23 de enero de 2019

 

Una mayoría popular para cambiar al país

(Más allá o más acá de las izquierdas)

 

 

  Anahí Durand Guevara
     
 



Los últimos tiempos, el espectro político del país se ha movido de manera tal que poco queda de los partidos que disputaron la segunda vuelta electoral del 2016 y sus líderes. Ex presidentes y líderes políticos enfrentan sendos juicios por corrupción, el Congreso enfrenta la peor deslegitimación de su historia lo mismo que el poder judicial y el ministerio público. La crisis de régimen ha desnudado la podredumbre de la clase política que se ha turnado el poder desde 1990 y son cada vez más las y los peruanos que consideran necesario empujar cambios profundos.

En efecto, superar la crisis requiere llevar adelante cambios y en esa línea los distintos grupos y actores políticos configuran ya algunas salidas. Los sectores (neo) liberales aliados a grupos de poder empresarial, temerosos de que peligre el sistema que tantos beneficios económicos les ha dado, empujan una salida normalizadora. Vizcarra es una pieza en este juego y probablemente otros como Julio Guzmán también lo sean, prometiendo algunas reformas cosméticas, pero manteniendo lo sustancial del modelo. Otra salida es la que alienta la derecha más bruta, esa que clama por un Bolsonaro local y pretende mostrarse como una propuesta de normalización basada en la imposición de la mano dura, la defensa de la religión, la exacerbación del machismo, la xenofobia y la defensa de los privilegios de los ricos de siempre.

Contra esas salidas normalizadoras empeñadas en iniciar un nuevo ciclo de gobernabilidad neoliberal -con nuevos rostros pero el mismo esquema de acumulación, desposesión y corrupción- es urgente afirmar otro camino. Consideramos que hay espacio para impulsar una salida democratizadora y popular, que ponga punto final al ciclo de captura neoliberal del Estado legitimado por la Constitución 1993. El modelo político económico que precariza la vida es insostenible; genera violencia en los territorios, se ensaña con los cuerpos de las mujeres, incrementa la desigualdad y enriquece a unos pocos privando al pueblo de vida digna. Existe un sector importante de la población que quiere cambios de fondo y no ha dejado de movilizarse. reclamando por derechos laborales, manifestándose contra la violencia a las mujeres, reclamando contra la corrupción y los jueces mafiosos etc.

Afirmar esta salida democratizadora y popular requiere por un lado aglutinar una mayoría capaz de politizarse y movilizarse y, por otro lado, articular un instrumento político capaz de representar esa mayoría y disputar el gobierno. En ambos aspectos hoy existe un potencial enorme de construcción y articulación, pero también serias limitaciones que no se resolverán en el corto plazo y requieren amplios esfuerzos articuladores.

Respecto a lo primero, avanzar en aglutinar una mayoría social con capacidad de politizarse y movilizarse requiere primero asumir que la fragmentación social se mantiene. Factores como el conflicto armado, el clientelismo fujimorista, la crisis del sindicalismo y la penetración de lógicas individualistas han socavado la capacidad de movilizar la indignación de los sectores populares. Si bien en esta crisis el descontento fue latente y se desarrollaron varias movilizaciones, estas carecieron de contundencia…en medio del desmadre nacional vivido el 2018, el desarrollo de movilizaciones masivas, politizadas y coordinadas hubiera inclinado el escenario hacia salidas destituyentes, empujando un adelanto de elecciones, el cierre del Congreso e incluso una posible convocatoria a Asamblea Constituyente. Pero eso no ocurrió y esta mayoría socio política se encuentra todavía en (re) construcción, dependiendo su fortalecimiento de enlazar distintas experiencias. Es un momento en que el encuentro de las distintas organizaciones y ciudadanos descontentos con la voracidad del neoliberalismo pueden aportar a la conformación de una nueva mayoría popular, que se nutre de la diversidad de tradiciones y demandas presentes en los sindicatos, las comunidades que defienden sus territorios, las mujeres, las diversidades sexuales, los pueblos indígenas y afros, los colectivos ciudadanos etc.

Respecto a lo segundo, la construcción del instrumento político capaz de representar esa mayoría y ganar el gobierno asegurando una salida democrática a la crisis, requiere también tener en cuenta limitaciones y potencialidades. Las fuerzas de izquierda dispuestas a asumir esta tarea deben reconocer que ninguna tiene la suficiente fuerza para llevar a cabo la tarea sola. Las ultimas experiencias de construcción y participación político electoral de las izquierdas no han sido alentadoras. Por un lado, no han logrado cumplir con las excluyentes reglas de juego que benefician a quienes tienen dinero, y se han quedado sin inscripción formal como el Nuevo Perú. Por otro lado, los grupos que participaron en las elecciones regionales ensayaron estrategias distintas con los mismos malos resultados; Juntos por el Perú aglutinó siglas, pero estuvo lejísimos de congregar apoyo electoral, y el MAS de Goyo Santos ensayó construir su propio bloque plebeyo popular, incluyendo empresarios como la Capuñay, obteniendo malos resultados en Lima y una dura derrota en Cajamarca. Algunas fuerzas regionales como Cerron o Aduviri lograron gobiernos regionales pero su proyección nacional es todavía limitada.

Generar el Encuentro; Voces del Cambio en Huancayo
¿Cómo construir esa mayoría político social que permita afirmar una salida popular, democratizadora y anti neoliberal a la crisis? ¿Cuál debe ser el instrumento político que dote de representación a esa mayoría y dispute el gobierno? Antes que ensayar respuestas infalibles debe quedar claro que se trata de procesos concurrentes pues articular una mayoría socio política fortalece las posibilidades de consolidar un instrumento político electoral con opciones de ganar y viceversa. Construir esta nueva mayoría hegemónica requiere que organizaciones sociales y fuerzas políticas se encuentren en esta doble tarea, articulando las demandas sociales desde abajo, politizando el descontento, reconstruyendo el tejido social, generando dinámicas militantes y también consolidando una alternativa electoral. En esta línea las organizaciones comprometidas con la transformación del orden neoliberal han convocado a dos eventos claves: el Encuentro Nacional de los pueblos el 16 de febrero en Lima y el Encuentro Nacional de organizaciones políticas de izquierda en Huancayo el 26 de enero.

A pocos días del evento de Huancayo, es importante insistir en su valor como espacio de encuentro con gran potencial para convocar y articulador esa mayoría popular que excede las izquierdas pero que las contiene de manera central. Y esa potencialidad no radica en la suma de siglas sino en la ampliación del marco de resonancia, donde lo que se multiplica y refuerza es el acumulado articulador de cada fuerza.  No se trata de insistir en una unidad en la clave ensayada por la izquierda de los 70; esa unidad estilo frentista donde estructuras orgánicas ideologizadas se juntaban bajo el paraguas de un frente negociando el orden de la participación electoral fracasó. Hoy los tiempos son otros, otros los protagonistas y las claves de articulación también, más que ir a Huancayo a cerrar una plancha presidencial o a competir en radicalidad y/o pureza, lo que se necesita es ir a avanzar en un diálogo que siente las bases de una gran plataforma social, política y ciudadana, que constituya esa una mayoría necesaria para ganar las elecciones, cambiar el país a través de un proceso constituyente y sostener ese proceso de cambio.

En el Perú y la región vivimos un momento grave, los sectores más recalcitrantes de la derecha se sienten empoderados y atacan abiertamente todo aquello que desobedece su modelo patriarcal, occidental centristas de pobres sumisos y pocos privilegiados, por eso odian a las mujeres, a los pueblos indígenas, a la población GLBTI. Y saben que para imponerse no es suficiente con llegar al gobierno por ello tejen alianzas con grupos religiosos y delictivos para colonizar el mundo de la vida instalándose en los territorios más empobrecidos. No podemos hacer frente a estos poderes enfrentándonos en un radicalismo ideologicista que nos marginaliza, tampoco lo haremos cediendo a un centro liberal complaciente con la corrupción y las fuerzas ultra conservadoras. Tenemos una responsabilidad hasta generacional de impulsar un nuevo momento de articulación social y política, que incluyan a ciudadanos y ciudadanas que no militan pero que se suman a esta voluntad de cambio, al igual que a los sectores políticos sociales y organizados. Hay que moverse para sentir las cadenas decía Rosa Luxemburgo hace cien años, insistamos en encontrarnos y movilizarnos o las cadenas seguirán bloqueando las opciones de cambio.


 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo