Tema central
Izquierda peruana hoy:
Una nueva oportunidad

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El modelo económico,
las elecciones y las izquierdas

Rolando Rojas

 

El modelo económico se coló en el debate electoral. Y se coló para quedarse. Humala lo planteó en la contienda del 2006, pero fue una voz solitaria. El resto
de candidatos y los medios de comunicación cerraron filas contra la posibilidad de revisar el esquema económico que se implantó en la década
de 1990. Dicha situación ha cambiado en estas elecciones. La propuesta
de renegociación de los contratos del gas levantada por la izquierda, a
la que se adhirió Alfredo Barnechea y que finalmente fue admitida por
Pedro Pablo Kuczynski, fue la grieta que resquebrajó el “consenso neoliberal”.
A decir de Víctor Vich, hoy cuestionar los contratos está “en el marco de lo posible”.[1]

¿Pero qué se entiende por modelo económico? Aquí empiezan las complejidades. Desde la izquierda organizada alrededor del FA cambiar el
modelo significa además de fortalecer el papel del Estado en la regulación de las actividades económicas, la reforma del capítulo de la Constitución que restringe la intervención pública a la subsidiariedad es decir, allí donde a la empresa privada no le es rentable estar presente. ¿Y qué se entiende por un Estado regulador? Básicamente la acción estatal que impide la formación de monopolios, que protege el medioambiente ante la fuerza depredadora de algunas empresas y que asegura la calidad de la prestación de servicios que recibe la población.

Desde el sector político que lidera Barnechea, la cuestión es más difusa. La crítica al modelo económico proviene del candidato, antes que del colectivo Acción Popular que lo cobijó en las recientes elecciones. Dicha crítica se enfoca en la insuficiencia del “piloto automático”, la dependencia de los precios internacionales de los comodities y que con el actual modelo solo se desarrollan los sectores económicos asociados a la exportación de minerales y algunos productos agrícolas. La propuesta de Barnechea está en devolver al Estado un rol promotor de los sectores económicos, como la industria petroquímica del gas, que nos conduzca al desarrollo. En entrevista
en La República señaló: “Ningún país se desarrolla con la venta de materias primas” (29/10/05). Barnechea ha llegado a plantear la formación de una sociedad de bienestar y la industrialización del país.

En el caso de Kuczynski su admisión a revisar los contratos del gas no implica la modificación del modelo primario-exportador. Aquí lo importante es advertir que el cambio de modelo económico dejó de ser un tabú político. También es importante señalar que esta propuesta ha sido consistentemente
sostenida desde el espectro de la izquierda y coyunturalmente por Barnechea. De ahí que centremos la reflexión en los retos de las izquierdas en afianzar su posición en la opinión pública.

No es una vuelta al estatismo
Ahora bien, aunque los medios de comunicación asocian el cambio de modelo con el retorno al estatismo velasquista de los setenta, los planteamientos del FA no están en la línea del denominado modelo de “industrialización por sustitución de importaciones”. Este estatismo se caracterizó por el control estatal de las actividades de exportación y de servicios, así como el fomento artificial de industrias mediante la protección arancelaria y la transferencia de capitales públicos a empresarios nacionales a través de dólares subsidiados. Esta experiencia, que fue común a buena parte de los países de América Latina de mediados del siglo XX, no es el paradigma actual de la izquierda. Cambiar el modelo no es volver al estatismo de los setenta.

Entonces, ¿de qué hablamos? El cambio de modelo que propone el FA está en el marco de la “diversificación productiva”. Es decir, de la promoción de sectores de la economía como la agricultura, el turismo y las PYMES que no reciben la atención que tiene la inversión minera. Hoy vivimos un giro mundial hacia el consumo de productos orgánicos en el cual el Perú tiene enormes potencialidades de desarrollo. Tampoco contamos con una infraestructura que permita el crecimiento del turismo a los estándares de países como México que recibió 29 millones de turistas en 2014, mientras que el Perú solo 3,2 millones. Algo similar puede decirse sobre las PYMES que en conjunto generan más empleo que las grandes empresas, pero debido a su baja productividad y competitividad se ven limitados en su proyección en el comercio internacional.
La promoción de estos sectores, así como la recuperación del gas y la construcción de una planta petroquímica, aspiran a tener una economía
que no dependa exclusivamente de la exportación de minerales.

Este es el horizonte en el cual se mueve la propuesta del FA. Evidentemente se trata de ideas a desarrollar y consolidar en un programa más acabado. Para esto es indispensable un amplio debate, pero antes de referirme a él es necesario aludir a otra dimensión de lo que implica el cambio de modelo
económico. Y aquí el punto es que se empieza a cuestionar, aunque todavía incipientemente, el modelo de sociedad que se deriva y está implicado en las reformas económicas de 1990. ¿De qué estamos hablando?

Por un lado, de la lógica que subordina las diversas dimensiones de la sociedad a criterios estrictamente económicos. Por ejemplo, en temas de educación, salud y cultura las decisiones se toman no por las necesidades de la población en esos sectores, sino por los cálculos de costo-beneficio que supone para el fisco. Esto quiere decir que el MEF y sus funcionarios acaban decidiendo en áreas que, en principio, no les competen restringiendo las acciones del resto de ministerios y del propio Ejecutivo. De continuar este entrampamiento, difícilmente se pueden revertir los diversos problemas sociales y las situaciones de “desigualdad regional” que caracterizan el país. Cabe señalar que la recaudación tributaria del Perú bordea el 16% del PBI y se encuentra por debajo de países como Brasil o Colombia, cuya recaudación es de 33.4% y 20.3%, respectivamente.

De otro lado, está la “visón neoliberal del mundo” que además de colocar la rentabilidad y el crecimiento económico como los principios ordenadores de la sociedad, promueve un individualismo exacerbado. Este individualismo tiene dos caras: de una parte, el retraimiento del Estado de sus funciones como garante de los derechos sociales con la población y de los lazos sociales que cohesionan a toda sociedad; de otra parte, la promoción del emprendurismo que se expresa en prácticas interesantes como la de empresarios exitosos
que logran escalar a la clase media y formalizarse, pero también la de aquellos que, como los mayoristas de la parada o los propietarios de combis, imponen sus intereses de corto plazo al bienestar colectivo; o aquellos mineros ilegales de Madre de Dios que deforestan la selva y fomentan la trata de personas para fines de explotación sexual.

Un debate indispensable
El cambio de modelo se coló en el debate, aunque sus consecuencias todavía están por verse. De acuerdo a las encuestas, existe un amplio sector de la opinión pública favorable a “cambiar” de modelo. Otra cosa es lo que se está entendiendo por dicho cambio. La evaluación de esta última cuestión y la posición que de ella se derive definirá la expansión o el aislamiento de las izquierdas. En todo caso, el debate sobre la economía de mercado no puede postergarse más. Y en esto es imprescindible asumir sus complejidades. Por ejemplo, tenemos que la venta de las empresas públicas de telefonía a Telefónica significó la concesión de un monopolio y, en ese marco, el incremento exorbitado de tarifas que produjo un gran malestar entre los consumidores, pero la privatización de las comunicaciones significó su expansión a sectores de la población que estaban excluidos; el acceso a este servicio se democratizó por la vía del mercado. Así, el rechazo a la economía de mercado no es tan simple.

De otro lado, no puede soslayarse que las reformas económicas de los noventa y el crecimiento económico de hace más de una década han alterado drásticamente la situación social y laboral de la sociedad peruana. Si la izquierda clásica se construyó sobre una sociedad en la que la población obrera y sus organizaciones sindicales eran relativamente significativas y, en cierto modo fuerzas ordenadoras de la sociedad, hoy la situación es claramente distinta. La informalidad y la economía ilícita (contrabando y minería ilegal) complican la representación política de estos sectores de
la población: ¿De qué manera atender sus demandas? En similar sentido, tenemos que en diversas ciudades del país, gracias a los ingresos del canon
y del crecimiento económico general, vienen surgiendo numerosos negocios, actores económicos y redes empresariales con demandas específicas para los cuales la izquierda debe evaluar y elaborar una alternativa. Así, un punto de partida de las izquierdas que retoman el protagonismo en la política nacional es la comprensión de que el país es drásticamente distinto al que vivió la izquierda de los ochenta. Es una sociedad posneoliberal.

Los retos de la izquierda, entonces, no son fáciles. Debe construir una alternativa económica que canalice el malestar de la población ante las políticas neoliberales, pero esta alternativa no puede soslayar los “beneficios segmentados” que la economía de mercado trajo a sectores de la población, antes en pobreza. Por último, la izquierda tiene el reto de “inventar” formas de relacionarse con los actores sociales y económicos que surgieron con la transformación neoliberal de la economía y la sociedad peruanas.

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1. Vich, Víctor. “Las ventanas (del gas) se han estremecido”. En Ojo Público, 28 marzo 2016. Disponible en: http://ojo-publico.com/182/las-ventanas-del-gas-se-han-estremecido