Tema central
Izquierda peruana hoy:
Una nueva oportunidad

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La unidad en la diferencia:
Los retos del Frente Amplio

Emma Robles Trinidad

  Ha transcurrido poco más de un mes de la primera vuelta presidencial y se hace necesario salir de la fotografía del momento para pensar en cuáles fueron nuestras mayores dificultades y aciertos en el proceso de construcción del Frente Amplio, cuáles son nuestros retos y cómo abordaremos todo ello en el futuro inmediato.

Una primera lección que se reafirma tiene que ver con que la dinámica de la apuesta unitaria en la izquierda no supone una linealidad, sino, por el contrario, avances y retrocesos constantes. Luego de la debacle de Ollanta Humala el reto de reconstruir un proyecto desde la izquierda parecía evidente, no obstante, nuestros debates tácticos y la mala manera de procesar conflictos internos, una vez más estuvieron por encima de la capacidad de cohesión en la izquierda. Esto nos trajo costos en las condiciones con las que el instrumento político/ electoral inició la etapa electoral.

En consecuencia, la pregunta central aquí es: ¿Estamos hoy en la capacidad de lograr una convivencia exitosa de Frente? ¿Podemos renovar nuestros lazos de confianza política desde los organismos de base hasta las direcciones políticas? ¿Podemos hacer un esfuerzo real por reconocer nuestras diferencias como legítimas en el campo político y la necesidad de procesos de construcción de consensos para ello? ¿Podemos pasar de la adjetivación al diálogo político? ¿Podemos profundizar la apuesta frentista?

A pesar del pesimismo que pueda ocasionar la reflexión sobre este tema, hace más de dos décadas que el Perú no tenía las expresiones más lesivas de la derecha en el gobierno. Así, el contexto que estamos a punto de enfrentar es la base objetiva/ concreta de condiciones sociales y políticas para construir unidad electoral desde la propia lucha social. En este marco, la próxima discusión estatutaria del Frente Amplio no solo tiene el reto de englobar nuestro funcionamiento unitario de confluencia en el Frente, sino también visualizar nuestra capacidad de procesar la discrepancia -la discrepancia como un ejercicio necesario para el desarrollo del Frente-, en la experiencia del Frente Amplio de Uruguay con más de 40 años de funcionamiento, por ejemplo, el estatuto de esta agrupación contempla La libertad de acción que se concede a un miembro o sector del Frente, siempre que no violente los principios unitarios y provoque consecuencias contradictorias en la puesta en práctica de las decisiones de la mayoría. Asimismo, la Resolución no obligatoria. Cuando un sector se considera afectado política o filosóficamente ante una resolución de los organismos de dirección nacional, podrá solicitar la opción de no participar en los actos previstos, manteniendo total abstención en acciones que se relacionen con dicha resolución.

Los puntos más tensos en el anterior proceso estuvieron marcados por la diferencia en la política de alianzas, en la composición de los órganos de dirección y en la manera de elegir las candidaturas y cómo ello se expresaba a nivel de todas las instancias territoriales, no obstante, a diferencia de esa experiencia frente al periodo post-electoral es que a pesar de que el camino no ha sido fácil, una cultura frentista está naciendo. Ante ello, la afirmación más evidente resulta ser que en este contexto lo mejor que le podría pasar a la derecha y la ofensiva neoliberal es la disolución del Frente Amplio. No podemos permitirnos el lujo de retroceder 20 años nuevamente.

Las complejidades de las elecciones primarias
Una segunda reflexión tiene que ver con un escenario de convivencia de tradiciones políticas y las tensiones en la toma de decisiones. Ante la demanda de democratización de la política hoy, usualmente los argumentos se simplifican en que “las primarias son una responsabilidad electoral más que un acierto”. Es decir, un tema de principios más que un tema táctico de eficiencia. No obstante, el debate implica profundizar sobre cuestiones mayores en torno al proceso histórico en que se ubican, cuáles son sus impactos y qué posibilidades de éxito tuvieron en las elecciones.

La primera afirmación es que las elecciones primarias se encuentran en procesos de institucionalización y creciente expansión en toda América Latina. Así, desde 1987 al 2007, de 821 candidatos presidenciales a través de 101 elecciones en 18 países, 60 fueron elegidos en primarias. No es verdad que estas no sean “más eficientes”. Un estudio realizado por Jhon M. Carey[1] a partir de la revisión de estas candidaturas y el impacto que tuvieron, arrojó que los candidatos que compitieron con procesos de elecciones primarias lograron ser más eficientes que los que optaron por otras formas de elección.

El estudio de Carey demuestra que las primarias incluso han logrado producir un fenómeno llamado “bono de las primarias”, el cual oscila en un promedio de 5% de respaldo del electorado que las primarias dan como beneficio al ganador. No obstante, ello depende mucho de ciertas condiciones y riesgos en que se desarrollan, tres de los cuales me parecen centrales en la experiencia peruana: 1) Desconfianza política del proceso y denuncias de fraude sobre el mismo; 2) El carácter ficticio de las primarias cuando no garantiza una competencia real y terminan siendo una suerte de ratificación del único candidato posible, y 3) El tipo de electorado que asiste a votar en relación a la composición del electorado a nivel nacional.

Por tanto, asumiendo lo valioso de la autogestión de nuestro proceso de primarias ciudadanas, así como la voluntad política de afirmar dicha elección como práctica, se hace importante que en esta nueva etapa seamos capaces de: a) Desarrollar un adecuado aparato y proceso organizativo, b) Tener un nivel de discusión, madurez y decisiones que permitan garantizar la competitividad de los candidatos, y c) Garantizar la fraternidad de la competencia misma aceptando los resultados. Finalmente, hoy, con el respaldo de 3 millones de peruanos/ as que votaron por el Frente Amplio, es fundamental lograr que el electorado en las primarias no sea solo de la izquierda, sino que incluya a la ciudadanía frenteamplista, camino a las elecciones del 2018.

En el fondo de las izquierdas
Por último, a pesar de que la palabra “ideología” ha sido muchas veces usada despectivamente, más aún en el trabajo del frente político, en realidad es una ausencia notable y una necesidad que las izquierdas profundicen y rediscutan su concepción sobre la realidad concreta. Esto más allá de visiones coyunturales sobre los sujetos sociales, la correlación de poder y las maneras de disputarlo como Frente. Asimismo, el avance del capital y su realidad de hoy: ¿Cómo la izquierda reinterpreta el trabajo informal con el que vive el 70% de la población del país? ¿Cómo entendemos las diferentes maneras de organizarse y manifestar sus demandas? ¿Cómo vamos más allá de un discurso liberal sobre los derechos, por ejemplo frente a nuestra concepción de la problemática de la mujer usualmente subvalorada como sujeto de cambio en la izquierda? ¿Cómo concebimos la dicotomía capital/naturaleza/pluriculturalidad en un hecho tan concreto como el Baguazo por ejemplo?

El reto consiste en aterrizar todo esto en la construcción de una estrategia política/social amplia en la izquierda, para afrontar lo que está por venir. Como dice David Harvey, está el reto de “organizarse alrededor de la vida cotidiana” en las diversas expresiones de la dominación del capital sobre la vida. Este ejercicio constante de debate político en la nueva etapa del Frente Amplio expresará nuestras crisis teóricas/ prácticas, pero también irá construyendo nuestras afirmaciones colectivas como generación y como proyecto político nuevo. Así, nos permitirá saber que aún con quienes discrepamos hay algo en común, por lo cual seguir trabajando juntos en la organización y para la organización frentista. A no perder la capacidad de acción y a ponerse el alma.

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1. Jhon M. Carey, “El bono de las primarias en América Latina”, en A. Fontaine y otros, (editores) Reforma de los partidos políticos en Chile. Santiago, PNUD, CEP, Libertad y Desarrollo, Proyectamérica y Cieplan, 2008.