04 de enero de 2019

 

Feminismo y medicina

 

 

  Maritza Ortiz

 


 

 


Aún no terminaba el 2018 cuando se hizo pública la denuncia hacia médicos que abandonaron sus puestos de trabajo en hospitales del Estado para salir a realizar consultas privadas, de ahí en adelante el Ministerio de Salud ha publicado una serie de listas de médicos de diversos hospitales destituidos de sus puestos por razones parecidas. Es así que la ministra de salud nos hace pensar que está en una lucha frontal en contra de la corrupción y el gobierno da señales de que la salud de las personas es parte de su agenda.

¿Este gobierno puede garantizar que la salud sea un derecho?
La problemática es diversa y de hecho requiere de análisis profundos desde diversas perspectivas; pero como médica feminista de izquierda tengo una mirada sobre la problemática que me parece fundamental abordar. Somos un país con un modelo económico capitalista y de este se desprende no sólo la mercantilización de la salud, sino que también el patriarcado como forma de organización social que se manifiesta dentro del sector generando una serie de vulneraciones no sólo hacia las mujeres que requieren atención, sino que también hacia las mujeres que ejercen el trabajo de servidoras. Y el problema se agudiza más cuando vemos evidenciado en la práctica médica la ausencia de formación en ciencias sociales dentro de las facultades de medicina, generando profesionales que de hecho pueden ser muy competentes y con habilidades clínicas quirúrgicas que generan asombro; pero que su profundo desconocimiento de la realidad nacional, de ciencias sociales y específicamente sobre feminismo, hace que el resultado de su trabajo no sea adecuado y que lejos de representar la seguridad para salvar vidas, sean quienes generen violencia en contra de las mujeres.

El incipiente movimiento feminista dentro del gremio médico ha sido recibido con rechazo y se pretende desacreditar las habilidades de las médicas que han expresado abiertamente su postura feminista, desde la burla al uso de la palabra “médica” hasta el hecho de oponerse a que se apliquen las normas de Enfoque de Igualdad de Género. A pesar de ello, el auge en el crecimiento de la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria ha permitido no sólo la aplicación de la ciencia médica desde el punto de vista de las ciencias sociales, sino que también la mirada feminista y de inclusión a la comunidad LGTBIQ, no sólo con pacientes, sino también dentro del gremio, creando espacios de empoderamiento y activismo. Es así que el 2018 se incluyó por primera vez en la historia del país en un Congreso Nacional de Medicina como tema a tratar, el feminismo en la medicina, hecho que ha marcado un hito dentro de las exigencias que la comunidad médica debe hacer a quienes deciden las políticas públicas del país y ha puesta el tema en el debate público, creando confrontación, es cierto; pero termina siendo positivo ya que nunca se había abordado dentro del gremio la necesidad de la formación en feminismo y el Enfoque de género en los profesionales de la salud.

Pero ¿para qué sirve el feminismo dentro de la medicina? La primera y más importante respuesta es, para poder atender las necesidades de salud de la otra mitad de la población, históricamente desatendida y desprotegida. Pero es fundamental analizar algunas razones específicas, que no solo radican en un beneficio para nosotras, pues debemos entender que el feminismo no pretende la supremacía de las mujeres sobre los hombres. La salud jamás será un derecho si no se hace desde una perspectiva de género, desde una mirada feminista que condene al patriarcado como una de las razones fundamentales de afectación a la salud y de su acceso. Además es importante reconocer que el sistema capitalista vulnera doblemente a las mujeres, primero a las trabajadoras de salud, debido a esa perversa organización jerárquica que las subordina, más aún a las profesionales no médicas, en su mayoría mujeres, a cumplir funciones de cuidado, bajo el mandato del médico hombre y con una diferencia salarial injusta que no está acorde a sus estudios y capacidades profesionales; además de la violencia psicológica, verbal, física y sexual que enfrentan dentro de los espacios hospitalarios que son consentidos y encubiertos por las autoridades que no toman la decisión de prestar atención a esta problemática muy conocida y que muy por el contrario, sancionan y expulsan a quienes tienen la valentía de denunciar las diversas violencias que se viven en secreto dentro de los santuarios hospitalarios, llegando a romantizar el maltrato al que le llaman “mística médica”.

La segunda forma de vulneración de la salud es como pacientes, en realidad como mujeres, desde el punto de vista que se ha patologizado la naturaleza de nuestros cuerpos desde que somos unas niñas con la menarquia, luego la menstruación, incluso nuestra la ovulación, sin contar con que hasta se ha institucionalizado y mercantilizado el embarazo y el parto, seguido de la lactancia, siendo la violencia obstétrica una de los más invisibles daños que el sistema mantiene hacia nosotras, terminando con la menopausia y la vejez en la que se nos abandona. Se nos ha declarado incompetentes para cumplir naturalmente nuestra fisiología de mujer y el capitalismo ha hecho de este espacio un gran medio para sustentar la economía, pues ha negociado muy favorablemente nuestros procesos fisiológicos, es así que la tasa de cesáreas en las clínicas llega al 73%, al 20% por el SIS (Seguro integral de salud) y 34% en EsSalud, siendo la tasa permitida por la OMS entre el 10 y 15%. Eso sólo por mencionar algunas, pues una de las grandes banderas del feminismo es desde hace algún tiempo la lucha por la salud sexual y reproductiva, ya que somos un país en donde no hay acceso a educación sexual, métodos anticonceptivos, ya sea por falta de insumos o por incapacidad del personal a cargo para entregarlos, en donde se vive una cultura de violación y hay una alta tasa de embarazos no deseados, sin embargo la legalización del aborto es un sueño inalcanzable, además de tener servidores de salud incapaces incluso de cumplir con la aplicación del aborto terapéutico en mujeres y niñas que cumplen con las condiciones para esa atención, es así que el feminismo ha izado ahí la gran bandera verde.

Pero las vulneraciones van más allá y es que es necesario e imprescindible un intercambio de conocimientos entre el feminismo y la comunidad científica, pues si hacemos una evaluación más profunda, el daño que la falta de enfoque de género le hace a la ciencia y a las mujeres es mucho más terrible, ya que desde hace poco se ha reconocido el gran sesgo de género que tienen las investigaciones científicas, por ejemplo la falta de inclusión de la paridad en las investigaciones epidemiológicas, hasta la falta de empatía en la problemática social que incluye temas a investigar desde una perspectiva androcentrista, y la falta no solo de mujeres en las ciencias, sino de mujeres feministas que puedan generar una mirada diferente en las investigaciones y revolucionen desde adentro los aportes que la ciencia le debe a la otra mitad de la población, las mujeres.

Otro aspecto importante se evidencia en la falta de empatía sobre la violencia física y sexual que se vive de manera alarmante en nuestro país, hemos cerrado el año con 146 feminicidios y aún somos incapaces de describir las lesiones, las evidencias y sobre todo generar la denuncia dentro de los servicios de salud, aún existe el cuestionamiento sobre la conducta de la víctima y muchas veces se permite al agresor seguir al lado de ella, sin tener la capacidad de percibir que la exponemos a la muerte segura como de hecho ha pasado en muchos de los casos. La falta de registro hace que no se pueda hacer estudios y sólo contamos con datos inexactos, estando en nuestras manos la posibilidad de exigir políticas públicas que protejan la salud y la integridad de miles de niñas y mujeres víctimas de violencia que acuden a veces por otros motivos esperando un poquito de empatía.

Personalmente no estoy muy segura que la lucha por el acceso a la salud y en contra de la corrupción que el gobierno pretende emprender tenga resultado si no hace una autocrítica sobre su falta de enfoque de género e insiste en un modelo económico que es justamente el que impide el acceso a la salud, aún más el de las mujeres que son quienes en mayor proporción trabajan en condición de informalidad o cumplen la función del trabajo doméstico no remunerado. Y mientras esto sucede el sector salud seguirá siendo no sólo el espacio más violento e inseguro para las mujeres, sino que tal vez el encubridor más grande de delitos y el espacio más productivo para la economía capitalista. El feminismo no solo es necesario, sino que es vital y urgente.

 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo