06 de junio de 2019

 

Desfile de miserias

Revelaciones neoliberales, nada liberales

 

 

 

Jorge Millones

 

 
 


La desgracia de tener que ver y oír cómo nuestros congresistas se rasgaban las vestiduras defendiendo impunidades e injusticias en medio de una retahíla de indignidades y fariseísmos, ha sido sin duda, un vía crucis para todos. Se deshicieron en descalificaciones, insultos y altisonancias para que al final terminaran votando a favor de la confianza al Ejecutivo manteniendo intactas sus curules y el statu quo corrupto.

En esta triste e indignante pasarela de miserias, a muchas y a muchos, como decían las abuelas, “se les vio el fustán”. Desde arcaicos machismos y racismos, hasta conchudos clasismos y acendrados odios ideológicos anti izquierdistas.

Con mi curul no te metas
Un ultra conservador pastor evangélico devenido parlamentario, citando la Biblia en un ámbito que se supone es laico como el Congreso, llama dictador al Presidente Vizcarra, seguidamente se declara en “huelga democrática” y se retira a sus aposentos. ¿Sabrá algo sobre el derecho a huelga el congresista Rosas? Si no quería soplarse el insufrible debate del hemiciclo mejor se declaraba enfermo, o simplemente, no iba. Ojalá le descuenten la gracia por haberse retirado así.

Tal parece que cualquiera que critique al Congreso -casi el 90% de peruanos- es un extremista o dictador. Y es que en esta hoguera de las vanidades que es el Congreso hubo que soportar a Karina Beteta despotricando contra las políticas de paridad y alternancia. Y como siempre es más fácil descalificar que debatir, se construyó su monigote ideológico para darle duro: “Siempre voy a estar en contra de la paridad, no la voy a cambiar. No se les puede OBLIGAR a las mujeres a participar en política”. ¿De dónde habrá sacado esa idea la ex nacionalista y ahora fujimorista Beteta? La paridad promueve igualdad de condiciones, no impone ni obliga a nadie. Pero claro, siempre es mejor atacar una caricatura que hacerle frente a la idea original.

No me toques el dinero
Bastó que el Ministro Zeballos dijera que hay buenas experiencias de empresas estatales sugiriendo una aerolínea nacional, para que “Expreso”, uno de los voceros de la oligarquía, le sacara una portada digna de un diario chicha montesinista. Y es que cuando a la derecha se le recuerda que el actual tipo de corrupción -desmesurada y sofisticada- es connatural a su modelo económico, se rasgan las vestiduras y gritan “¡Estatismo!”, “¡Velasco!” entre otras perlas que acaban en la ya venerable tradición derechista y retrógrada del “terruqueo”.

Inmediatamente, se activaron los dispositivos de control mediático y aparecieron los “analistas” a pronunciarse a favor del modelo económico y advirtiendo de la amenaza estatista. Cuestionados medios de comunicación, que hacen parte de oligopolios y grupo de poder, “ponen en agenda” que la izquierda quiere “romper la institucionalidad” ¡y no reconocen que la escalada de corrupción neoliberal que tenemos viene destruyendo la democracia y las instituciones desde los años noventa! Hablan desfachatadamente de modelos caducos y no reparan que vivimos una crisis total provocada por la corrupción de origen empresarial que es producto directo del modelo económico que ellos impusieron con un golpe de Estado y aún lo defienden.

Y como las cámaras te dan tribuna para despacharte, Mercedes Aráoz -la recordada ex ministra del baguazo de García- se despachó contra la marcha a favor de cerrar el Congreso. Igual que Beteta, se construyó su monigote ideológico y arremetió: “quiere romper la Constitución, quiere cambiar el modelo económico, quiere que no tengamos el capítulo económico, que sea un país estatista, que ya se ha probado en todas partes del mundo que no funciona (…) El modelo que ellos plantean es totalmente errado… quieren buscar que se rompa el régimen que tenemos para convertirnos en un país ligado a modelos ancestrales”. ¿Modelos ancestrales? Mejor dejamos ahí eso.

¿Cómo no se va a querer romper una Constitución que proviene de un golpe de Estado y que ha promovido intensamente la corrupción de alto vuelo? ¿Cómo no se va a querer cambiar un modelo económico que destruye las instituciones y la democracia para beneficiar a poderosos y corruptos monopolios y oligopolios que se libran de pagar impuestos?

Ahora entendemos porqué Vizcarra no la quiere a su lado y la mantienen al margen de la política anticorrupción.

Mucho blanco en la plancha
Las declaraciones racistas de Carlos Bruce lo pintan de cuerpo entero, máxime si no es consciente de ellas. Puede haber avanzado en el reconocimiento de ciertos derechos en el ámbito lgtbi, pero sigue creyendo en las razas, “lo provinciano” y su valoración de aquello es negativa. En su afán de ningunear al Presidente, también construye un monigote ideológico a la medida de su veneno: "El presidente Vizcarra no es un político, es un exgobernador regional de una región muy pequeña y que candidateó en una lista en la que inicialmente estaba para ser congresista por Moquegua. De pronto dijimos 'oye, necesitamos un provinciano en la plancha porque hay demasiados blancos' y terminó como presidente por lo que todos sabemos".

Lamentable e indignante. Los comentarios de Bruce son extendidos, mucha gente piensa así y la educación tiene un papel clave en eso. Pero un congresista no puede expresarse así y azuzar taras sociales como el racismo. Puede discrepar con Vizcarra, pero no descalificarlo por su origen o la pigmentación de su piel.

Lo que hay detrás de este ninguneo que caracteriza al poder, es la incapacidad de aceptar la realidad, de confrontar hechos y evidencias para permanecer en una zona de confort en la que el “Otro” es quien siempre se equivoca, el “Otro” es el que sobra, el “Otro” es “rojo”, “terruco”, cuando no “provinciano”, “no blanco”, “mujer”, “lgtbi”.

Este es el peor de los legados del neoliberalismo, atizar las miserias humanas, las taras sociales, los prejuicios y hacerlos arder en el fuego del odio. Porque a más odio, campea la desconfianza y el cinismo. Y con eso, es imposible construir un país.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo