11 de mayo de 2019

 

No hay cultura sin agricultura

 

 

 

Guillermo Valdizán Guerrero

 

 

 
 


En Nuestramérica se viene librando una disputa entre las fuerzas que cultivan igualdad en la diversidad desde el Buen Vivir y las fuerzas del capitalismo en su fase neoliberal, de carácter extractivista que expropia, mercantiliza y depreda nuestros bienes comunes naturales y sociales. Esta acumulación por saqueo que desarrolla el capitalismo necesita del control de los territorios donde se encuentran estos bienes y, en complicidad con los gobiernos entreguistas, despliegan estrategias de privatización, militarización y recolonización cultural.

Durante las últimas décadas los conflictos sociales y políticos en nuestra región han tenido como eje central las disputas por los bienes naturales. Ello se ha expresado en luchas a favor del cuidado del agua y la biodiversidad que de ella depende, contra la contaminación que generan las industrias extractivas, las consecuencias negativas de los agro-negocios, la reconcentración de la tierra en manos de empresas transnacionales, el desplazamiento de tierras y territorios, la construcción de carreteras y represas, privatización de servicios públicos, destrucción de formas de propiedad comunal y pública, entre otros. Ante este escenario han respondido intensamente los movimientos campesinos, indígenas y ciudadanos, del campo y la ciudad, en algunos casos planteando límites a las consecuencias ambientales, redistribución y apoyo a los pequeños productores, en otros casos impulsando otros horizontes alternativos al desarrollo capitalista.

Un punto central de esta disputa, como ya se ha dicho, es el control territorial para el saqueo de nuestros bienes comunes a cargo principalmente de empresas transnacionales y gobiernos con intereses imperialistas. Este punto, lejos de ser novedad, lleva siglos ejecutándose en Nuestramérica, siempre vinculado a las necesidades del desarrollo capitalista a nivel mundial. Es así que la modernidad capitalista históricamente se ha sustentado sobre la base del saqueo de nuestros territorios y la imposición colonial a nivel político y cultural.

Actualmente el control territorial para el saqueo se caracteriza por el uso de los grandes avances científicos y tecnológicos, que han permitido la expansión de su capacidad de mercantilizar todos los ámbitos de la vida en dichos territorios. En ese sentido, los territorios no solo son campos de disputa económica, política y militar, sino que se convierten en escenarios vitales de lucha cultural por la defensa de la madre Tierra, frente a un tipo de acumulación de riqueza que provoca una insostenible contaminación ambiental, precariza la vida y el trabajo de miles de comunidades del campo y la ciudad, y pone en peligro la seguridad alimentaria y las fuentes de agua para esta y las próximas generaciones.

Por eso es sumamente importante que el IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria haya puesto como principal punto de reflexión los territorios para el Buen Vivir. Necesitamos cultivar otro horizonte civilizatorio alternativo al desarrollo de la modernidad capitalista, pero eso no lo lograremos sino asumimos la disputa por la recuperación de nuestros territorios en concreto. La maravillosa potencia de los grupos culturales comunitarios de Nuestramérica debe reencontrarse con aquellas y aquellos defensores ambientales, pueblos originarios, campesinos, colectivos urbanos ecologistas, entre otros. Por ejemplo, este 13 de mayo en Perú se realizará uno de los paros de productores agrarios más grandes ocurridos en décadas y esta puede ser una oportunidad para animarnos a caminar junt@s. Por la defensa y cariño de nuestros territorios: NO HAY CULTURA SIN AGRICULTURA.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo