. En todo caso, hay indicios que dan cuenta de un realineamiento de la derecha hacia un programa franca y abiertamente neoliberal.

OZ: Esa es la hipótesis de que en Latinoamérica el progresismo había logrado correr el eje de la derecha y por tanto los esfuerzos restauradores no iban a ser tan profundos…

MM: Eso pensé, tomando en cuenta incluso que dentro de las derechas había sectores sociales demócratas. Pero estamos en un momento de pasaje, hay todavía cosas que observar. Lo que sí quiero resaltar es que el tema de la pasivizacion y la subalternizacion es crucial; es lo que tenemos en Brasil con la destitución de Dilma. Otra cosa tendríamos si no se hubiera dado ese proceso de desmantelamiento de las capacidades autónomas de movilización. Ahora, paradójicamente, la brutalidad de la derecha en ese proceso de impeachment podría darle nueva vitalidad al PT, puede haber cierta reactivación por las circunstancias del golpe. Si mañana sucede eso en Bolivia también se reactiva el movimiento social. O en Venezuela, donde es impresionante como no hay una gran movlización, y eso que Venezuela es el país donde más discutible es la hipótesis de la pasivización porque hubo muchas iniciativas movilizadoras, desde arriba o desde el Estado, pero movilizadoras al fin y al cabo. A pesar del PSUV y gracias a las experiencias desde abajo y a las Comunas, no se observa solo una voluntad de control social y político como, por ejemplo, en el caso boliviano donde el MAS, naciendo de la experiencia de los movimientos sociales, práctica una lógica clientelar-corporativa de mediación partidaria y apuesta al caudillismo evista como formato político, no solo electoral, sino de mediación ideológica, etcétera.

OZ: ¿Cómo quedan las izquierdas, las fuerzas políticas de izquierda en este nuevo escenario, en este pasaje restaurador que hemos ubicado?

MM: Creo que quedan muy mal paradas, esa es la parte lamentable. Son arrastradas o arrasadas por el proceso pasivización-desmovilización-subalternización. Se reactivan parcialmente porque el conflicto no termina de desaparecer y sobre ese conflicto se despliegan ciertas prácticas y sobre esas prácticas se reactivan ciertas formas que pueden sedimentar en lógicas organizativas. Algo hay, no quiero decir que hay una tabla rasa; pero guardando las proporciones, es como cuando cae el muro de Berlin y arrasa hasta con las corrientes críticas del marxismo. La caída de los Gobiernos progresistas no deja en buena salud ni siquiera a las izquierdas críticas del progresismo que no logran capitalizar la crisis. Paradójicamente, donde las izquierdas se revitalizan —o pueden hacerlo— es en países donde no hubo gobiernos progresistas, como el caso de Perú o Colombia. Mientras en los otros casos no hay una salida en lo inmediato a la izquierda del progresismo, el escenario es de recomposición hacia a la derecha. No quiero usar la palabra restauración porque siento que es dar por hecho que el formato es restaurador; hay una recomposición hacia la derecha, eso es innegable, pero decir restauración es asumir que regresamos al statu quo anterior y eso es discutible. Se está dando la disputa respecto a eso. También hay que ver cuánto puede durar el macrismo o que queda de Brasil, para hablar de restauración debemos verla en acción y luego verla durar un poco en el tiempo.

OZ: Si no hay salida a la izquierda en ninguno de estos países… entonces entramos a un momento de repliegue y reflujo.

MM: Sin duda para las izquierdas es un momento de reconstrucción y acumulación de fuerzas para poder estar en posición de volver a disputar el poder con posibilidades. Habrá que ver también cómo opera el progresismo en la oposición, qué significa el hecho que el PT pase a la oposición, qué significa que el kichnerismo sea hoy oposición. Hay que ver si tendrán capacidad de recolocarse como tradiciones y fuerzas políticas de oposición, o si quedan debilitadas y desacreditadas respecto a las experiencias que tuvieron, eso es algo que habrá que evaluar en el mediano plazo, porque la hipótesis restauradora o de recomposición de la derecha también puede reactivar aquello que había sido pasivizado y subalternizado y más allá incluso de la voluntad de las fuerzas progresistas o de forma estrictamente instrumental, en términos de campañas electorales, de irse volviendo a situar en el escenario político. Incluso a esas izquierdas que ocuparon espacios críticos les va a costar sostenerse una vez que el progresismo pase al campo opositor, porque se nutrieron de ser oposición de izquierda y ahora ese campo está también habitado por fuerzas que son más conciliadoras, más amplias y deben competir con ellas.

OZ: ¿Cómo quedan en esta crisis los movimientos sociales, los movimientos socio- políticos que acompañaron las experiencias de Gobiernos progresistas por lo menos en la primera etapa?

MM: Los que acompañaron a los Gobiernos progresistas creo que perdieron cierta credibilidad y legitimidad que podrían recuperar en la oposición, aunque esa posibilidad está ligada a la capacidad real que tengan de reactivar espacios de conflicto. Si se pasivizó, se desmovilizó, se despolitizó, ¿qué queda hoy? Hay que ver si eso fue solo coyuntural o son procesos que expresan inercias de mediano plazo. ¿Fue solamente una suspensión ligada al ejercicio de Gobierno o el músculo de la movilización quedó atrofiado y hay que reactivarlo en plazos más largos? Esa es la pregunta, porque si es simplemente una suspensión pues rápidamente vuelve a activarse, pero me temo que esos periodos fueron largos, son suspensiones de una década, son suspensiones que marcan generaciones, una generación que se politiza desde un lugar donde la movilización es esporádica o es contenida porque no es el clima de época y, más aún porque, las fuerzas de una izquierda institucional no toleran ni incentivan, e incluso colocan el chantaje a quien se mueve o critica está con la derecha. Se genera un clima donde movilizarse y participar contra el Gobierno es visto como negativo, y eso genera culturas políticas, son tradiciones políticas. Venimos de una década de Gobiernos progresistas donde los jóvenes que entraron a la política a los 16 años ya tienen 26 y vivieron en un contexto adverso para la movilización a pesar de que el contexto político debía haberlo favorecido. Por ejemplo el caso boliviano, las tradiciones, los orígenes, las prácticas, el discurso del MAS, de Evo Morales, de García Linera, deberían haber fomentado ese proceso de politización, y al contrario, lo contuvieron. Es algo que tiene calado histórico, no es algo que se remonta por un simple pasaje a la oposición, aunque no dudo que el pasaje a la oposición ayude.

OZ: En este escenario latinoamericano, ¿cómo como ves lo que pueda hacer el Frente Amplio en Perú?

MM: Lo primero que se me ocurre es que el Frente Amplio en Perú no debe convertirse en el Frente Amplio de Uruguay, que sigue una lógica política muy institucional, distanciada de lógicas de movilización, de activación y de lucha. Obviamente, la militancia uruguaya está formada por gente preparada, pero es el viejo estilo del Frente Popular clásico y que funciona en las lógicas uruguayas, de un país institucionalizado, para bien y para mal. Lo que sostengo es que el modelo del Frente Amplio de Uruguay no es atractivo en términos de construcción de culturas políticas antagonistas, de capacidad de movilización de jóvenes y es totalmente inadecuado para el Perú, que tiene que ir revirtiendo tendencias regresivas muy arraigadas incluyendo fragmentaciones regionales. Sinceramente creo que hoy los partidos progresistas pueden enseñar lo que no hay que hacer, salvo en el plano electoral institucional que es importante y donde pueden enseñar cosas. Pero creo que una fuerza joven como el Frente Amplio de Perú debe pensar en cómo se construye en términos de agregación, de participación, de constitución de adhesiones que no sean solo electorales a un proyecto de poder, adhesiones que tienen que ver con formular una cultura política de izquierda, ciertas prácticas democráticas participativas, lógicas de conflicto social vivido con capacidad combativa, toda una lógica de cultura política que le permitirán durar en el tiempo y no solo ser una llamarada en términos de una elección o dos. La izquierda tiene que pensarse como proyecto de más largo alcance. Eso se le puede reprochar a los Gobiernos progresistas: el haberse pensado solo en términos del ejercicio del poder político administrativo y no de un proyecto que necesita disputar en la hegemonía en el terreno cultural, en el terreno del sentido común y si hay que ser antineoliberales no es solo para revertir políticas públicas, sino porque tienen que revertirse sentidos comunes respecto al individualismo y lógicas de convivencia social. Y en el caso del FA en Perú, el haber saltado directamente a la arena electoral puede generar un problema, una ficción. Es un poco la situación de PODEMOS, que se juega mucho en la propuesta electoral cuando no ha terminado de arraigarse en experiencias de formación y movilización política y nexos con la sociedad civil. Hay que mirar con atención los proyectos de Syriza o PODEMOS, fuerzas emergentes que se expresaron rápidamente en lo electoral sin consolidar base social. Además le apostaría mucho a los jóvenes, no seguiría una lógica de articulación que es muy típica del MAS o del FA de Uruguay de sumar organizaciones constituidas, claro que hay que sumarlas, pero hay que crear un núcleo nuevo. En eso PODEMOS sí ha avanzado; en lugar de sumar organizaciones ya hechas con quienes tienes que negociar incluso tu línea política, optas por construir un discurso propio y articular en función de cuáles son los entendimientos generales que se tienen en ese núcleo, trabajando con una generación joven, y sumando sobre eso otras organizaciones. El esquema no tiene que ser solo la suma de base social, sino la construcción de una base de núcleos militantes que están pensando un proyecto histórico. Sería interesante que el Frente Amplio en Perú le apostara más a un perfil juvenil, a núcleos militantes nuevos, probablemente tendrán menos resultados en el corto plazo, porque cuando sumas organizaciones tienes inmediatamente resultados de la suma, pero al mismo tiempo, en el momento en que tensionas, o negocias cosas pierdes la construcción que habías pensado. Diría que es momento de fortalecer un núcleo con ciertas características y perfil político de proyección histórica, para después sumar a un espacio mayor.

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[*] Historiador, sociólogo y latinoamericanista. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Director de la revista Memoria.



 
     

 

 

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