Diálogos Zurdos

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Frente Amplio:
El futuro como responsabilidad

Eduardo Ballón, Eduardo Cáceres, Álvaro Campana, Marisa Glave, Zenón de Paz

 


Inauguramos los Diálogos Zurdos convocando a un grupo de compañeros para reflexionar sobre la trayectoria del Frente Amplio, las lecciones de la reciente campaña electoral y los desafíos para el futuro de la izquierda peruana. Agradecemos la participación de: Marisa Glave, militante de Tierra y Libertad y congresista electa del Frente Amplio; Álvaro Campana, militante de Sembrar y responsable de campaña electoral del Frente Amplio; Eduardo Cáceres, filósofo y militante de izquierda de larga trayectoria; Eduardo Ballón, reconocido sociólogo de izquierda e investigador de DESCO; y Zenón de Paz, filósofo sanmarquino y miembro del Comité Editorial de OjoZurdo.

OjoZurdo: Empecemos ensayando una evaluación del contexto previo al período electoral. ¿Cómo llegaron las izquierdas? ¿Qué características políticas, ideológicas, orgánicas marcaban el espectro político? ¿Qué esperaba la sociedad, qué esperaban los mismos partidos de su accionar?

Eduardo Cáceres: Un dato podría ser de utilidad. Previo al proceso electoral existía una franja pequeña que se consideraba de izquierda. Pero en las encuestas una pregunta era cuánta gente reclamaba cambios radicales, y allí la cifra subía a más del 50%. Es un dato que quería poner por delante, yendo más allá de lo meramente coyuntural.

Eduardo Ballón: De acuerdo con el dato, relativizando un poco en el sentido de que la percepción se mide mucho en el escenario urbano, pero grosso modo uno puede seguir asumiendo que hay un 10 o 12% que no tiene problema en decir que es de izquierda. Saber qué es ser de izquierda es ya otro tema. Pero quizá más importante que ese dato, es el de la insatisfacción de la gente con el orden de cosas, mayor o menor insatisfacción, crítica parcial o total al modelo. Creo que la crítica estaba asociada al hartazgo de lo que veían como clase política. Ya se notaba esta tendencia a buscar la novedad, que explica a Guzmán y tenía un encuentro con varias manifestaciones desde lo social, como los llamados “pulpines”.

En segundo lugar, frente a esa temperatura social, lo que había desde la izquierda era un conjunto de parroquias que miraban con envidia a los que tenían la inscripción. Más allá de las diferencias, de los matices, el pragmatismo organizaba los bloques y la fantasía de volver al pasado. Es decir: “estuvimos juntos en Izquierda Unida, podemos estar juntos otra vez”. El capital principal de Tierra y Libertad y el Frente Amplio, en ese momento, es la inscripción electoral. Todo ese mundo de la izquierda no se daba cuenta de cuán afectado estaba y cómo lo miraba la gente por cosas como la gestión de Susana Villarán en Lima, y por el fracaso de la gestión de Humala. No lo percibían porque el fracaso de la gestión de Humala (cosa de la que preferimos no hablar) es el fracaso de quienes entramos al gobierno de Humala sin ningún tipo de proyecto político, convencidos de que se trataba de flotar.

Lo tercero a destacar son los méritos parciales de varios. El gran mérito de Tierra y Libertad fue haber sacrificado las llaves de la parroquia y convocar a un proceso más abierto de elecciones, aceptando a regañadientes perder. Tengo la impresión que el mérito de Sembrar es Verónika Mendoza, quien está bastante más allá de Sembrar. El gran mérito de un sector de jóvenes del Partido Socialista, fue meterse al FA pese a las tensiones con su gente. Es decir, hubo pequeños méritos, pero ninguno de ellos alcanzaba para, en el proceso electoral, caminar en simultáneo para una construcción sólida.

Marisa Glave: El contexto previo al proceso electoral era muy difícil. No solo no habíamos medido lo que para afuera era la gestión de Villarán o de Humala, en realidad no habíamos terminado de medir lo que significó para adentro las peleas que tuvimos. Después de la Confluencia y el intento de unidad con Susana, se hicieron un montón de cosas mal, y no sé hasta qué punto logramos procesar qué pasó ahí. No hemos hecho ese balance. Había por lo menos dos lecturas de cómo enfrentar el proceso electoral que se venía: Si apostar por la izquierda con gente que quisiera hacer un proyecto propio, o hacer un bloque “paniaguista”, que implicaba corrernos hacia el centro haciendo alianza con Acción Popular o Perú Posible.

Esa tensión, que estuvo y está, nos acompañó durante todo el proceso, más duramente durante el proceso municipal electoral, donde finalmente hace que estalle el espacio inicial del Frente Amplio.

Hay un tema que no logramos resolver en su momento, no sé si se resolverá, en todo caso que quede claro que hubo miradas distintas o énfasis distintos en esa etapa previa, desde ambos lados. La descalificación a los que pensaban ir con Yehude: “Qué barbaridad, qué falta de ética”, y la descalificación del otro lado: “Ustedes son unos principistas”. Descalificaciones para no intentar asumir que eventualmente tenemos dos hipótesis diferentes, y explorar hasta qué punto se encuentran. Hay que ver cómo vamos a procesar esto para adelante, porque yo sí creo que hay una posibilidad de agrupamiento, que además refleja lo que ya hemos hecho en campaña, como nos hemos encontrado y trabajado juntos.

Zenón de Paz: Es necesario situar esto en el largo plazo, pues tengo la impresión que los desenlaces tienen que ver con tendencias, corrientes, retos o problemas que van más allá de las tres últimas décadas. Pienso por ejemplo en el suicidio de la izquierda, que cuando estaba se supone en su mejor momento (por los años ochenta) no fue capaz de establecer acuerdos que ahora veríamos con un poco más de madurez, acuerdos mínimos realmente, eso tuvo que estallar y abrir paso a lo que vino después, hasta ahora. Mi pregunta es qué tipo de izquierda tuvimos y tenemos. Mi impresión es que pese a Arguedas, Mariátegui y otros personajes interesantes, hemos tenido una izquierda que nunca se libró del lastre colonial, una izquierda de espaldas al ámbito cultural, una izquierda poco dialogante con las culturas de nuestros pueblos, diversas pero con una matriz común, de gran alcance porque es una matriz civilizatoria. Y una izquierda con poca capacidad de dialogar con quienes están al otro extremo, me refiero a la gente que se supone hace el esfuerzo de procesar esta cultura del pueblo, es decir los intelectuales y artistas, porque ese fue otro drama de la izquierda, teníamos a gente como Flores Galindo, el padre Gutiérrez, gente interesante que no pudo incidir en el curso de las izquierdas.

Lo interesante es que por diversas razones hemos enfrentado una coyuntura de agotamiento, de muchos intentos sin proyecto ni capacidad, por eso mismo se instala como una posibilidad cerrar ese tipo de brechas. Un elemento central es el cultural, en ese doble sentido: diálogo con las culturas actuantes entre nosotros y un enganche con la gente que está procesando esto, quizás como correas de transmisión. Venimos de una tradición autoritaria, excluyente, que no dialoga con los pueblos, con una lógica corporativa mas no de ciudadanía, y las izquierdas no estuvieron exentas de eso. Ahora ante nosotros se abren posibilidades, tendríamos que ir conversando por dónde van.

Álvaro Campana: Ballón mencionaba los méritos de las organizaciones. Pienso en la cantidad de gente que hizo parte de Sembrar, muchos de ellos jóvenes, la mayoría venía de las luchas de los “pulpines” a nivel nacional, muchas feministas, LGTB, ese es el tronquito que se llamó Sembrar. ¿A qué voy con esto? A que yo sí creo que hemos venido teniendo un proceso de acumulación, de construcción, que ha ido enriqueciéndose generacionalmente. Lo identifico desde el Baguazo, donde sorprendentemente salen miles de personas a protestar y no caen en el chantaje, fue mayor la indignación por la manera en que se trató a los pueblos, también a los policías por supuesto. Y vemos posteriormente estas marchas que incluso se expresan contra Keiko, que son parte de esa misma movida. Hay una corriente que tiñe este esfuerzo en el que estamos nosotros, y creo que esa distinción de tácticas se expresa también en algunas audacias. No sé si son principistas necesariamente, pero son audacias que los jóvenes se permiten cuando no han tenido mucha experiencia, cuando no están tan cargados de las experiencias previas, y que nos empujaron a atrevernos a algunas cosas. Yo no soy tan joven tampoco, pero creo que son atrevimientos que expresan lo generacional.

Eduardo Cáceres: Lo que Zenón ha planteado amerita otra discusión, discrepo con lo que ha dicho por el temor de visiones un poco cancelatorias de la historia. La experiencia de Izquierda Unida merece ser reevaluada porque puede dar pistas interesantes a quienes hoy van a tener que conducir esto que está naciendo. Todos los partidos de Izquierda Unida tenían inscripción legal, sin embargo durante diez años no hubo candidatos de izquierda en el país. Por oportunismo o lo que sea, pero las divisiones, cada una tiene su historia. La más seria fue la de ARI, y no tuvo nada que ver con la inscripción. ¡Los enconos que había! El PC para nosotros era el revisionismo social imperialista y nosotros éramos la ultra, pero un año después estábamos en Izquierda Unida y duramos diez años en eso. Y la relación con el mundo intelectual y cultural fue muy rica, se puede ver en que ha sobrevivido lo que Gonzalo Portocarrero llamó la “idea crítica” del Perú que instalaron los partidos de Izquierda Unida. Si hoy vamos a hablar con el dirigente promedio, ¿qué discurso tiene? No es ambientalista o ecologista, es la crítica a los ricos o poderosos porque nadie ha hecho otra cosa por ellos desde hace treinta años. Creo que ese factor hay que valorarlo, no digo que sea el determinante. En el Frente Amplio hay varias sedimentaciones, y una sedimentación tiene que ver con esa herencia. Sería un error ver la historia de la izquierda en base a su presencia electoral o legal. En la marcha de los cuatro suyos uno veía pasar gente, era la izquierda reciclada y todo, porque eran los que saben hacer las cosas, articular y convocar. Son menos los que quedan de esa época pero están algunos.

Son algunas lecciones. Lo más grave que podrían cometer los que están comenzando es tener una idea cancelatoria de la historia y mesiánica de sí mismos, porque esto son sedimentos, en gente de carne y hueso, con ambiciones y triquiñuelas, pero que también son capaces de hacer cálculos estratégicos más amplios y por ahí encauzarse. Creo que eso es parte de lo que llega al proceso electoral. Como dicen, las casualidades se pueden dar porque hay correlaciones que a raíz de la casualidad emergen y se actualizan.

Marisa Glave: También hay que reconocer los liderazgos individuales, y lo que recoge Sembrar es Verónika Mendoza. Creo que a ella le tocó jugar un rol simbólicamente muy importante. Su renuncia al nacionalismo marca un quiebre del proceso anterior; el hecho de que alguien se pudo parar y decir: “así no”, muy tempranamente. Luego encabeza distintos temas que nadie quería recoger: pueblos indígenas, el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, diversidad sexual, toda esa gente. Verónika logra tomar un rol más activo, canaliza un conjunto de gente. ¿Quién fue la figura visible de las mujeres reivindicando su derecho? Ella estuvo ahí. El video que se hizo en la campaña refleja algo que ocurrió, es parte de lo que nos lleva al momento en que estamos, y a que ella y los compañeros de Sembrar tomaran la decisión de quedarse en el Frente Amplio para empujar un nuevo proceso. Creo que fue importante, y también la decisión de Tierra y Libertad al ratificar la decisión de abrir elecciones, y hacer todo lo posible porque fuera una elección real, democrática y hubieran varios participantes.

OjoZurdo: Entremos al segundo punto: la campaña. ¿Qué logró la izquierda en general? ¿Qué se pudo movilizar? ¿Qué factores contribuyeron o impidieron el crecimiento? También está el tema de liderazgo de Vero…

Zenón de Paz: Sería interesante hacer el ejercicio de pensar cómo Verónika anuda todo este conjunto de eventos casuales. Como ha señalado Marisa, ella es quien más anuda con pulpines, lucha indígena, LGTB, ambientalistas, etc. Para ver posibilidades que se abren es interesante ver cómo estos factores se anudan con corrientes de largo alcance. Todo esto viene de más largo plazo. Un ejemplo: mucha gente dice con razón que Verónika ganó visibilidad cuando le contesta a Aldo Mariátegui en quechua y lo deja descolocado. Más allá de eso hay un simbolismo enorme, no es casual el diálogo francés/quechua, la trenza al costado, ahí estaba impactando corrientes que vienen de lejos, y que la izquierda setentera ni había visto. El otro tema es la unidad. En los 70s se sacaban el alma, terminaban con una bronca. Ahora no se pudo producir tal unidad, la gente siguió su camino y eso fue bueno. ¿Por qué tenemos que pensar en la unidad en un país que -no de ahora, otra vez pensando en el largo plazo, incluso civilizatorio- se ha caracterizado por el cultivo de la diversidad? Ahora no hubo fetichización de aquello y se prosperó.

Marisa Glave: Hubo mucho más que izquierda en esta campaña, en electores, en gente que se sumó, pero me parece que es importante reivindicar que sí hubo una clara definición de izquierda, hacia la construcción de algo diferente. Momentos importantes de esto fueron no solo la respuesta en quechua de Vero a Aldo, hubo cosas simbólicas como cuando cantó el wifalita wifala en Ayacucho, en el carnaval. En mercados las señoras le hablaban en quechua, volteaba Vero y contestaba, de pronto estaba el enganche, las señoras diciendo: “es mi paisana”. Era la única candidata que hablaba quechua, joven y mujer, estuvo en Francia, creo que toda esa combinación también era peculiar. En algunos momentos jugamos con la idea de Micaela, la trenza y también en reivindicar algunas imágenes que van más allá. Pero ella se auto identificó de izquierda y eso quedó clarísimo durante todo el proceso electoral.

Un montón de gente decidió apoyar y sumarse desinteresadamente. Entonces hubo un núcleo de gente relativamente joven que se lanzó a apostar, presionó para que el Frente Amplio se decidiera a hacer democracia interna. Pero sin ayuda de gente que viene de la historia de Izquierda Unida, de otros momentos, no hubiéramos logrado superar los inicios. Hubo mucha renovación, pero también un empalme. El equipo de campaña recibió ayuda de gente de mucha experiencia, que nos ayudó a pensar la mirada más larga, la perspectiva más completa, y a resolver coyunturas difíciles en que no sabíamos que hacer. O a manejar tensiones internas que por supuesto tuvimos durante toda la campaña, esos son datos del proceso de campaña. También hay un tema importante: la tensión entre el activismo orgánico, de contacto, mítines, y de otro lado el espacio mediático. Se reflejó como tensión pero creo que uno sin el otro no funciona. Muchas veces en la izquierda rechazamos el marketing, la comunicación política, los medios de comunicación, pero también hay que usarlos, sin ellos no tienes un efecto multiplicador que es importante. Y no sé cómo empezamos con cuatro mil soles.

Eduardo Ballón: Lo que se pone en evidencia son potencialidades. El azar es clave pero se combina con el trabajo de construcción, en que Verónika resulta clave, todo lo que representa y la disciplina que ha tenido. Segundo, se suman aportes, y una metáfora de eso son los 52 mil votos de Alberto Quintanilla en Puno que son de la vieja izquierda. Lo tercero es una generación joven dispuesta a pelearse por su camiseta, a vivir la tensión. No es que los de Tierra y Libertad han sido los malvados y los de Sembrar los buenos, hubo problemas transversales. Y me da impresionó el peso de los individuos, el reconocimiento de liderazgos. Si no estaba Verónika este intento no funcionaba simplemente. Otro asunto es que en un país así quien tiene 18% es dueño de un capital en sí mismo, es candidato presidencial el 2021 haya Frente Amplio o no, y eso trae una tensión a procesar, atender y resolver. 71% de encuestados por Apoyo piensan que Verónika debe volver a ser candidata.

Eduardo Cáceres: Personalmente tengo que reconocer aciertos de quienes tomaron esas decisiones. Discutí alguna vez si de lo que se trataba era de postular una propuesta de izquierda o centro-izquierda. Y me inclinaba más por la segunda ciertamente. Pero verdad no había mucho de centro tampoco así que no era muy viable. Para el escenario político peruano el Frente Amplio ha sido la izquierda y creo que ha tenido el valor de tocar temas riesgosos y mantenerse: Venezuela no es poco, o todo el tema LGTB y sacar casi 20%, eso revela que la apuesta fue correcta. Siempre estuve de acuerdo con el tema de la elección interna, aunque mantengo mi discrepancia sobre el mecanismo electoral indiscriminado.

Marisa Glave: Tiene que ver con el mecanismo de elección y con quiénes entraron a ser precandidatos también. Lo que habría que hacer ahora es una suerte de sociología del voto: ¿Quién votó? ¿Por qué votó? ¿Cómo se motivó a hacerlo? ¿En qué está ese votante? Hay lecciones muy ricas, positivas, y otras muy preocupantes y negativas, particularmente en Lima. Lima no se movió: Susana sacó 9% y Verónika 11%. Quisiera plantear el tema de la democracia pero lo dejo para después.

Eduardo Cáceres: Creo que los méritos de Verónika son evidentes, pero es la coincidencia de una correlación histórica y la figura, los colectivos y partidos que apostaron, el empate con las redes diversas que se activan, se juntan, se entusiasman, se movilizan y hacen la campaña. Esto plantea todo un desafío. Simplificando un poco diría que Izquierda Unida fue el instrumento político de una correlación que se construyó a lo largo de veinte años. El Frente Amplio es un instrumento político que tiene que construir su correlación. En fin, acá el desafío es que teniendo un instrumento político potente, interesante, debe construirse una correlación política que lo haga estable. Sin esa correlación todo va a depender de las personas, sus humores, sus entendimientos o lo contrario.

Álvaro Campana: El tema de la unidad me parece interesante. Nos aterra la idea de una bronca entre nosotros y que todo esto se haga pedacitos. Contrariamente a lo que dice Levitsky, creo que no se ha dado la unidad como antes, pero sí hubo conciencia de la necesidad de reagrupar fuerzas. No estamos en la época de Izquierda Unida, estamos en un momento en que tratamos de reconstruir algo que nos sirva mínimamente como instrumento. En la campaña entraron dos tácticas en juego. Una con la idea: “solos y principistas”, y otra que dice: “no, apostemos por lo nuevo pero necesitamos de otros. Verónika tuvo el mérito de no cerrar las puertas a nadie: habló, sumó, tejió, eso fue permanente. Nosotros sí apostamos por esa alianza, la buscamos, no por reformismo sino que considerábamos que se venía este escenario, un fujimorismo muy duro, y había necesidad de ampliar un arco de alianzas democrático que hiciera frente a eso. Nuestra pugna era que ese abanico de fuerzas tuviera su eje central en la izquierda y no en el centro, pero cuando vimos que ese centro se diluye, optamos por hacer lo que había que hacer y esa fue la opción, no fue premeditada y funcionó en unos lados mejor que en otros. El peso del miedo está metido en la gente, en Lima particularmente, en Ayacucho menos. En Lima dices “terrorista” y todos se alinean, el tema posconflicto, la memoria, es un tema que todavía no hemos resuelto y tenemos que abordar claramente.

OjoZurdo: Para terminar, entremos al tema de pensar el futuro a corto y mediano plazo. ¿Qué pasos pueden dar las izquierdas para afirmarse en este escenario? ¿Cómo se inscribe el Frente Amplio en la dinámica social y política? Está también la novedad de una bancada parlamentaria de izquierda luego de tres décadas. Y el posible escenario de confrontación con la hegemonía fujimorista y de derecha.

Zenón de Paz: Solamente insistir en algo que mencioné muy tangencialmente. El voto logrado es de izquierda en una mínima proporción, es un grave error si pensamos que de pronto tenemos un 18% que simpatiza con la izquierda. Ese 18% antes estaba simpatizando con Guzmán, y si no era retirado del escenario quizás iba a votar por él y nosotros tendríamos serias dificultades para pasar la vaya electoral. ¿Qué tiene Verónika que ha logrado, en ausencia de Guzmán, atraer? ¿Qué tenía Guzmán que empezó a atraer a la gente? ¿Qué tenía Acuña antes de que la gente supiera que era un sinvergüenza y un plagiario? Hay que evaluar qué es lo que la gente ha visto, y creo que son cosas que van más allá de la izquierda, ha visto el tema cultural, generacional, el tema de género, de alguien que viene del Cusco, eso es algo simbólico. El Cusco no deja de tener una fascinación, alguien que viene de allá. Hay también cuestiones de imagen, incluyendo el rostro de Verónika, que no es un rostro de típica dirigente de los setenta, es un rostro muy amable que haba claro y no se hace problemas.

Álvaro Campana: Creo que podemos sacar lecciones fuertes de la campaña, de las decisiones que tomamos y las lecturas que tuvimos. Lo que ha estado en disputa es lo que significa ser de izquierda. Lo que se ha recreado, actualizado, es el concepto de lo que es ser de izquierda y creo que ahí todavía tenemos un tema pendiente con la democracia y lo cultural. La gente valoró la coherencia, no el oportunismo. Coincido en que lo conseguido no lo podemos atribuir a nosotros mismos. Mi balance puede parecer duro para muchos compañeros pero la campaña fue exitosa incluso a pesar del propio Frente Amplio. ¿Por qué digo esto? Porque lamentablemente seguimos cargados de viejas formas de hacer política. Creo que necesitamos una refundación del Frente Amplio, o sea, necesitamos relanzar este instrumento político que ha avanzado muy bien, que ha sacado elecciones y todo, pero tiene que repensarse.

Eduardo Cáceres: Hay un dato interesante que Chocli Monge nos dio la vez pasada. Agrupar a solo el 1% que votó por el Frente Amplio son 28,0000 personas y eso es un montón, ese reto está ahí ahora. Con lo que dice Álvaro coincido en varios puntos, he visto las desconfianzas antes, durante la campaña y ahora. Me preocupa el aprender a convivir, que no sea un frente que nace hoy y mañana se muere, pues la izquierda tiene una historia de conflictos tremendos, y creo que ese tema es parte del sentido común de la gente, mucha gente se ha acercado y quiere hacer cosas ahora. La peor noticia para ellos sería: “Oye, sabes que esto ya fue”.

Hay otra discusión pendiente en América Latina que vamos a vivir ahora en el Perú, sobre el instrumento político. Todo lo que se ha hecho hasta ahora son intentos que se postularon como lo nuevo y están en crisis. El MAS no terminó de estructurarse en Bolivia, fue un conglomerado de cosas, lo que llaman movimientos son las federaciones pero eso no es más democrático que el PC Chileno sinceramente. El otro ejemplo es el PT, que sí es más de base, tiene una estructura más democrática, aunque han ido enredándose con el Estado y ya no es tan claro qué pase con ellos. Aquí en Perú hay dar una discusión muy profunda de qué estamos necesitando, qué es posible construir como instrumento político de hoy, qué contenido le vamos a dar a esto que llamamos Frente Amplio, y ahí hay que combinar discusión con experiencias prácticas. En América Latina hay experiencias interesantes de cambio que incluyen una ruptura institucional, tipo los forajidos de Ecuador, los cambios que ha habido en América Latina han pasado por una mezcla de elecciones y ruptura institucional.

Zenón de Paz: Quería señalar algo en relación a los adversarios de la campaña que ahora han quedado en escena, Keiko y PPK. En lo interno sin duda el enemigo central es Keiko, el fujimorismo con todo lo que encierra, las taras de la política y de la historia nuestra: autoritarismo, desprecio por los otros, corporativismo, clientelaje. Pero mirando la cosa a escala global, sospecho que el enemigo principal es PPK, porque representa la abdicación de la política frente a una lógica tecnocrática, tendencia dominante en el mundo contemporáneo. No podemos perder de vista el horizonte. Eso está en PPK también en Keiko y hasta en las izquierdas. El elemento central es cómo no perdemos de vista ese horizonte estratégico, de opciones de vida. Cómo puede la izquierda construir un discurso, una organización que permanentemente invite a no perder de vista que los problemas últimos tienen que ver con la cuestión del sentido. Es decir: ¿para qué vivimos? En el lado andino aparece como el buen vivir, porque en el otro caso se asume que no hay otro modo de vida, el único modo de vida posible es el que hay ahora, totalmente unidimensional. La izquierda tiene un horizonte que no puede perder de vista el pasado, las luchas, esperanzas acumuladas, el futuro como responsabilidad, una mirada global a la vida en su diversidad. Solamente afirmando esos motivos podemos conjurar al riesgo tecnocrático que pretende pasar como la única vía posible.

Álvaro Campana: Esto lleva un poco al tema de la interpretación del país, nuestro reconocimiento con el rol de los intelectuales. La interpretación del país está en manos de empresas de marketing como la de Arellano. Tenemos que hacer un esfuerzo para reconocer a nuestro país y eso tampoco funciona con talleres constructivistas, creo que el trabajo teórico es importante, escuchar a la gente y construir desde la izquierda pensamiento crítico. Es una tarea pendiente en el país y creo que tenemos que volver a una reflexión sobre lo que significa eso.

Recuerdo mucho una reunión con Carlos Iván Degregori sobre el descubrimiento de lo democrático, él decía que nos equivocamos en esa ruta, que necesitamos una izquierda moderna, capaz de responder a los desafíos de la democracia que tanto hemos desdeñado siempre. De alguna manera, eso implicaba que todo el mito revolucionario se vaya al traste. Por otro lado, está el repliegue del pensamiento crítico. El pensamiento liberal es largamente hegemónico y nosotros nos quedamos ahí, en el aire. Los espacios de reflexión crítica han desaparecido. Eso se expresó en el proceso electoral cuando hablábamos del nuevo Perú y buscábamos articular una narrativa de ese nuevo Perú. ¿Cómo leemos la historia de lo que fue Velasco? ¿Cómo leemos lo que fue Sendero Luminoso? Necesitamos construir una nueva visión del país.

Marisa Glave: El tema de la democracia es un debate pendiente y creo que es importante tenerlo. Se suponía que entrar en el espacio de la democracia desaparecía “la revolución”. Algunos que estamos en el Frente Amplio venimos de otras tradiciones e intentamos recuperar la radicalidad, reivindicarla más allá de la lucha armada o alguna versión militarista. Significa tener otras maneras de entender la radicalidad en el Perú y los cambios de fondo dentro de la democracia. Y como incluso el debate sobre la democracia se puede dar desde una clave radical. Por eso me parece clave el debate con José Luis Rénique sobre “incendiar la pradera”, pues el pensamiento radical no necesariamente lleva a discutir el extremismo. Habría que tratar de entender eso también como una clave de discusión ahora.

Eduardo Ballón: Simplemente para que se registre en futuras discusiones. Creo que es crucial esta idea de continuidad y ruptura. Hacer un balance ahora, muchísimo menos de Izquierda Unida, en el sentido de las cosas que parapetó Beto, de lo que trató de hacer Javier, que son parciales, esa es una cuestión clave. La segunda tiene que ver con la democracia en el sentido que señalaba Eduardo. Ustedes revisen lo que dicen los documentos fundacionales del PT, los documentos de inicios de los 80 de lo que era el MIR chileno, todos dirán que el primer sitio donde se empezó a discutir sobre izquierda, democracia y movimientos sociales fue en el Perú. Toda la izquierda latinoamericana discutiendo a partir de esa historia. Lo tercero es que me da la impresión que pesa mucho el estilo aristocrático colonial del conjunto de la izquierda, de alguna manera ahí empieza la distancia enorme en la ecuación, pues radicalización de la democracia supone otros actores sociales, pero la izquierda los fue perdiendo dramáticamente al final de los 80s y finalmente los perdió por completo. Creo que esto requiere debate. Tenemos necesidad de revistas. Antes se publicaba algo y lo leía el de Patria Roja, el senderista, y unos para sacarles la mierda a otros hacían lo mismo, sacaban su revista. Tenías que estar al tanto, leer, y había un público de izquierda. Ahora hay públicos pequeños, los politólogos con las justas se leen entre ellos.

Eduardo Cáceres: Ahí hay varios paralelos con Barrantes, porque Barrantes era lo más distinto a nosotros (sucios, desarrapados, barbudos). Él era el abogadito de terno provinciano, que hablaba calmado y pausado, con una retórica que citaba a Martí. Los agitadores de los 70s se desesperaban con la verborrea y Barrantes tranquilito, pero su empate con la gente era espectacular. Una vez, desde el momento en que pronunció una palabra hasta que comenzó a hablar pasaron doce minutos, porque comenzaba a hablar y la multitud estallaba a gritos. En ese mitin hubo una anécdota bonita, y es que habíamos contratado a una orquesta salsera, creo que fue el presidencial el 85, y esos salseros tocaron al inicio y final, después se acercan y nos dicen: “Saben, les vamos a devolver la plata, porque nunca hemos tocado ante tanta gente, ustedes nos han hecho cantar como nunca”. Nos devolvieron la plata. Ese rasgo
afectivo, que es parecido y eso no se construye, ni la misma Keiko.

Marisa Glave: Quería destacar esta tensión entre la agenda liberal y la izquierda, porque además muchos asocian lo liberal a demandas de género, y en el Frente Amplio ha sido una intención concreta el tema de la paridad, la alternancia. Lo que yo siento es que sigue estando ausente un discurso desde la izquierda sobre ese tema. He escuchado a compañeros más ideologizados decir: “No, la contradicción es el tema de la clase, no se trata de plantear el tema de género por delante”. Siento que eso sigue siendo un pendiente fuerte y quería terminar mencionándolo. Planteé el tema de las crisis, la necesidad de mantenerse, y se ha mencionado la necesidad de ver al enemigo. Justo creo que en este contexto se da una situación perfecta de tener un enemigo mayor al cual combatir, en realidad debería ser un contexto de unidad.

Eduardo Cáceres: Dependiendo dónde pongas la línea divisoria, como decía Lenin, haces amigos o enemigos. Dependiendo de eso, las contradicciones internas pasan a segundo plano.

OjoZurdo: Bueno, tenemos que concluir este primer diálogo zurdo. Muchas gracias a todos por su valiosa colaboración.