Tema central
Izquierda peruana hoy:
Una nueva oportunidad

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Balance y perspectivas
de la izquierda en el Perú de hoy

Carlos Castillo Peralta

 

Las elecciones generales del 10 de abril tuvieron un resultado inesperado. Si bien es cierto que el electorado peruano se inclinó mayoritariamente por proyectos de derecha (Fujimori y Kuczynski disputarán la segunda vuelta con 39.81% y 20.98% de los votos válidos, respectivamente), nadie puede negar que la izquierda tuvo un desempeño espectacular.

Después de casi 30 años una propuesta de izquierda logra ubicarse entre los primeros lugares de la preferencia electoral, logro alcanzado por Verónika Mendoza, candidata del Frente Amplio, que obtuvo 18.85% de los votos válidos. El Frente Amplio se constituye además en segunda fuerza parlamentaria, con 20 congresistas electos, y segunda fuerza política a nivel territorial en el país, al triunfar en 7 regiones, 64 provincias y más de 600 distritos. Mención aparte merece Gregorio Santos, candidato por Democracia Directa, pues logró 4% de los votos válidos, la primera votación en Cajamarca y un importante respaldo en Puno. Sin embargo, no obtuvo bancada pues no logró pasar la valla congresal. Por lo tanto, aunque perdiendo, tales resultados son importantes de cara al proceso de recomposición y renovación de la izquierda en el Perú. Tratando de ensayar algunas explicaciones sobre los resultados obtenidos, podemos mencionar lo siguiente:

1.- En los meses de enero y febrero se produjo la exclusión del proceso electoral de los candidatos Acuña y Guzmán, quienes se encontraban disputando el segundo y tercer lugar de las preferencias electorales según las encuestas. Ello dejó un vacío electoral que supo ser cubierto por Verónika Mendoza y en parte por Alfredo Barnechea, quien finalmente fue desplazado al cuarto lugar.

2.- El excepcional liderazgo de Verónika Mendoza, cuyo desempeño fue de menos a más, constituyéndose
en un referente de las fuerzas de izquierda y progresistas, expresa el respaldo de miles de peruanas y peruanos que creen que ella encarna una alternativa de cambio coherente y viable. Hoy día, el grueso de la izquierda reconoce su liderazgo, posicionándola como una candidatura fuerte de cara a la siguiente elección presidencial
el 2021. Sin ella, el Frente Amplio probablemente no hubiera alcanzado ni la mitad de los resultados obtenidos. De hecho, los más optimistas solo esperaban salvar la valla y lograr una representación congresal mínima.

3.- El acierto de la decisión de una parte de la izquierda peruana de relanzar el Frente Amplio, como proyecto propio de mediano plazo, coherente y democrático, en vez de seguir apostando por una política de alianzas coyunturales (tácticoelectorales, apoyo crítico, etc.) que en muchas ocasiones la alejaban de sus principios y de su plataforma programática. El Frente Amplio, como todo proyecto en construcción, no estuvo exento de falencias (tensiones políticas al interno, debilidades organizativas, poca experiencia en campañas electorales, carencia de recursos, ausencia de contactos en medios, etc.), situación que no permitió obtener mejores resultados.

4.- Un mensaje de cambio coherente que marcó la diferencia ante las otras propuestas y que fue impactando cada vez más en el electorado, poniendo en agenda temas ausentes, tales como la necesidad de un rol más activo del Estado en la economía y la sociedad, la necesidad de recuperar el control sobre nuestros recursos naturales, la necesidad de acabar con los privilegios de las empresas transnacionales exoneradas de impuestos y multas, la necesidad de aumentar el sueldo mínimo y garantizar trabajo digno, la necesidad de reformar el sistema de pensiones y frenar el abuso de las AFPs, la necesidad de fortalecer los derechos sexuales y reproductivos, la necesidad de respaldar a la pequeña y mediana agricultura, entre otros.

5.- El Frente Amplio expresó el descontento acumulado ante demandas desatendidas por el Estado, reflejado en un conjunto de luchas sociales en los últimos diez años, que en mayor o menor medida cuestionan el consenso del modelo neoliberal y la corrupción imperantes en el país. Entre otras luchas podemos mencionar: a) Las movilizaciones campesinas e indígenas en defensa del territorio frente a la minería y otras actividades extractivas (en Espinar, Conga, Bagua, Tía María, Pichanaki, Las Bambas, etc.), b) Las movilizaciones por la unión civil, la despenalización del aborto y otros, promovidas por los movimientos de diversidad sexual y feministas, c) Las movilizaciones de los jóvenes contra las denominadas «repartija» y «Ley Pulpín».

6.- La incomprensión del momento político al interior de la izquierda, que condujo a persistir en viejas fórmulas para lograr la unificación de sus filas, fracasando en el intento. Así, se generaron hasta cuatro bloques de izquierda: Frente Amplio (FA), MAS-Democracia Directa (MAS-DD), Únete por otra democracia y Unidad Democrática (UD), proyectos que naufragaron sucesivamente, y Perú Libertario (PL), que se retiró de la contienda electoral para no perder su inscripción. No obstante, en torno al liderazgo de Verónika Mendoza, se fue forjando un proyecto de unidad desde abajo hacia arriba, desde los territorios. Así, militantes de base de organizaciones que formaron parte de los otros bloques se incorporaron activamente a los comités de campaña del Frente Amplio (donde hubo apertura) o en su defecto impulsaron la formación de «comités de apoyo ciudadano», rebasando en muchos casos a sus dirigencias nacionales y obligándolas a sentar posición en respaldo a la candidatura de Verónika Mendoza.

La campaña de desprestigio y demolición (guerra sucia) emprendida contra Verónika Mendoza, a quien no dudaron en tildar de «chavista», «comunista» y hasta de «terrorista», en su afán de frenar el avance del Frente Amplio. En el mismo sentido, se trató de vincular a Mendoza con la primera dama Nadine Heredia y el manejo de las cuentas del Partido Nacionalista, entre otras acusaciones difamatorias. Al parecer, estos psicosociales tuvieron efecto en
la intención de voto de muchos electores, quienes aún asocian a la izquierda con la violencia política vivida en el país.

De cara a los resultados obtenidos toca esbozar qué hacer de aquí en adelante, toda vez que Verónika Mendoza y el Frente Amplio tienen gran responsabilidad, sea cual sea el resultado de la segunda vuelta del 5 de junio. La izquierda peruana retoma un protagonismo que no tenía desde 1985, con Alfonso Barrantes a la cabeza de Izquierda Unida.

Sin embargo, no debemos perder de vista que se configura un contexto desfavorable, pues como país enfrentamos un clima económico de desaceleración. Cualquiera sea el gobierno que resulte electo, buscará imponer medidas de ajuste para paliar dicha situación. Además, en el Congreso de la República primará una aplastante mayoría de derecha.

En ese sentido, entre los desafíos de la izquierda cabe destacar los siguientes:

1.- Liderar la movilización popular para impedir que el fujimorismo vuelva a Palacio de Gobierno y cerrarle el paso a la concentración absoluta del poder, dejando en claro que ello no significa de ningún modo hacer concesiones a PPK. De darse el caso que éste asuma el gobierno, el Frente Amplio será oposición.

2.- Abrir, fortalecer y refundar el Frente Amplio para los miles de nuevos afiliados cuya esperanza ha renacido, considerando que se está ingresando a un nuevo período, y que el instrumento político y su estructura organizativa deben responder a los nuevos tiempos, desafíos y tareas.

3.- Promover la unidad más amplia encabezando una corriente frentista, superando la vieja fórmula de la unidad basada en la «suma de siglas», y más allá de la autoafirmación de identidades. Consolidar unidad en la práctica, desde los territorios, incluyendo a las fuerzas vivas, ya sean organizaciones sociales y/o políticas, ciudadanía, pueblo, de abajo hacia arriba.

4.- Impulsar y apoyar procesos de renovación de la política: renovación de prácticas y métodos, renovación de liderazgos y recambio generacional con enfoque de género, e inclusión de los representantes de las comunidades originarias.

5.-Fortalecer la más amplia participación y protagonismo del pueblo, radicalizando la democracia al interior de las organizaciones y del Frente Amplio donde rijan los principios: a) «Un militante un voto» para la elección de las responsabilidades a todo nivel, desde los comités de base hasta las instancias nacionales, y b) «Un ciudadano un voto» para la elección de las candidaturas a cargos de representación o elección popular.

6.- Construir una plataforma programática que recoja las demandas ciudadanas de los sectores movilizados y en lucha, en un proceso de ida y vuelta, de abajo hacia arriba y viceversa, que permita afirmar un proyecto y una propuesta política de izquierda, abriendo paso a un proceso constituyente cuyo resultado debe ser una nueva
Constitución. La misma servirá de sustento jurídico de un nuevo pacto social, económico y cultural, alternativo al consenso/modelo neoliberal imperae en nuestro país.

7.- En el Congreso, al Frente Amplio le corresponde mantener la unidad y coherencia de la bancada, posicionando una agenda parlamentaria que exprese las demandas de las organizaciones sociales en lucha, constituyéndose en una fuerza opositora (tanto en las calles como en el recinto congresal), y cumpliendo un rol de fiscalización. Le corresponde, además, afirmar y consolidar el liderazgo de Verónika Mendoza en dicha bancada.

8.- Consolidar un proyecto electoralmente viable, participando en las elecciones municipales y regionales del 2018, así como en las elecciones presidenciales del 2021 –año en que se celebra el bicentenario de nuestra Independencia–, demostrando que la izquierda cuenta con capacidad de ser gobierno. Resaltando que no se aspira a gestionar el aparato del Estado haciendo más de lo mismo, sino desde el pueblo, con el pueblo y para el pueblo; es decir, desde una perspectiva de gobierno y poder.