25 de enero de 2019

 

Huancayo: Bicentenario y disputa
por el poder en el Juego de Tronos

 

 

  Luis Rodríguez
   

Los señores no negocian con campesinos
Ken Follet, Un mundo sin fin

El campesinado era imprescindible mientras esto fue una guerra nacional. No podías hacer una guerra con Chile sin el apoyo del campesino. Pero para llegar al poder necesitas el apoyo de los terratenientes. Y ¿Cuáles son las reivindicaciones básicas de los terratenientes? Primero, el desarme de los indígenas y en segundo lugar la recuperación de las haciendas.

Nelson Manrique  

 
 


Lenin recordaba con frecuencia a Robespierre, extrayendo de la experiencia jacobina la lección que la revolución se excede siempre, por definición, a sí misma. “El tercer estado (plebeyos) no quería una sociedad burguesa, que progresivamente adquiría tintes aristocráticos” (Hobsbawm). Los jacobinos empujaron la revolución francesa más allá de si misma, más allá de donde estaban dispuestos a llevarla (tolerarla) los ideales burgueses. Con la Republica Jacobina se conservó el país y triunfó la Revolución amenazados ambos por la aristocracia extranjera y numerosas sublevaciones internas.

Curiosamente, ese es el núcleo del argumento de la serie Juego de Tronos. Muerto el Rey se inicia un periodo de caos y crisis política muy honda (expresados en guerras e inestabilidad profunda). En suma, se abre un proceso destituyente. La salida a la crisis no tiene que ver únicamente con la sucesión sino fundamentalmente con la construcción de (un nuevo) orden social y político a manos de quienes (enanos, bastardos, mujeres, caídos en desgracia, inválidos, plebeyos) en el viejo orden nada tenían que hacer más que obedecer y ver, desde su privado sufrimiento, la práctica política  destinada únicamente para los nobles. En suma, la serie narra el desarrollo de un proceso constituyente, como salida a la crisis, que tiene a la base (como su única posibilidad) una irrupción plebeya que Daenerys, luego de liberar a esclavos y gobernar sin la nobleza, resume “Lannister, Targaryen, Baratheon, Stark, Tyrell, solo son rayos de una rueda, ahora está uno arriba y luego el otro y sigue girando aplastando a todos a su paso… no voy a detener la rueda, voy a romper la rueda”.

El evento “Voces del Cambio” a realizarse en Huncayo el 26 de Enero se desarrolla no solo en medio de un proceso destituyente (crisis de régimen o del sistema político neoliberal) sino, y esto debe quedar claro, ante la posibilidad real de abrir un proceso constituyente que NO TIENE que ver en primera instancia con cambiar el texto de la Constitución del 93 (en términos de las ciencias políticas “constitución formal”) sino que tiene que ver en el fondo con construir una mayoría social y política (es decir cambiar la correlación de fuerzas, en términos de las ciencias políticas “constitución material”) a partir de articular un proyecto de país (un nuevo sentido común de época) que jubile de una vez por todas la idea-fuerza del “Perú país de emprendedores” (donde cada uno baila con su pañuelo teniendo como enemigo al Estado) que inaugurara De Soto a inicios de los 80, volviendo hegemónica a las oligarquías nacionales.

A diferencia de quienes ven en el evento “Voces del Cambio” únicamente un espacio de construcción de unidad de las Izquierdas (mirada que siempre tendrá a su base una apuesta cerrada e identitaria lo que no deja de ser curioso en un contexto de crisis de la izquierda y en el que la mayoría de las organizaciones que se reunirán están en medio de procesos de formación), la apuesta debería más bien estar orientada a sentar las bases de una articulación mayor: la articulación de una voluntad colectiva nacional y popular.

No se puede aspirar a construir poder y ser gobierno sin plantearse la construcción de un pueblo vinculado íntimamente a la idea de una patria nueva que han de construir los de abajo, esos, la mayoría, que no participarán en el evento Voces del Cambio. No se trata de convencernos a nosotros mismos, a los ya convencidos. Ni se trata de disputar el estrecho campo de la izquierda. Por el contrario, se trata de expandir el espacio abierto del cambio, de expandir lo posible. La política no es el arte de lo posible (este es el sentido conservador de la política). La política, en sentido revolucionario, trata más bien acerca de cómo expandir lo posible.

Plantearse un proceso constituyente en el Perú del siglo XXI supone identificar quienes son aquellos y como, en los últimos 40 años, se hicieron del poder y las instituciones para beneficio propio. Las elites económicas y políticas son las que han mandado en las ultimas 4 décadas. Y no deben seguir haciéndolo más si queremos que las cosas cambien. Corresponde por tanto cambiar la estructura del poder que se construyó desde Morales Bermúdez y que hoy se tambalea.

Nadie en la derecha pide a las organizaciones políticas de derecha que se unan. ¿Por qué?. Pues porque no lo necesitan. Son, aun, hegemónicas. Por eso, y por una fuerte carga de oportunismo, Sheput puede pasar de PP a PPK o Alcorta de UN a FP. Los partidos  de derecha han demostrado que en gran medida son lo mismo. No obstante, y esto da cuenta del espacio abierto para el cambio, la hegemonía neoliberal que construyeron desde los 70, está en crisis. Cabe por tanto plantearse la construcción de una nueva hegemonía democrática y popular.

El reto de las organizaciones que se reunirán en Huancayo, tiene que ver con expandir y empujar lo posible más allá de sí mismo. Esto supone plantearse el 2021 desde un enfoque constituyente que demanda una enorme generosidad para no utilizar de excusa acciones o comentarios, algunos ciertamente inaceptables, para patear el tablero. Este reto tiene además una responsabilidad generacional “de impulsar un nuevo momento de articulación social y política, que incluyan a ciudadanos y ciudadanas que no militan pero que se suman a esta voluntad de cambio, al igual que a los sectores políticos sociales y organizados” como bien ha señalado Anahí Durand en reciente artículo (Una mayoría popular para cambiar al país: Más allá o más acá de las izquierdas).

La generación del 68 dejó una tarea inconclusa, fundar un nuevo país. Corresponde empujar hasta su concreción en la realidad ese viejo sueño que no una sino varias veces se volvió trunco: un país de todos y de todas. Huancayo conoce de tareas revolucionarias y también de frustraciones que no deben volver a ocurrir. Durate la guerra con Chile las comunidades campesinas e indígenas del valle del Mantaro formaron guerrillas que al mando de Avelino Cáceres, combatieron al ejército chileno demostrando generosidad y amor a la patria inquebrantables.

Sin embargo, una vez terminada la Guerra la movilización de los guerrilleros campesinos e indígenas como ha señalado Nelson Manrique desbordó “los límites que la sociedad terrateniente imponía a la acción autónoma de los indígenas (que expresaba) un potencial revolucionario aún confuso y larvario, pero no menos amenazador… para los intereses de la elite regional". Cáceres, buscando el apoyo de los oligarcas de la costa y hacendados y terratenientes de la sierra les dio la espalda y reprimió brutalmente en vistas a hacerse del poder. Esto no puede volver a ocurrir. Es hora de superar una lógica liberal de la política, en la que muchas veces cae la izquierda, de buscar la mera representación para pasar a convertirse en bisagra que impulse una (re)politización de la sociedad peruana y una irrupción plebeya en el Estado en vistas a refundar la Republica, la del Bicentenario.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo