18 de noviembre de 2018

 

Por un marxismo abierto y descentrado en Mariátegui

 

 

  Victor Hugo Pacheco Chávez
 




Segundo Montoya Huamaní, 
Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui,
Lima, Heraldos editores, 2018, 155pp.

 
 



Se recuerda que al célebre marxista Adolfo Sánchez Vázquez le gustaba parafrasear a Ortega y Gasset, para decir que “la crítica es la cortesía del filósofo”. El texto que comentamos esta ocasión sigue ese dictum que permite al autor, un joven filósofo limeño, Segundo Montoya Huamani enfrentarse a una revisión de las “lecturas” que se han realizado en relación a la obra de José Carlos Mariátegui. El libro como toda obra no deja de ser arbitrario en la revisión de los autores que comenta pero sin duda la selección que realiza esta en relación con aquellos estudiosos que Montoya ubica como los comentadores del Amauta más potentes en el periodo que recorre estas primeras décadas del siglo XX.

 


La primera parte está dedicada a trazar las coordenadas generales en las cuales se mueve la discusión. No es casual que el autor comience el libro cuestionando las lecturas peruanas del Amauta que han señalado o puesto en cuestión la vigencia de su pensamiento como un legado que se ha agotado con los vertiginosos cambios que trajo la vuelta de siglo. Así, Segundo Montoya pone en cuestión la estrategia del filósofo peruano David Sobrevilla para quién el pensamiento de Mariátegui ya no puede explicar la realidad actual. También se pone en cuestión la lectura de otro filósofo peruano José Ignacio López Soria, quien con un título rimbombante, asumiendo la triste tradición de ofrecer un saludo posmoderno de despedida, publicó el libro Adiós a Mariátegui, el cual como se puede apreciar, y motivo que discute Segundo Montoya, es una estrategia para posicionar un relevo de sentido que López Soria ve necesario: dejar el pensamiento moderno marxista y posicionar el pensamiento débil de G. Vattimo. Sin embargo, es curioso que si bien este fue el sentir de una parte de la intelectualidad peruana, en la vuelta de siglo, no fue así en otros lugares, pensamos en lecturas como la que ofrece Miguel Mazzeo en El socialismo en raizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de socialismo práctico, por mencionar un ejemplo. Lo que sí es un hecho es que la recuperación de Mariátegui se ha dado por otras tradiciones[1] que no necesariamente recuperan la cuestión que es central en el libro que nos ocupa: el marxismo abierto tal como lo expuso el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy. En este sentido, el autor traza así del siguiente modo su locus de discusión: “Nos proponemos retomar, criticar y redefinir, hasta cierto punto, la lectura de Salazar. Es decir, pensar con Salazar más allá de Salazar o, a lo mejor, contra Salazar”.[2]

La segunda parte del libro discute las lecturas que sitúan a Mariátegui dentro de un marxismo que se aleja del eurocentrismo. Comienza con una revisión de la lectura que realiza Raúl Fornet-Betancourt en su libro Transformaciones del marxismo en América Latina. Segundo Montoya no deja de llamar la atención sobre la importancia de dicho autor pero también se le antoja poco original pues  en el tema de la crítica al eurocentrismo desde Mariátegui, no se toma en cuenta que esto fue reflexionado por un autor como Aníbal Quijano desde mediados de los ochenta del siglo XX. El siguiente autor que analiza el autor es Enrique Dussel de quien destaca el hecho de ver en Mariátegui la intuición de algunas categorías, que  deberían desarrollarse en clave marxista, como son clase social, etnia, pueblo y nación. El tercer autor a quien pasa revisión es al peruano Aníbal Quijano de quien subraya la importancia que le da al problema espistemologico en la obra del Amauta y también ver en él ciertas improntas que estallaran con el debate sobre la colonialidad. Estos tres autores aunque sus propuestas sean diferentes y estén distanciadas nos permiten pensar en la obra de Mariátegui como en el principio del desarrollo de un marxismo no sólo en sino desde América Latina.

Sin embargo, lo dicho hasta aquí no ha dado pauta para desentrañar que entendemos por aquello de marxismo abierto. Por lo cual, la última parte del libro se encarga de sugerir algunos puntos que delimiten esa caracterización tan problemática que tratando de saldar uno de los grandes debates en torno a Mariátegui en el siglo xx, solo se mantuvo en una ambigüedad de la que todos se percataban pero no se cuestionaba. La tarea que se propone el autor no es sencilla. Me parece que esto se nota al regresar una y otra vez sobre cosas ya anunciadas a lo largo del libro: señalar la ambigüedad del mismo término, repetir algunos pasajes para ilustrar desde otros ángulos la discusión. Y es que quizá más allá de la intención primordial del libro no debe de perderse de vista que subyace también una discusión que sobre pasa al autor y es la del contenido anticolonial del discurso mariateguiano, lo cual detecta Miguel Mazzeo en el epilogo que se recoge en el libro:

Son varios los méritos de este trabajo, pero quisiera destacar algunos que tienen relación directa con el oficio de filósofo. Segundo Montoya, en su re-visión <positiva> y <descentrada>, se encarga de destacar que uno de los signos más distintivos del marxismo de Mariátegui es su anticolonialismo. Pero no se detiene precisamente en los elementos materiales, políticos e ideológicos de la crítica mariateguiana al orden colonial y neo-colonial, en el análisis de sus mecanismos de expoliación. De la mano de los autores que toma como referencia, él prefiere adentrarse en territorios menos explorados: en los fundamentos espistemológicos del anticolonialismo (y del marxismo) del Amauta. De este lado va delineando un Mariáetegui que considera que la <necesidad histórica> no está del lado de los opresores y que crítica y relativiza esa noción tan cara al marxismo unidimensional y eurocéntrico. No sólo se trata de optar por la ética cuando esta entra en colisión abierta con la necesidad histórica (una opción que está presente en Max, aunque muchas veces no se tome en cuenta), sino de ver la presencia determinante de rudimentos teleológicos, descontextualizados y a-criticos; de  reconocer la carga de dogmatismo, abstracción y determinismo y anti-eticidad, presente en la misma idea de <necesidad histórica>. (p. 10)

En este confrontar las visiones que se han dado sobre Mariátegui el autor nos entrega la propia, o mejor dicho, esboza, delinea, traza algunos rasgos que quedan como impronta de lo que puede ser una visión que en un futuro pueda definirse más nítidamente de la imagen de Mariátegui y que sea propia del autor. Pero lo que se alcanza a mostrar aquí no es nada despreciable.

Ahora bien, la intención y la preocupación del libro quedan asentadas claramente en el tercer capítulo:

Después de mostrar los conflictos de interpretación sobre el marxismo de Mariátegui a través de un recorrido cronológico-analítico de lecturas, relecturas, <caras del mito> (Quijano) e <intuiciones> (Dussel), es que estamos en condiciones de argumentar nuestra modesta hipótesis de trabajo por medio de una noción articuladora. Noción que denominamos <apertura epistemológica crítica> o, su equivalente, marxismo abierto y des-centrado> como parte de un esfuerzo teórico mayor por redefinir y reorientar gestálticamente el marxismo del Amauta a la luz de los debates sociológicos y filosóficos actuales. (p. 130)

Así todo el libro tiene una fuerte influencia de la manera en la cual Lakatos define los discursos científicos. De ahí que nos dirá Segundo Montoya que lo que permite hablar de un marxismo abierto es que este tiene un núcleo fuerte y un cinturón protector que hace que a pesar de la flexibilidad para absorber teorías distintas no se desvirtué o corrompa la cuestión que lo define como un discurso otro. El núcleo fuerte sería, por mencionar dos aspectos, la posición de clase y el método, mientras que el cinturón protector es el voluntarismo de Nietzsche, la moral de los productores de Sorel y el psicoanálisis de Freud, por mencionar unos cuantos aspectos. Por otro lado, el des-centramiento tiene que ver con considerar la apertura de saberes y de formas de construcción del conocimiento mostrando que la racionalidad científica no es la única posibilidad de construcción de conocimiento. Sin embargo, consideramos que estos dos puntos aún quedan en el libro como una propuesta a desarrollar.

El texto está escrito con una intención de polémica y confrontación abierta. Segundo Montoya muestra que en la crítica, en la disputa, no sólo se juegan argumentaciones lógicas, se juega la vida, se juega una manera de acercarse a la realidad, de cuestionar no sólo lo existente si no a quienes han interpretado esa realidad. Terminamos con estas palabras del autor que dejan sentir esa energía y esa pasión con la cual fue escrito este libro:

Redactamos el libro no como un proyecto académico desapasionado, apresurado y mecánico en aras únicamente de obtener el tan anhelado reconocimiento académico per se. Por el contrario se trata de un <<ajuste  de cuentas con mi conciencia filosófica anterior>>, conciencia natural e ingenua que defino y ubico, como <marxismo emocional>>, dentro de nuestra <<clasificación>>. Por consiguiente, el libro es resultado de lecturas autocriticas, re-lecturas, disertaciones y apasionadas polémicas, que en sintonía con el vocabulario mariateguiano calificamos de <<agonía>>. (p. 15 y 16)

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[1]El autor señala la pertinencia de replantear la discusión sobre el pensamiento de Mariátegui de cara a la vertiente decolonial.

[2]Las cursivas son del autor.

 
     

 

 

Revista Ojo Zurdo